El "parón" que vive el mercado inmobiliario por la subida de los precios de los pisos y de los tipos de interés ha tenido un efecto devastador sobre las agencias inmobiliarias: en los últimos seis meses han cerrado más de un millar de inmobiliarias, el 20% de las agencias que operaban en Catalunya, según los datos del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (API). Joan Ollé, presidente del colegio de los API de Barcelona, explica que el tsunami que sufre el sector está lejos de haber acabado. "La entrada en vigor de la ley catalana del Derecho a la Vivienda el próximo otoño, y del decreto para regular a las inmobiliarias que prepara el ministerio darán otra vuelta de tuerca al sector", y abocarán al cierre a las agencias menos consolidadas y menos profesionales. "Van a cerrar el 60% de las agencias que había el año pasado" estima Ollé. El proceso, que afecta a toda España, es aún más drástico en la costa, donde las ventas han caído más.
Según los API - los profesionales colegiados, un requisito que desde el año 2000 no es imprescindible para ejercer la profesión- los cierres de agencias van a sanear un mercado que había vivido un crecimiento exponencial en los últimos años: desde el año 2000 al 2006 el número de agencias inmobiliarias se había multiplicado por tres, hasta llegar a los 7.000 establecimientos en Barcelona, sin contabilizar los miles de personas que intermediaban en la compraventa de pisos de manera informal, a veces compaginándolo con otros negocios desde locutorios, gestorías, financieras y hasta panaderías.
Muchos de estos establecimientos, sobre todo los de apertura más reciente, tenían en cambio una gran fragilidad económica. Según un estudio de la Unión de Créditos Inmobiliarios, a principios del 2006, en pleno boom de compra ventas de viviendas en España, cada agencia realizaba una media de 2,8 ventas mensuales. Sin embargo, esta media escondía que la mitad de las agencias sólo vendían uno o dos pisos al mes y que un 8% vendía más de cinco. Ahora muchos de estos establecimientos no llegan ni a cerrar una venta al mes.
Según Ollé, "ha habido una caída drástica de las ventas: se vende sólo un tercio de los pisos que se vendían el año pasado". Ollé afirma que los más afectados por los cierres son las agencias asociadas a alguna franquicia, ya que "han asumido pagar un alto canon a la franquicia con contratos de varios años, así que cuando no venden optan por cerrar".
En los últimos años se han instalado en España una cincuentena de franquicias inmobiliarias, algunas procedentes de otros países. Estas firmas exigen a sus asociados un canon mensual medio que puede ser fijo (de unos 1.000 euros mensuales para las nuevas aperturas) o un porcentaje de hasta el 4% sobre las ventas, además de un pago por publicidad que ronda los 300 euros mensuales. Estos costes, sumados al del alquiler del local, que ha de estar a pie de calle y tener unos 50 metros cuadrados, y a los sueldos del personal (cada agencia tiene en España una media de 3,5 empleados) no pueden cubrirse cuando caen las ventas. Los nuevos requisitos legales supondrán, además, nuevos costes.
Las franquicias, sin embargo, también se benefician de la actual coyuntura. Según Don Piso, "está cambiando el tipo de cliente que quiere invertir en nuestrafranquicia: antes eran inversores que querían una vía de autoempleo y ahora son propietarios de pequeñas agencias que quieren beneficiarse de la red y la economía de escala que ofrecemos".
Según Gonzalo Bernardos, director del máster de franquicias inmobiliarias de la Universitat de Barcelona, las agencias habrán de cambiar su modelo de negocio para sobrevivir. En un estudio realizado para la firma ReMax, Bernardos proponía aumentar la cartera de productos incorporando inmuebles de otras áreas geográficas, viviendas nuevas, locales industriales y oficinas, y también dedicarse a la administración de fincas, un negocio que a diferencia de la intermediación permite unos ingresos constantes en el tiempo.

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