Hay veces que la bolsa se convierte en el templo de la irracionalidad, en el circo de los ciegos que se juegan su dinero en la cuerda floja, en un bingo en el que se regalan vanidades a los más listos del momento y en un centro de la inversión de moda.
En los años cincuenta en Estados Unidos, se vivió la fiebre de las tronics. Toda empresa cuyo nombre terminara en tronic tenía posibilidades de éxito y visos de hacer fortuna. Valía todo. Hasta ‘Chocolatronic’ servía como funda de la nueva tecnología que llegaba a los primeros electrodomésticos que harían felices las vidas de cientos de familias.
Algo parecido ha ocurrido con el becerro de oro del sector inmobiliario en la última década. Todo lo que tocaba el ladrillo se convertía en éxito. Bañuelos ha sido el último producto salido de esa fábrica, un daguerrotipo de la realidad. De Sagunto a la lista de Forbes sin solución de continuidad.
Ahora las inmobiliarias han caído en desgracia y rápidamente están tomando el relevo las empresas del sector de renovables como el “no va más”. Este último modelo, al tratarse de un negocio más desconocido, con nuevos proyectos y tecnologías punteras, ha sido elegido por los fondos golfos, las grandes fortunas y algunas instituciones como laboratorio de prácticas por si acaso la espuma permite la consecución de castillos en el aire.
Paralelamente, están siendo destruidas las almenas del negocio inmobiliario y sin una clara discriminación aunque, finalmente, ésta suele llegar cuando el castigo ha sido desmedido.
Los latigazos vendedores generalizados han mostrado el porqué de la venta hace varios años de las inmobiliarias por parte de los grandes bancos, el porqué de la puesta en valor de las promotoras que escondían grandes fortunas amasadas por los nuevos ricos en los años del boom y las últimas enajenaciones de todo lo que oliera a ladrillo por parte de algunas constructoras, bancos medianos y venta de participaciones por algunas cajas avisadas de lo que se venía encima.
El ‘todo vale’ de las valoraciones -que empezamos a ver en el sector de renovables- había convertido a las inmobiliarias en una orgía de ganancias constante, en un pozo sin fondo de riqueza, en un vehículo perfecto para el endeudamiento hacia el endiosamiento.
Los primeros en largarse han sido los fondos extranjeros, que igual que llegan se van a la velocidad de la luz. Pusieron sus cestas en los huevos de las inmobiliarias y, a la vista de cómo las cotizaciones se precipitaban, saltaban las alarmas hasta provocar más de un agujero en el sector.
Es curioso que han sido los grandes bancos de inversión, que tan ricos negocios han hecho y seguirán haciendo en el sector, como Morgan Stanley, Deutsche Bank y Credit Suisse, los que han elaborado informes o artículos recientemente con posiciones más radicales hacía la realidad del sector y su impacto en la economía española. Recesión ha sido una palabra común que en sus papeles invita aún más a salir a todo aquel foráneo al que le quedaba algo de interés en el sector en España.
Los grandes bancos españoles BBVA, Santander, Bankinter se muestran mucho más comedidos porque, entre otras cosas cercanos a la realidad, tratan de discriminar. En la bolsa, el desplome encabezado por Astroc ha arrastrado a las pequeñas Urbas, Montebalito, AISA y ha tocado de paso a algunas grandes como Urbis, Colonial y Metrovacesa. Pero no todas son lo mismo, aun cuando las ha cogido a todas en pleno proceso de saneamiento de sus deudas con vistas a crecer. Un mal momento para salir al mercado a pedir dinero, que puede convertirse en espiral si la bolsa se porta demasiado mal. ¿Estará la bolsa vaticinando un crack inmobiliario o sólo es al aviso para cambiar de caballo inversor?

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados