Anacleto se siente como un extraterrestre a pesar de haber nacido en el barcelonés barrio de Sants. La tarde del domingo fue expulsado de la realidad y, tras despedirse de su esposa y sus dos hijos, se encerró con el gato en el trastero, lugar del que no se sabe cuándo saldrá. El problema del ciudadano Anacleto, hombre cabal que paga sus impuestos y vota en todas las elecciones, es que puede vivir sin fútbol y sin toros. Esta circunstancia le ha convertido en un apestado, en un maleante, en un sospechoso, en una persona de dudosa moralidad. Los vecinos empezaron a mirarle mal el sábado, cuando mostró un rostro de olímpica indiferencia al ser requerido sobre las posibilidades de un milagro azulgrana. Esta hostilidad se incrementó en el momento en que otros conocidos del barrio le comentaron la reaparición del diestro José Tomás, noticia que sólo le provocó un comentario, ciertamente lacónico: "¡Ah!".
En los chistes antiguos, aparece siempre un barbero que pregunta al cliente si prefiere hablar de fútbol o de toros. Anacleto es el personaje descolocado que podría contestar cualquier cosa salvo una de estas dos posibilidades: "Hablemos de coches, de sexo tántrico, de pins, de la cría de caballos, de las suegras o de las variedades de yogur como expresión multiétnica, pero no me dé la brasa con sus pasiones". Pero Anacleto, tímido y sabedor de su condición minoritaria, nunca ha sido tan cortante y brusco, se ha limitado a observar el devenir de sus semejantes alrededor del balón y de los cuernos o viceversa. Hasta que la crisis se ha hecho insostenible y, zas, ha tomado el camino del duro exilio interior.
En su último intento por ser normal, Anacleto trató de relacionar los avatares del Barça y de los toros en la Monumental con un dato que leyó en La Vanguardia:Barcelona sigue subiendo en el ranking de ciudades más caras del mundo y, en un año, ha pasado del puesto 56 al 31, ahí es nada. Así, y para hacerse el simpático, les comentó a unos culés si pensaban que ello era debido a los intensos ejercicios espirituales que los crakcs del equipo realizan muchas noches. Como es natural, le dieron un par de leches, que no está el horno para bollos. En esta misma línea, Anacleto no tuvo otra idea que comentar a dos taurófilos lo bueno que sería que Woody Allen tuviera el detalle de maridar en su película las corridas, la cocina de Ferran Adrià y la música de Manu Chao, amén de pintar los taxis de color perla, para dar un aire universal y cosmopolita a la capital catalana. Se ganó, como era de esperar, tres leches más.
El único consuelo de Anacleto es saber que el fútbol y los toros también dejan frío al president Montilla. Algo es algo.

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