IDEAS Y DEBATES
Hará unos tres años, The Economist exhibió en portada a Alan Greenspan dándole a una bomba de agua de la que salían dólares que inundaban el planeta hasta ahogarlo. Las políticas monetarias expansivas, si no van acompañadas de un crecimiento de la economía real en la misma medida, acaban por provocar inflación de activos. Y es que el dinero siempre busca dónde aumentar su valor. En los últimos años ese lugar han sido los mercados bursátil e inmobiliario. Pero éstos ya no ofrecen las revalorizaciones de antaño, así que el dinero busca otras oportunidades donde lograr las rentabilidades de dos dígitos a las que estaba acostumbrado.
"Capital desesperado busca emprendedor ilusionado". Este hipotético anuncio de prensa ilustra lo que está sucediendo en el mercado de capitales. Sociedades de capital riesgo, business angels,fondos de inversión especializados en nuevos negocios, adquisiciones de pequeñas empresas para constituir grandes grupos que, a su vez, puedan revenderse a mayor precio…
Todo ello ha sido un caldo de cultivo que ha despertado al gigante dormido que los emprendedores españoles llevábamos dentro. Porque hemos sido un país de gente emprendedora, de aventureros, de conquistadores. La denostada figura del empresario ha sido sustituida por la del emprendedor: una nueva denominación para una misma función, pero exenta de peyorativas connotaciones. Porque el emprendedor es alguien merecedor de aplauso: arriesga, trabaja duro, es audaz, innovador, crea empleo, contribuye al desarrollo…
Pero no es oro todo lo que reluce. A algunas sociedades capital riesgo les ha ido muy bien y otras se han pegado una castaña de aquí te espero de la mano del emprendedor cuyo proyecto no fraguó. No hay fuentes constrastadas sobre el ratio de supervivencia de nuevos negocios en España. El director de la revista Emprendedores me hablaba de un 40%. Otras fuentes sostienen que sólo un 10%. La Escuela Banespyme estima que, al cabo de cinco años, sólo sobreviven un 5% de los emprendedores. Lo sorprendente es que el foco de atención sigue puesto en los triunfadores del mundo mundial.Richard Branson, el fundador de Ikea, los de YouTube, Amancio Ortega, etc. Tras un rastreo, contabilicé que el 99,98% de los textos y libros de management se centran en casos de éxito y sólo un 0,02% en dónde y cómo se producen los fracasos. Nos dicen: para no fracasar sepa cómo otros han triunfado. Mentira. Para no fracasar sepa por qué otros fracasaron. Esta área de trabajo ha centrado mi atención durante el último año y las conclusiones pueden encontrarse en El libro negro del emprendedor, publicado el mes pasado. Varias áreas concentran los escollos.
La primera es la naturaleza de la persona que emprende. Distingamos entre motivo y motivación. Motivo lo tiene todo el mundo (hacerse rico, demostrar algo al entorno, una idea determinada, no soportar el trabajar por cuenta ajena…). Pero otra cosa es la motivación, entendida como una ilusión descomunal que debería escribirse en Arial 40, subrayado y negrita. En realidad, tener motivo para emprender es irrelevante, lo tiene todo el mundo. Distinto es la motivación, la ilusión, motor y combustible del emprendedor. O se tiene una ilusión enorme o no se sobrevive porque los obstáculos en el camino son demasiados. En este sentido, derrumbemos el falso mito de la madera de emprendedor.Es mejor tener espíritu de sacrificio, ser un luchador. El emprendedor que sobrevive es aquel que no se rinde. Ser tenaz es más importante que tener madera.
Segundo área de errores, la idea de negocio. Quienes justifican su empresa en base a la idea no suelen sobrevivir. Son los emprendedores Gollum (¡Mi tesoroooo! ¡Mi tesoroooo!). No explican a nadie su idea feliz porque temen que se la quiten. ¡Sólo un infeliz confía en su idea feliz! Hoy día las ideas caducan más rápido que los yogures. Yo defino nuevo negocio como una mirada genuina sobre una idea cualquiera. El buen emprendedor sabe que él y su modo de mirar son irreemplazables.
Lo importante no es tanto la idea como la forma de la idea y el modelo de negocio que la acoge. Lo primero hace referencia a cómo se pone en valor la idea delante del cliente. Los buenos emprendedores no piensan tanto en qué venden sino en por qué les compran. Lo clave no es el qué.
Es el por qué.Si uno no sabe responder a la pregunta de por qué le van a preferir, no tiene ventaja y sin ventaja no hay negocio. Lo segundo, el modelo de negocio que acoge a la idea se refiere a la forma en la cual la idea se relaciona con los elementos de un negocio: clientes, proveedores, instalaciones, relaciones laborales, inversores… A cada idea le corresponden modelos de negocio que la hacen viable y otros la hacen fracasar. Personas que cerraron empresas me explicaron que su misma idea con un modelo de negocio diferente hubiera fructificado.
La tercera área que concentra más errores está en relación con el sector de actividad. He visto a las mismas personas ¿¡las mismas!? triunfar en sectores en auge tras cerrar negocios en sectores en crisis. Un buen sector es mejor que un buen banco: rebosa liquidez. Hay más clientes que proveedores, se cobra mejor, más rápido y los márgenes son más elevados. ¿Quién piensa ahora en montar una cadena de videoclubs? Nadie. Hace unos cuantos años era un negocio seguro. Adicionalmente, es recomendable emprender en sectores donde se tenga una cierta experiencia. Muchas personas son arrastradas por una idea a un sector determinado. He visto una alpargata en China que quiero importar a España. ¡No, no! ¡Usted no comercializará alpargatas, usted se mete de cabeza en el sector del calzado! ¿Sabe en qué estado de salud se encuentra? El buen emprendedor no es una persona que implementa una idea, sino la que domina y reinventa un sector. Y, para ello, hay que conocerlo bien.
La cuarta área hace referencia a los socios. Hay que distinguir entre socios financieros y aquéllos con quienes va a compartirse capital y trabajo. Con los segundos acabaré rápido. Entrevisté a más de 50 empresarios. Todos menos uno me aseguraron que era mejor emprender solo que con socios. Un socio es como un crédito a largo plazo y al 22%. La gente se asocia por miedo a estar solos. Como me dijo un empresario: "la gente prefiere llorar junta que reír separada".
Distinto es el caso de los socios financieros. Es decir, los que ponen en nuestro negocio esa liquidez de la que rebosan. Se ha dicho recientemente que esos tiburones anhelantes de rentabilidad han arruinado a sanos emprendedores que no han soportado la presión. ¿Pero qué pensaban éstos? ¿Que se asociaban con Caperucita Roja? El emprendedor está tan necesitado de financiación que, cuando la encuentra, no se detiene a dejar claras las expectativas. Si yendo solo ya hay que tener muy claro lo que se espera, ¿cuán importante no será cuando se va con el dinero de otros?
Son malos tiempos para la lírica, pero buenos para emprender. Pero el momentum no asegura el éxito. Propongo desde estas líneas que analicemos nuestros errores porque sólo de ellos se aprende.
Fernando Trias de Bes. Licenciado en Empresariales y MBA por Esade. Fundador de la consultoría Salvetti & Llombart. Especialista en innovación y creatividad. Sus libros de management han sido traducidos a 35 idiomas. Cultiva también el género de novela.

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