El gobierno francés siembra la duda sobre la confidencialidad de la información transmitida con terminales móviles de correo electrónico. ¿Són realmente seguros los BlackBerry?

Un BlackBerry, además de una zarzamora en inglés, es un modelo de teléfono móvil que no sólo sirve para hablar, sino sobre todo para enviar mensajes de correo electrónico y recibirlos en tiempo real allí donde estemos, convirtiéndose en una verdadera oficina de bolsillo. El correo-e móvil crea adictos, y hoy son ya más de siete millones los usuarios de BlackBerry en todo el mundo que se declaran incapaces de prescindir de su chisme, con perfiles tan dispares como los de Barack Obama o Nelly Furtado.

Existen otros sistemas para recibir correo-e en el teléfono móvil (sin salir de la política norteamericana, Al Gore usa un Treo de Palm), pero los reyes de la categoría siguen siendo los BlackBerry, fabricados por la firma canadiense Research in Motion (RIM). Aunque RIM está teniendo mucho éxito últimamente en el segmento de consumo con terminales como el Pearl o el Curve, que incorporan cámara fotográfica y funciones multimedia, el mercado tradicional de sus equipos y servicios son los usuarios con corbata, empleados de grandes empresas y de administraciones públicas. La penetración de los BlackBerry en el gobierno de los EE.UU. es tal que, cuando la continuidad del servicio de RIM estuvo amenazada por una demanda por infracción de patentes, el ministerio de Justicia de aquel país recordó al tribunal competente el peligro de paralizar toda la administración pública.

A este lado del Atlántico, se acaba de saber que el nuevo gobierno francés ha recordado a sus altos cargos la recomendación de no usar sus BlackBerry para manejar y transmitir información reservada. Una circular difundida hace un año y medio por el organismo francés de inteligencia de la defensa desaconsejaba dicho uso debido a la posibilidad de que los datos fueran interceptados por sus colegas espías de otros países durante el tránsito a través de servidores ubicados en territorio extranjero, concretamente estadounidense y británico. Al comprobar que muchos altos cargos hacen caso omiso de la recomendación y siguen usando sus BlackBerry, el gabinete Sarkozy ha decidido ponerse duro y exigir el cumplimiento.

Aunque no se menciona explícitamente, todas las miradas apuntan hacia la NSA, la todopoderosa Agencia de Seguridad Nacional estadounidense, que lleva desde la II Guerra Mundial monitorizando las comunicaciones mundiales con la inestimable asistencia de sus aliados británicos, canadienses y australianos y la colaboración más o menos entusiasta de los grandes operadores de telecomunicaciones, que en aquella época casi se limitaban a la telegrafía. El interés de la NSA por la información ajena y los recursos que ha dedicado a obtenerla están documentadas por James Bamford en sus libros The Puzzle Palace (1998) y Body of Secrets (2001).

Como es natural, RIM ha desmentido que los datos que circulan por sus sistemas puedan ser espiados. En un comunicado público, la firma canadiense afirma que la integridad de sus comunicaciones está asegurada por el uso de AES 256, un sistema de cifrado muy robusto, y que no siquiera la propia RIM puede rastrear los mensajes ni analizar el contenido de los mismos. De hecho, la empresa es casi obsesiva en la aplicación de medidas de seguridad: ¡hasta la conexión Bluetooth de los BlackBerry con los auriculares 'manos libres' está cifrada! Como ejemplo, la firma indica que su sistema es el único homologado por la OTAN para este tipo de transmisiones móviles.

Y puede ser cierto, pero también lo es que incluso el cifrado más robusto puede ser penetrado si se cuenta con la suficiente potencia de cálculo, y que los superordenadores más potentes del mundo están precisamente en la sede de la NSA. Probablemente RIM no dispone de la capacidad para penetrar su propio sistema de cifrado, pero nada asegura que éste no pueda ser penetrado por alguien con los medios necesarios, incluso sin la intervención de RIM, ya que el tráfico a descifrar podría ser suministrado a las partes interesadas por los operadores de red. Algo habrá cuando incluso el mismo gobierno de Australia, que participa en la red aliada de intercepción de señales, también prohibe desde 2005 el uso de los BlackBerry para los niveles más altos de información clasificada.