CONVULSION EN ORIENTE PROXIMO: La opinión
Probablemente, Palestina, en estos momentos, se encuentra en la mayor encrucijada de su historia contemporánea. Hoy, mientras algunos palestinos conmemoran el 40º aniversario de la ocupación israelí de sus territorios, en Gaza y Cisjordania, durante la Guerra de los Seis Días (1967), la mayoría sigue en pie de guerra, preocupada por las luchas internas entre Al Fatah y Hamas que, a pesar del acuerdo de La Meca para formar un Gobierno de unidad nacional, se enfrentan por un poder mas ficticio que real.
Es una situación de caos y desesperación, que refleja el choque de dos tendencias ideológicas, de dos enfoques del nacionalismo, del panarabismo y del panislamismo. En el conflicto de Oriente Medio se encuentran y se enfrentan todas las tendencias, los intereses, los factores y los actores de la comunidad internacional. Es, en su génesis, desarrollo y expectativas de solución, un conflicto internacional.
Tras la contienda de 1967, mientras los árabes pretendían una guerra de desgaste que afectaba principalmente a la economía de Israel, el proyecto político de la OLP, que pretendía recuperar el territorio palestino, encajaba mal en el proceso de derechización política árabe y no hizo sino incomodar a los regímenes árabes. La guerra de junio de 1967 supuso el resurgimiento de un nuevo factor político-militar: la resistencia. Los palestinos empezaron a confiar más en sí mismos y menos en los regímenes árabes. La OLP adquirió así el protagonismo en la lucha por la liberación de Palestina.
Sin embargo, la acción política propiamente palestina ha estado fuertemente interferida y concebida desde el exterior. Hoy también. Los regímenes árabes como Israel, además de otros actores internacionales, coinciden en la necesidad de derrotar a la resistencia, favoreciendo la creación de las condiciones externas e internas necesarias para la confrontación nacional.
En este contexto, la oportuna publicación de un informe de la ONU que denuncia el boicot internacional contra los territorios ocupados y advierte de posibles enfrentamientos debido a la dramática situación del pueblo palestino y al colapso de las instituciones de la Autoridad Nacional Palestina, pone de manifiesto la política de la no solución del conflicto.
No es fácil hacer un balance de una situación tan singular. Probablemente, la actual confrontación palestina responde a dicha política. Desde la creación de Hamas en 1987, la rivalidad ha presidido sus relaciones con Al Fatah, si bien Hamas siempre ha declarado que su objetivo primordial era la liberación de Palestina y no la consecución del poder. Sus líderes siempre habían declarado que nunca atentarían contra la OLP para no caer en una guerra fratricida. Entre los temas que han marcado la tensión entre ambas tendencias: el proceso de paz y la gestión (ANP). Las relaciones entre ambas oscilaban entre la cooperación y la confrontación, dependiendo de las apreciaciones estratégicas respecto a las iniciativas de paz. Hamas ha mantenido una postura ambigua respecto al proceso de paz con Israel. Formalmente y de acuerdo con su Carta fundacional, su objetivo es la creación de un Estado en toda Palestina. Pero, en diversas ocasiones, algunos de su dirigentes se han mostrado dispuestos a alcanzar acuerdos temporales con Israel, que no impliquen renunciar a la consecución de su objetivo último. Su participación en las elecciones legislativas suponía de hecho que la organización islamista reconocería la legitimidad de la Autoridad Palestina, a la que se opuso inicialmente por considerarla resultante de los Acuerdos de Oslo de 1993, que reconocían el derecho de Israel a existir como Estado. Hamas quiere aprovechar la ocasión y los medios electorales para legitimar la fuerza real que tiene en los territorios ocupados y afianzar su posición a nivel regional e internacional. En los últimos años, la población ha visto cómo se retrasaba el calendario del proceso de paz y no se cumplían las medidas previstas, mientras sus condiciones de vida se deterioran día a día.
El proceso de paz no responde a sus legítimos derechos y no resuelve aceptablemente la cuestión palestina. No es menos ambigua la postura de la comunidad internacional, como denuncia el ex enviado de la ONU a Oriente Medio, Alvaro de Soto, quien responsabiliza a Occidente del colapso palestino que ha derivado estos días en enfrentamientos abiertos. De Soto recuerda que el Cuarteto (EEUU, UE, Rusia y la ONU) impuso el bloqueo al «Gobierno libremente elegido de un pueblo bajo ocupación» y que «ha tenido consecuencias desastrosas» para los palestinos. Tampoco es menos ambigua la política de EEUU que, a pesar de sus repetidas iniciativas de paz, sólo consigue aumentar las tensiones y la iraquización paulatina de toda la región.
La postergación de encontrar una solución justa ha marcado y dificultado el proceso. Para lograrla es imprescindible superar el tutelaje norteamericano al proceso de paz, así como ampliar y diversificar el involucramiento internacional. Décadas de conflicto y de ocupación han generado un sustrato de desconfianza mutua que dificulta el diálogo y la cooperación. Superarlo no es tarea fácil. Sólo un apoyo internacional amplio y equilibrado permitirá abordar una solución justa y duradera.
La iniciativa de paz árabe, propuesta por Arabia Saudí en la cumbre de la Liga Arabe de Beirut (2002) y relanzada en la recientemente celebrada en Riad, ofrece la paz a Israel a cambio de una retirada a las fronteras anteriores a la Guerra de 1967, la creación de un Estado palestino y una solución justa al problema de los refugiados. Sólo habrá paz en la zona cuando se dé respuesta al fondo de la cuestión palestina. Una paz justa sólo es posible abordando las raíces del conflicto, atendiendo a los legítimos derechos de las partes.
Najib Abu-Warda es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid.
© Mundinteractivos, S.A.

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