VICIOS DE LA CORTE
Jesús Caldera con su chapitel romano es un raro capaz de ir a comer un cocido de cinco platos a Tamames en bicicleta y de correr diez horas dando la vuelta al castillo. Conoció a Zapatero en el año 1981, paseando entre los acebos, cuando el cervatillo aprendía del lince; fue un flechazo político. No le había visto desde que comí con él ensalada de pensamiento en una cafetería cercana al Ateneo. Como les digo, ensalada de pensamiento, como si siguiera en las Batuecas; los zapateristas son así de extravagantes. Ahora es otro; a la mayoría de los políticos, la cartera los acerca al chupeteo; como escribía Galdós, llegan vendiendo paja y humo y terminan comprando dehesas de frailes. Caldera se ha creído lo que dijo Zapatero: vas al Ministerio de las Personas, hasta el punto de que un día se encabronó con otros ministros cuando llamaron, a las empleadas de hogar, chachas. Caldera, con su corazón en la Cabaña del Tío Tom, consiguió para ellas la Seguridad Social. «Era algo más de cuatro euros; era sacar a las mujeres de un régimen esclavista».
Va a ser el evangelista del PSOE en las generales. Observo en él rareza izquierdista, parece dispuesto a cortejar a la izquierda movilizando principios; por decirlo en lenguaje cheli, está dispuesto a meterle mano a los ricos. «No, no -dice- redistribuir la inmensa riqueza acumulada en España en estos años no es meter mano a los ricos. La revolución del siglo XXI es la fiscal». Nadie cree a los socialdemócratas cuando se suben al taburete; será difícil que la gente se crea que el partido que gestionó los intereses de la oligarquía venga ahora con las del bery. Habrá frusilerías zapateristas como cambio climático, paz universal, diálogo de cavilaciones, pero Caldera me dice que van a demostrar que los agitadores del socialismo no están en el partido sino en millonarios españoles que asombran al universo ganando en operaciones de Bolsa mil millones al mes. Por mí, como si los crujen.
Cree que Zapatero es un cañón electoral y su gestión un éxito. «No tenemos por qué estar asustados ante la derecha. Hemos hecho una gestión cojonuda, hemos ensanchado libertades y vamos a proponer un programa que va a petrificar a la derecha». Enumera los prodigios: España, a la cabeza del crecimiento y del empleo, más de dos millones de contratos estables en sólo once meses, número de los afiliados a la Seguridad Social 19.300.000. Sobre todo, anuncia el topacio de la legislatura: La Ley de Dependencia.
Para que Zapatero no sea el Carter de la política española, el programa intentará mudar de estilo y de razones. A pesar de haber sido uno de los comensales de La Nicolasa, de considerar a Zapatero como a otro yo, de ser una de las piedras angulares de la Nueva Vía, ZP no lo hizo vicepresidente. «Ahora me da igual, ya no pierdo el culo por naderías».
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