IDEAS Y DEBATES

Últimamente el conjunto de quejas, peticiones, amenazas y resignaciones ofrecen un panorama realmente penoso. Verán. He querido seguir muy de cerca las elecciones municipales y autonómicas de Navarra, singularmente en su emblemática capital Pamplona. Y como era de esperar, lo sucedido allí me ha recordado el magistral tratado Confusión de confusiones, lanzado en primicia mundial por el judío portugués Josef de la Vega, allá en 1612.

Pasados ya unos días que espero sean suficientes, resulta obvio que la pérdida de la mayoría absoluta por la UPN (Franquicia del PP en el Reino Foral) ha despertado toda suerte de reacciones. La primera, para mí, ha sido el recuerdo de las imprudentes palabras de Miguel Sanz, presidente en funciones, y abanderado de una supuesta garantía real, gesto lamentable que en el mejor de los casos debería haber servido para amortizar la vida política del sujeto en cuestión.

Pero el gran cambio en las elecciones del 27 de mayo viene dado por el espectacular ascenso de Nafarroa Bay (Navarra, Sí) que presenta las debilidades de la tristemente famosa ley de partidos, porque Nafarroa Bay ha condenado la violencia; pero, al parecer, lo que la hace sospechosa -al menos eso dicen en Pamplona- es que, desde el poder, podría hacer uso de la Disposición 4 ª de la Constitución, la que regula el acceso a la Comunidad Vasca.

Por lo oído, no bastan las cautelas establecidas que exigen un acuerdo mayoritario en el Parlamento y después un Referéndum al que sólo pueden acudir los navarros. Así, desde la barbacana del PP, el trío Rayoy, Acebes y Zaplana -dicho sea para referirme al brain trust del PP- se nos ha hecho saber que un acuerdo entre partidos políticos democráticos -el PSN y Nafarroa Bay- sería un indicio de que el gobierno de España no quiere derrotar a ETA.

Pero mientras se resuelve todo, porque el calendario apremia, observo que todo el mundo, tanto en Euskadi como en Navarra, elude -como si fuera una palabra soez mencionar el famoso cupo, porque en tanto se habla de identidad foral y de Reino milenario, uno comprende que en la Navarra actual con no más de 600.000 habitantes, se soslaye la cuestión. Por cierto, puedo decirles que en los accesos de Pamplona e incluso en construcciones de viviendas acomodadas, nadie se ocupa de responder una simple pregunta: ¿cómo se ha pagado todo esto?

Orgullo legítimo

Hace unos pocos años visitando el Guggenheim con unos economistas de la coalición que hoy gobierna Ajuria Enea, me recordaban con orgullo legítimo que "el Guggenheim lo hemos pagado exclusivamente los vascos". Mi respuesta era y es directa: lo habéis pagado con el dinero que los vascos, por lo menos en parte, han dejado de pagar a los demás españoles.

Valga esto como anticipo de los comentarios que haré aquí cuando se publiquen las balanzas fiscales. Creo que algunos comprobarán lo que ya piensan y es que aquí pagamos demasiado; también que algunos pagan mucho menos de lo que deberían y finalmente, un recuerdo al fino economista que es Luis de Guindos cuando, ante la posibilidad de preparar la publicación de las balanzas fiscales, le decía a su jefe Rodrigo Rato que esa tarea provocaría una fuerte migraña al ministro de Hacienda que las encabezara.

Finalmente he de decir que los políticos de más allá del Ebro y desde la transición no han dado muestras de manejar la pedagogía suficiente para que toda España comprenda los desniveles del PIB. En este sentido he de recordar una alocución de Felipe González en Extremadura inaugurando una construcción de escuelas allá por 1984, en que decía a los extremeños: "esta construcción de escuela ha zío pozible gracia al efuerzo fizcal de lo catalane".

Fabián Estapé, economista.