QUÉ HAY DE LO NUESTRO
TEMORES. Se dice que en Convergència i Unió (CiU) existe por primera vez un temor real a la ruptura; por eso algunos convergentes, los más hooligans, estarían tensando la cuerda, para llevar la crisis a su terreno y en los plazos más convenientes. Mejor romper la federación ahora -razonan- que después de las elecciones, con cinco o seis diputados democristianos dispuestos a ir por libre en el Congreso, apuntalando una u otra mayoría. Fíjense en si hay alarma en las filas convergentes, que incluso han sacado al santcristo gros -Jordi Pujol- para demostrarnos a todos que la cosa va en serio.
El riesgo de ruptura existe. Pero lo normal, lo previsible, es que al final no pase nada, como siempre. Hay demasiados intereses en juego, demasiados riesgos. Pero eso no quita que el futuro de CiU se presente con algunos nubarrones, con escenarios muy alejados de lo que Artur Mas y los suyos pronosticaron en su día: el líder convergente aburriéndose en la oposición, y el líder democristiano de ministrable en Madrid. El primero a tortas con el PSC, el segundo a besos con el PSOE. ¡Difícil panorama! Y si gana el PP de Mariano Rajoy, ya ni les cuento.
UYC. ¿Alguien se ha imaginado a convergentes y democristianos compitiendo por separado? Bueno, ellos sí lo han hecho; han encargado docenas de encuestas, cuyo punto en común es que en ningún caso los dos partidos obtienen, por separado, más votos que concurriendo en coalición. Convergència lo tendría mejor: Tiene la C de CiU y las principales fotos (Pujol, Mas, Trias, etcétera). Unió Democràtica, aún con el reclamo de Duran Lleida, obligaría a los electores a hacer memoria..., aunque buena parte del censo ni siquiera tenía derecho al voto cuando los democristianos se batieron en solitario, por primera y única vez desde el franquismo, en 1977.
Durante tres décadas, CiU ha ocupado un único espacio electoral, centrado y flexible, ampliando las bases del catalanismo y desplazando al centroderecha hispano. Sus dos componentes tienen una personalidad diferenciada, pero no lo suficiente como para explicar una ruptura que los votantes sólo leerían en clave de disputa personal. Por otra parte, después del berrinche, de ver volar los platos, ¿cuál sería la situación? ¿CDC escorada hacia el soberanismo? ¿Unió navarreando con el PP? Pase lo que pase, apuntalará a Montilla.
OVIDIO "Si quieres casarte bien, cásate con tu igual". (Heroidas, siglo I a. C.).
¡OLÉ! Se pongan como se pongan, la faena de José Tomás en la Monumental no es más que el canto del cisne de una fiesta trasnochada, que después de languidecer durante un lustro, necesitó de una ocasión única, como es el retorno de Tomás, para llenar la plaza con más o menos la misma gente que un partido de Liga del Espanyol. Entre ellos había muy pocas personalidades catalanas relevantes, sólo la caspa de la duquesa de Alba y el españolismo recalcitrante de Boadella y Vidal-Quadras. Fuera de la plaza, unos miles de manifestantes antitaurinos y la indiferencia del resto, que también es monumental.
El toreo es una catalanísima tradición. En el siglo XIX era el principal espectáculo barcelonés, junto con los ajusticiamientos a garrote. Pero también es catalanísima la costumbre de desterrar las tradiciones salvajes y absurdas. Acabar con el toreo será, en primer lugar, un loable ejercicio de autocrítica. Esperemos que no se demore.

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