Divide y vencerás" fue una antigua máxima del imperio británico. El Oriente Medio actual, ciertamente, no anda escaso en divisiones y escisiones. Pero, en conclusión, ¿quién sale ganando en todo esto?
Toda esperanza duradera relativa a una solución del conflicto palestino-israelí basada en dos estados se desvaneció como humo la semana pasada cuando los extremistas islamistas de Hamas se hicieron con el control de la franja de Gaza. El presidente Mahmud Abas, líder del más laico partido Al Fatah, se ve en la circunstancia de ser sólo presidente de Cisjordania. El próximo plan de paz para Oriente Medio deberá ser una solución basada en tres estados: Israel, Hamastán y Fatahlandia.
¿He dicho tres? Pues he querido decir cuatro. Porque ninguna paz puede ser duradera si no elimina de algún modo la amenaza que Hizbulahstán representa para Israel: la franja de Líbano controlada por los terroristas apoyados por Irán que Israel no logró liquidar el verano pasado.
Entre tanto, y aunque hombres armados y enmascarados de Hamas y fuerzas de Al Fatah hayan intercambiado disparos en Gaza y otro político antisirio haya saltado hecho trizas por la acción de un vehículo suicida en Líbano, el hecho es que militantes suníes en Iraq han destruido los dos minaretes del santuario Al Askari en Samarra, coronando así la tarea que comenzaron el año pasado cuando destruyeron la cúpula dorada del templo. Nada mejor calculado para agravar el conflicto sectario que ha desgarrado el país durante 16 meses, empujándolo si cabe un paso más en dirección a una escisión sangrienta.
Y no se olvide al Kurdistán, la república semiautónoma del norte de Iraq, un tercer Estado en caso de la disolución de Iraq en tres estados.
Otal vez no. En las últimas semanas, las fuerzas armadas turcas han estado concentrando tropas en la frontera turco-iraquí, amenazando con lanzar incursiones contra bases supuestamente alentadas por el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, PKK. Los actos terroristas perpetrados por el PKK han sido una espina clavada en las carnes de Ankara a lo largo de más de veinte años. No obstante, debe hacerse constar asimismo que los elementos laicos en el seno de las fuerzas armadas turcas han tratado de presionar con renovados bríos al Gobierno islamista moderado del primer ministro Recep Tayyip Erdogan. Sin ir más lejos, hace unos días el generalato amenazó con organizar un golpe de Estado si uno de los colegas de Erdogan era elegido presidente.
Como he dicho antes, Oriente Medio no anda escaso en divisiones y escisiones. Sin embargo, no está tan claro quién vencerá.
Durante algún tiempo he estado advirtiendo que el próximo conflicto global daría comienzo en Oriente Medio, al igual que las dos guerras mundiales dieron comienzo en el este de Europa. La letal combinación de desintegración étnica, inestabilidad económica y un imperio en declive (en este caso, Estados Unidos) conforma una espiral ascendente realmente difícil de eludir. Añádanse las presiones demográficas debidas a la elevada natalidad del mundo musulmán, la riqueza generada por enormes yacimientos de petróleo y gas natural y el riesgo de que la potencia más revolucionaria de la región posea en breve armas nucleares y se obtendrá la receta para la guerra del fin del mundo.
Por lo demás, ¿qué puede hacer el resto del mundo para desactivar la bomba de relojería de Oriente Medio? La respuesta de Edward Luttwak, miembro de la junta del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington - persona que a instancias de un impulso irresistible suele llevar siempre la contraria- es la siguiente: ¡hacer caso omiso! En un reciente artículo publicado en la revista Prospect,Luttwak reprueba decididamente a la entera región calificándola de "remoto confín" y mantiene que las obsoletas y pomposas profecías sobre el cataclismo final constituyen - después del petróleo- ¡el más importante artículo de exportación de Oriente Medio!
El argumento de Luttwak es doble. En primer lugar, dice que exageramos la importancia de la violencia en Oriente Medio... Al fin y al cabo - señala- "los muertos del conflicto palestino-israelí desde 1921 no llegan a cien mil". En cuanto a Irán, no representa mayor amenaza para Occidente que el Iraq de Sadam Husein. "La mayoría de las sociedades de Oriente Medio - dice Luttwak- puede apoyar muy activas insurgencias, pero no fuerzas armadas modernas". Y el terrorismo patrocinado por Irán es una contraamenaza sobrevalorada frente a la posibilidad de ataques aéreos estadounidenses. En cualquier caso, Irán es un país tan dividido desde el punto de vista étnico que, probablemente, se fracturará tarde o temprano.
Al propio tiempo - insiste Luttwak- exageramos la importancia económica de Oriente Medio. En realidad se trata de una región que no desarrolla su potencial, donde "no se crea casi nada en el ámbito de las ciencias o las artes" y que presume de figurar en el segundo lugar de la lista mundial del analfabetismo adulto (tras el África subsahariana). Salvo Israel, su producción de patentes per cápita es aún inferior a la de África. Prácticamente, lo único que exporta Oriente Medio es petróleo, pero incluso la dependencia mundial de este recurso está disminuyendo. El caso es que ni la línea dura ni la línea blanda curarán a los habitantes de Oriente Medio de su propensión a la violencia de baja intensidad. Y dado que la región se halla estancada económicamente y su importancia decrece en este sentido, la única política congruente se cifra en una especie de benévola desatención y abandono... "Debe dejarse que las sociedades atrasadas - concluye Luttwak- se las compongan por sí solas, como ahora Francia en el caso de Córcega e Italia hizo sin alharacas en el caso de Sicilia".
Ocurre, sin embargo, que entre todos los comentarios que he tenido ocasión de leer en los últimos seis meses, éste destaca por ser el más necio y estúpido. Su tono me recuerda el imprudente y temerario desdén con que los ingleses solían observar el este de Europa. Polonia - dijo John Maynard Keynes en 1919- era "una entidad inviable económicamente, carente de industria y perseguidora de los judíos". Y Checoslovaquia no era otra cosa que el nombre de fantasía de "las montañas de Bohemia".
La realidad, a ojos de Keynes, estribaba en que las sociedades del este de Europa se cocían en sus propios odios e incompetencia común. Cuanto antes los alemanes se apoderaran de toda esa asquerosa y pésima región, mucho mejor. Al fin y al cabo, desde el punto de vista económico, apenas valía un pimiento en lo concerniente a Gran Bretaña...
Todas estas ideas y nociones sustentaban la que andando el tiempo se convirtió en política de apaciguamiento de los años treinta del siglo XX. Posteriormente, pudieron oírse similares prejuicios para justificar la inacción cuando quien conquistaba el este de Europa era Stalin. De hecho, incluso con ocasión del resquebrajamiento de Yugoslavia hace diez años podían oírse aún aquellas viejas expresiones referentes a "riñas y disputas en lejanas tierras entre gentes de las que apenas sabemos nada".
El problema radica en que esta singular sociedad atrasada generó no una, sino dos guerras mundiales en el siglo XX. Y resultó que dejar que alemanes y rusos resolvieran sus diferencias en el espacio comprendido entre el Báltico, los Balcanes y el mar Negro no representó una buena opción. Sus conflictos involucraron a Europa occidental y a Estados Unidos.
Actualmente, Oriente Medio es en muchos aspectos tan explosivo como lo fue el este de Europa hace un siglo, y tal vez aún más. ¿Piensa en serio Luttwak que la desintegración de Iraq (o para el caso la de Irán, a la que él se refiere) es comparable a los desórdenes de menor entidad de Córcega y Sicilia? ¡La violencia en Iraq se cobra las vidas de unas tres mil personas cada mes! Desde 1998, según el Instituto para la Prevención del Terrorismo, el terrorismo de Oriente Medio ha matado a 24.289 personas y ha herido a casi el doble de esta cifra: más de la mitad de las víctimas mundiales debidas al terrorismo. ¿Es ésta la idea de Luttwak de un nivel aceptable de violencia? ¿Le apetecería calcular, de paso, cuántas personas pueden morir en los próximos diez años en tanto Iraq se desmorona y el conflicto entre Israel e Irán alcanza su apogeo? Por no hablar de lo ridículo y absurdo que resulta sostener que Oriente Medio es irrelevante económicamente. Es probable que los yacimientos de petróleo duren menos en el resto del mundo que en esta región, que hoy en día representa el 62% de las reservas demostradas en comparación con el 54% de 1980. Yel auge económico asiático abre por cierto sus fauces al oro líquido... Si el crudo de Oriente Medio es tan banal, ¿por qué los futuros sobre el crudo alcanzaron los 67 dólares la semana pasada?
Lejos de ser abandonado a su suerte, lo que necesita Oriente Medio es una política más eficaz de intervención diplomática a fin de introducir y establecer algún orden y norma en medio de tanta división y desgarramiento.
Mucho me temo que el destacamento de dos portaaviones estadounidenses frente a la costa de Irán y el reciente nombramiento de un almirante como jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor sea precisamente la clase equivocada y errónea de intervención en ciernes.
NIALL FERGUSON, profesor de Historia Laurence A. Tisch de la Universidad de Harvard y miembro de la junta de gobierno del Jesus College de la Universidad de Oxford. Traducción: José María Puig de la Bellacasa.

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