Hubo una vez en que Roca pretendía ser ministro y Pujol se lo impidió. Aquel episodio tuvo costes. Casi nadie quiere acordarse ahora, pero Roca fue el promotor de la iniciativa política que más rédito electoral dio a su formación. En conjunto, la operación Roca fue un fracaso, cierto, pero CiU pasó de doce a dieciocho diputados con la sola promesa de participar en el núcleo duro de los centros de poder de España. Aquel rédito se esfumó, y hoy la federación nacionalista no pasa de diez diputados.
Alerta, pues, muchachos convergentes, con lo que expliquéis a la sociedad catalana, porque bien podríais propiciar la consolidación y proyección de Duran Lleida como el político que encarna la legítima aspiración catalana de empuñar con las propias manos algunos mandos del buque hispano. Las estrategias, cuando están claras, van un poco por delante de las personas, pero cuando no las hay, o se reducen a la comprobada quimera de intercambiar apoyo a Zapatero en Madrid por Generalitat para Artur Mas, entonces sí que el valor de los líderes lo es casi todo. Tengan, pues, en cuenta quienes aconsejan al presidente de la federación nacionalista que Duran, además de ser mejor político y disponer de una mirada serena frente al estado de frustración y ofuscación parcial del núcleo duro convergente, cuenta con una carta casi imbatible para presentar al electorado: "Si quienes reparten te dan menos de lo que corresponde, no dejes pasar la oportunidad de convertirte en uno de los repartidores".
Es propio de niños que siguen creyendo en los Reyes Magos, a pesar de que ya se afeitan, suponer que Zapatero tiene la llave de la presidencia de la Generalitat. Es propio de crías de avestruz contemplar sólo escenarios en los que gane Zapatero. ¿Y si el vencedor resulta ser Rajoy? Mucho peor es suponer, después de tantas elecciones en las que se han hurtado las preferencias en los pactos postelectorales, que ahora puede dejarse todo amarrado - y a Duran maniatado-, de manera que luego el grupo de CiU en el Congreso se niegue a pactar nada sin la Generalitat para Artur Mas. ¿Y si eso falla, que fallará en cualquier circunstancia? ¿Entonces nada, a esperar cuatro años y luego ya veremos?
Sabe mal recordar algo que está en el abecé de la política: un proceso electoral es como un túnel, a la salida del cual espera un paisaje impredecible. Supongamos que llega sangre de Unió al río convergente y viceversa - lo que muy bien pudiera haber ocurrido ya-, pero el resultado de las generales es tal que ni CiU ni unas hipotéticas CDC o UDC, juntas o por separado, resultan imprescindibles para formar una mayoría estable. Quienes tengan por descabellada tal suposición, sólo deben recordar que así sucede, no en las antípodas y en remotos pretéritos o improbables futuribles, sino en la presente legislatura española. En tal caso, se habrían peleado por un pastel inexistente, lo cual sería el colmo de la estulticia.
Por tanto, insisto en lo dicho el sábado pasado, el único modo que tienen Mas y los suyos de frenar a Duran en el caso de que fuera a entrar en un hipotético gobierno socialista tras las próximas generales consiste en presentarse por separado con un candidato propio. Eso no lo harán. El resto son palabras vanas, que sólo contribuyen al descrédito del nacionalismo catalán. Incluso si se empeñaran en que Duran les firmara un papel ante notario, tendría el mismo valor irrisorio que el firmado por Mas. Eso es una pataleta sin otro sentido que el de expresar impotencia y rabia. Por si acaso, mejor poner a un convergente fuerte en tándem con Duran y aspirar a otro ministerio.
Mucho se habla en nuestra época de la inteligencia colectiva. Existirá, pero mis luces deben de ser tan escasas y solitarias que son incapaces de ver el menor atisbo de una tan portentosa maravilla en Catalunya, y menos en el catalanismo. Casi abundan en este campo las individualidades avispadas, pero son indistinguibles de los individuos que se tienen por avispados sin haberlo demostrado. Por mucho que se aúpe, un corto de vista no verá más lejos. Tampoco verá lo que hay tras una montaña el observador con mejores binoculares.
El president Montilla ofrece tranquilidad y cumple bastante. Piqué resulta creíble con su oferta de una derecha moderada y sumisa. Saura ofrece acento verde y algo pone. Duran Lleida ofrece implicarse en la gobernación de España desde el nacionalismo, lo que siempre ha gustado y gustará. Esquerra está obligada a esperar el resultado de su apuesta. Artur Mas ofrece pugnar por la presidencia con los votos socialistas. Tal vez no pocos nacionalistas de los que no lo dan todo por perdido prefieran un presidente socialista a uno nacionalista en manos de los socialistas. Además de aspirar a un mayor autogobierno, el catalanismo siempre ha pretendido tener el mayor peso posible en el conjunto de España. Esta oportunidad puede ser buena, la mejor, pero la están dilapidando antes de saber si va a presentarse.

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