Si alguien pregunta a un votante fiel del PSC qué es lo que piensa su partido sobre algunos de los temas polémicos del momento, pongamos por caso si la literatura en castellano es cultura catalana, obtendrá a buen seguro más oscuridad que claridad, más humo que ideas. La mayoría de votantes fieles de otros partidos conocen perfectamente lo que piensan los suyos en temas claves. Los caminos del PSC son en cambio inescrutables. ¿Hacia donde se dirige el PSC, condicionado su rumbo por ERC? De momento, hacia el triunfo, hacia el poder. Aunque la casuística de cada población y la ruptura de Barcelona han difuminado aparentemente la lógica tripartita, lo cierto es que los pactos municipales la han reforzado: en las diputaciones de Lleida y Tarragona se ha primado al más débil, ERC, para expulsar a CiU de los pocos espacios de poder que le quedaban. La muralla tripartita permite al PSC expulsar al gran adversario y conquistar más poder, pero, al mismo tiempo, le impide defender una determinada visión de las cosas.

No es extraño que el votante fiel desconozca los puntos cardinales del PSC, pues este partido ha convertido la ambigüedad en su principal virtud política. El PSC no tiene una, sino varias ideologías. En realidad tiene un catálogo completo de ellas. Es un partido camaleón. Se acerca a ERC y su catalanismo se colorea intensamente. Se acerca a los intelectuales castellanoescribientes de Catalunya, con los que ha mantenido magníficas relaciones y entonces parece un partido antagónico. Se acerca a los barrios en los que se acumulan los recién llegados y destila el PSC cierta música sarkoziana, pero, ante los micrófonos de los medios de comunicación catalanes en los que domina el políticamente correcto, entonces, sobre la cuestión capital de la nueva inmigración, destila el PSC el mejor perfume de Rousseau.

Hasta el momento, actuar como un camaleón le ha ido al PSC de perlas. Diríase que sus estrategas han leído muy bien a Zygmunt Bauman. Si la sociedad actual es como un líquido que cambia constantemente según las azarosas circunstancias, el PSC es el partido corcho: siempre flota. Pero, atención, la flotabilidad tiene un límite: el desbordamiento o ruptura del recipiente en el que está situado el líquido social. En el supuesto de una sentencia muy negativa del Tribunal Constitucional, ¿podrá el PSC mantener la ambigüedad corchera si el recipiente catalán se rompe con dramatismo?

Se habla mucho del pleito interno de CiU, en el que se mezclan peligrosamente la lucha por el liderazgo con una importante reflexión estratégica: gobernar en Madrid. Es el cuento de la lechera: nadie parece recordar que ETA intentará convertirse en el gran elector de las próximas generales y que, por lo tanto, el futuro es imprevisible. Pero suponiendo que Zapatero necesite a CiU y ésta exija un precio catalán, ¿está preparado el PSC para defender su poder junto a ERC en contra del PSOE? El partido seguramente sí, pues se trata de mantener la parcela conquistada, ¿pero también el electorado? La lógica del tripartito actúa no sólo en contra de CiU, sino en contra de lo que históricamente ha representado el PSC. El presente está lleno de pequeños signos de erosión a los que nadie da importancia: estamos en tiempos melifluos. Pero llegará la hora grave. Si los escarceos internos de CiU son suicidas, la falta de coherencia ideológica del PSC puede ser mortal.