EL gabinete de prensa de ETA tiene redactores de distinta valía literaria. Desde el que escribió la carta que supuestamente dirigieron al presidente del Gobierno en febrero pasado, ejemplo de corrección burocrática, hasta el amanuense que ha transcrito el presunto encuentro que los etarras y un enviado del Ejecutivo mantuvieron en marzo. La cita, celebrada al parecer 90 días después del atentado de Barajas, es narrada de esta guisa: "Toma de contacto para sondear la posibilidad de emprender el intento de proceso de resolución colapsado en diciembre". Verbo entrañable como el empleado en las 6.000 palabras y cerca de 40.000 caracteres, espacios en blanco incluidos, con que dos etarras nos anunciaron la ruptura de su alto el fuego. Aquel dispendio tipográfico ocupaba 13 folios en los que se apretujaban más de 500 líneas de texto. La narración corrió a cargo de dos personajes que, a juzgar por el vestuario que lucían, incluidos boina con capucha blanca y guantes negros, ignoraban que Cristóbal Balenciaga era de Getaria. Pero no estamos aquí para hablar de alta costura, sino de contenidos. Clamaban por una Euskal Herria libre y socialista, lamentaban que "los valores del capitalismo estén muy vigentes" y denunciaban a los "caciques que gobiernan" mientras "la patronal condena a muerte a los trabajadores". Una retórica que podría competir con las letanías del telepredicador evangélico Billy Graham cuando nos anunció que el cielo medía unas 1.500 millas cuadradas, metro arriba, metro abajo.