En junio de 1978, veintinueve años atrás, los Reyes visitaron China por primera vez. Llevaban menos de tres años en el trono y Deng Xiaoping, rehabilitado por segunda vez el año anterior, tenía ya en sus manos los destinos del país. Dicen los chinos que el hombre antes de los sesenta no sabe lo que quiere. Deng, a los setenta y tres, tenía las ideas muy claras. Aquel verano estaba perfilando su estrategia de "desarrollo económico y apertura al exterior" que, adoptada por el decisivo tercer pleno del XI Comité Central, en diciembre de 1978, iba a transformar, en pocas décadas, el orden económico y geoestratégico global. Se encontraron, pues, en Pekín los representantes de la nueva España y de la nueva China, dos de los países que más habían de cambiar en el último cuarto del pasado siglo. Existe consenso sobre que España ha llegado tarde a China, pero no llegaron tarde don Juan Carlos y doña Sofía, que fueron los primeros reyes en visitar la China de Deng Xiaoping. Volvieron en 1995, de modo que ésta es su tercera visita. La cuarta para la Reina, ya que en marzo de 1993 estuvo en Pekín y en Shanghai para la conmemoración del 30. º aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas de España con la República Popular. El príncipe de Asturias visitó China en el 2000 y, acompañado ya por doña Letizia, en julio del 2006.

Tres presidentes chinos han visitado España: Li Xiannian en 1984, Jiang Zemin en 1996 y Hu Jintao en noviembre del 2005.

El presidente González visitó China en noviembre de 1985 y en febrero de 1993. El presidente Aznar lo hizo en junio del 2000 y el presidente Rodríguez Zapatero en junio del 2005. Es decir, los tres últimos años ha habido tres encuentros con jefes de Estado o de Gobierno, cuando entre el 2000 y el 2005 no hubo ninguno. Nos acercamos así al nivel de los países europeos que más intensas relaciones mantienen con China: Schröder la visitaba todos los años, y raro es el año que no hay una cumbre franco-china, siempre con nutrida presencia empresarial. Los contactos personales, incluidos los del máximo nivel, tienen gran importancia en China, por lo que sería deseable mantenerlos con la frecuencia establecida los últimos años como pieza esencial para el refuerzo de las relaciones bilaterales.

Que España llegó tarde a China se evidencia en el terreno económico, eje de nuestros intereses en aquel país. Nuestra exportación sólo supone el 0,32% de la importación china; puesto que España contribuye en torno al 2% a la importación (o exportación) global, resulta que exportamos a China siete veces menos que al mundo en su conjunto. La inversión española significaba el 0,37% del total de la inversión extranjera acumulada en China en el 2006, incluso después de las recientes e importantes inversiones de Telefónica y BBVA, las primeras de nuestras multinacionales que han aterrizado en China. Es decir, sólo uno de cada 300 dólares de inversión extranjera que ha recibido China procedía de España. El número de empresas españolas presentes en China, Hong Kong incluido, está en torno a las 500, entre unas 600.000 empresas extranjeras; o sea, menos del uno por mil. Es obvio que esta presencia no es la que corresponde a la octava economía del mundo y sexto inversor a escala global.

Los últimos años estamos empezando a corregir ese error estratégico, con la llegada de nuestras primeras multinacionales, la de nuestros medios de comunicación o el Instituto Cervantes, la creación de titulaciones universitarias sobre China y Asia en varias de nuestras universidades, o la intensa labor de Casa Asia. La sociedad en general se está concienciando de que nuestra escasa presencia en Asia-Pacífico es contraria a los intereses de España y se están empezando a poner los medios para superar la situación.

Pero estamos sólo al principio de un largo camino. Vamos a la zaga de la mayoría de los países europeos. Si queremos recuperar el tiempo perdido hay que dedicar mucha más atención y medios a Asia.

Considero que Administración y empresarios, de consuno, deben redoblar todo tipo de esfuerzos. La visita real constituye, en este contexto, un impulso de la mayor importancia.

EUGENIO BREGOLAT, embajador de España en China en 1987-1991 y 1999-2003.