LA TRASTIENDA

Escribe el gran Roberto Bolaño en su relato Buda, del libro Putas asesinas: «La ciudad de la sensatez. La ciudad del sentido común.Así llamaban a Barcelona sus habitantes. A mí me gustaba. Era una ciudad bonita y yo creo que me acostumbré a ella el segundo día (decir el primer día sería una exageración)». Lo escribía no en primera persona. La voz no es del autor, sino de un futbolista chileno que es uno de los protagonistas del relato. Pero da igual.Lo hace suyo, o lo hice suyo. Boñalo era hombre de sentido común, al menos en los correos que alguna vez nos enviamos.

Tengo la manía de pensar que dirían algunos autores ya muertos sobre muchos de los debates que explosionan en Barcelona. Por ejemplo, qué diría de la ausencia de escritores catalanes en castellano Terenci Moix o Manuel Vázquez Montalbán, o el mismísimo Bolaño, tan amigo siempre que defender lo que aportaba el sentido común, no las corrientes de lo políticamente correcto. Como en el caso de Miriam Tei, aquella editora que llegó a directora del Instituto de la Mujer con el PP, y que por ello fue castigada por la izquierda sumisa por publicar una novela Todas putas, donde la mujer salía muy mal parada. Cómo si la literatura tuviera alguna culpa. Entonces Bolaño se puso a favor de ella, aunque significará defender a alguien en el paraguas del PP y el consiguiente desgaste.

Por ello, me gustaría saber qué pensarían Manolo, o Terenci, o Bolaño, de estas cosas raras que pasan por aquí, en la ciudad del sentido común, la sensatez, o como dijera Félix de Azúa en la mesa redonda que montó EL MUNDO está semana para debatir y contraponer ideas en absoluta tranquilidad: «Barcelona era el lugar donde el resto de España aprendía la insumisión. Ahora se ha convertido en todo lo contrario».

Probablemente, los tres escritores citados habrían aceptado la invitación de este diario al encuentro del lunes. Todos ellos se apuntaban a los que fuera con tal de que sus opiniones quedaran claras. Lo que hemos hecho desde este diario ha sido simplemente dar voz a todos los frentes para entender lo que creo es difícil de asimilar: que en Fráncfort no haya escritores catalanes en castellano para explicar nuestra cultura en su amplio sentido.

Dicen que en el Institut Ramon Llull están muy enfadados. Imagino que no será por las cinco páginas que hemos dedicado al tema, sino por lo que algunos dicen. Pero se equivocan. Era necesario que este debate se provoque desde algún diario porque conecta con nuestra realidad, con nuestros miedos y nuestras lagunas.Que las tenemos, y más en estos tiempos que corren, tan dados a reflexionar de forma mínima.

Además porque nos conducirá al verdadero debate, al evidente error en el que hemos caído al enfrentarnos a la cuestión. ¿Qué tenemos que vender en Fráncfort? ¿Sólo cultura? ¿O será otra cosa? Porque teniendo en cuenta que la mayoría del dinero que se destina a la feria llega desde el Ministerio de Industria, ¿no será todo más una cuestión de la industria editorial que de la intelectual? Y no me refiero al esfuerzo que pueden dedicar las editoriales y agencias literarias a vender sus libros de literatura, de ensayo políticos o de bricolaje casero. Entiendo por vender industria aquella particularidad que tiene esta parte del mundo, Cataluña, y que se diferencia de otras por su potencial comercial.

¿A dónde voy a parar?, me dirán. Muy sencillo. Cataluña se diferencia de otros lugares porque su industria editorial es una de las más potentes del mundo. Los libros que se editan son básicamente en castellano, pero con gran fuerza del catalán, y en los últimos años del chino, el ruso y otras lenguas con menos potencial económico.Hay quien comienza a decir que la Feria de Fráncfort se fijó en Cataluña sólo por el interés que existe hacia una sector en alza. Recordemos que es la primera cultura sin Estado que se invita. (El único caso parecido fue Flandes, pero estaba acompañada por Holanda, que sí es Estado). Los organizadores de la feria alemana son unos profesionales de este tipo de acontecimientos, como lo puede ser Reed Exhibitions, la propia Fira de Barcelona o los que organizan el 3GSM. Entonces nos podemos encontrar que, de pronto, sean ellos los que organizacen los futuros Liber.¿Por qué el Gremio de Editores se ha puesto en contacto con los que gestionan la Feria de Londres, competencia directa de Fráncfort, para la Setmana del Llibre? ¿Estamos en el debate adecuado?

En todo caso es el debate al que nos ha conducido la torpeza del Ramon Llull y la negativa de los escritores en castellano.Alguien ha hecho bien su trabajo si lo que buscaba era que al final los escritores acabaran renunciando y diciendo: «Miren, a mi me dejan en paz». Aunque el enfado pueda ser mayúsculo con algunos, al final los escritores, como las personas en general, no quieren problemas. Por ello, de seguir así, fracasaremos tanto en el aspecto comercial como en el intelectual.

alex.salmon@elmundo.es

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