LA VISION DE LOS PROMOTORES
El autor asegura que la caída de las inmobiliarias en la Bolsa se debe a un caso particular y al nerviosismo. Desmiente que se hayan construido 800.000 casas, como manejan varios estudios, y advierte de que se hace un flaco favor a la economía con ataques infundados
Nuestro país ha vivido una etapa muy intensa de expansión del mercado residencial. Todos los profesionales del sector sabíamos que esta situación no se podía mantener de forma indefinida. De hecho, en 2003 la patronal de los promotores (APCE) hizo público un informe en el que ponía de manifiesto la normalización que a partir de 2005 iba a darse en el sector, pasando de una situación donde la oferta no era capaz de abastecer a la demanda a otra donde la oferta se incrementaba para satisfacer a una demanda que, aunque no está en los niveles de los primeros años de la década, sigue siendo fuerte. En 2006 se formaron 487.500 nuevos hogares, el PIB creció un 3,8%, se crearon 687.600 empleos y el Euribor, aunque ha repuntado, se mantiene en niveles asequibles. Además, y lo que es más importante, estos fundamentos demográficos, económicos y financieros van a mantener un comportamiento similar en los próximos años, por lo que la demanda se estabilizará en torno a las 450.000 viviendas al año.
El proceso de normalización, como no podía ser de otra manera, ha provocado una moderación en la subida de los precios de la vivienda, de forma que pasamos de crecimientos anuales del 20% a incrementos del 5% ó 6%, como el que se dará este año. El comprador no debe tener miedo, el precio de la vivienda no va a bajar, de hecho hemos de recordar que incluso en situaciones de aguda crisis económica como la de principios de los 90 cuando el crecimiento demográfico era casi nulo, cuando se destruía empleo, la tasa de paro superó el 20%, y cuando los tipos de interés estaban por encima de los dos dígitos, los precios no bajaron.
Es cierto que, a día de hoy, no estamos en la misma situación expansiva que en la etapa 1998-2004, pero esto no quiere decir que el sector vaya mal, ni mucho menos. A partir de ahora, hemos de acostumbrarnos a que los indicadores del mercado no sean tan buenos como los de los años del boom, pero seguirán estando muy por encima de la media histórica.
En el año 2002 empezaron los mensajes agoreros sobre el sector, y no ha crecido poco desde entonces, pero la bajada en Bolsa de la cotización de algunas empresas los han intensificado, cuando lo ocurrido en el mercado de acciones es un asunto estrictamente bursátil, provocado por la caída de una empresa determinada; que por cierto no es promotora de viviendas, sino que sólo desarrolla suelo; por el nerviosismo de los inversores y por las fuertes revalorizaciones que con anterioridad estos habían tenido.
En los últimos días se han oído cosas tan poco rigurosas como que hay un millón de viviendas acabadas sin vender. El 1.600.000 viviendas que se han terminado en los últimos años, están prácticamente todas vendidas. También se ha dicho que la producción iba a bajar desde las 800.000 a las 400.000 viviendas. Creo que es urgente, para hacer un análisis riguroso, acabar con el tópico de que en España se construyen 800.000 viviendas al año. No podemos confundir los visados con las viviendas que realmente se hacen. En los últimos años se han terminado en España: 496.785 en 2004; 534.900 en 2005 y 585.000 en 2006, datos de fin de obra oficiales del Ministerio de Fomento.
Todos estos mensajes negativos, escasamente fundados, hacen daño al sector porque afectan a la confianza del comprador, prueba de ello es el impacto que tiene sobre los extranjeros el mito de la burbuja inmobiliaria, los casos de corrupción -los cuales condenamos de la manera más enérgica y sin paliativos- y todas estas noticias catastrofistas, que hacen que compren sus viviendas en Francia, Italia, Croacia etcétera, en vez de en España. Flaco favor le estamos haciendo a la economía de nuestro país y al sector de la construcción, que ocupa a 2.600.000 personas de forma directa y casi 1.500.000 de forma indirecta. No hace falta recordar que el crecimiento económico español se ha sustentado en el sector de la edificación y en la revalorización patrimonial que con sus viviendas han obtenido las familias. Creo que nos estamos jugando mucho para que siga habiendo irresponsables que hagan declaraciones incendiarias que, como decía antes, carecen del menor rigor económico.
La vivienda es un bien de vital importancia a través de la cual se canaliza el ahorro, aporta estabilidad económica, genera plusvalías y permite disponer de una capacidad de crédito importante para afrontar proyectos futuros.
Siendo conscientes de que los ritmos expansivos de la etapa del llamado boom inmobiliario, no se podían mantener indefinidamente, lo mejor que nos puede pasar es que se dé un proceso como el que estamos viviendo. La lectura que hay que hacer de la coyuntura actual ha de ser positiva, ya que la normalización del sector asumida de una forma racional, al contrario de suponer un obstáculo insalvable, contribuye a la implantación de un modelo más sostenible a medio y largo plazo, en el que la vivienda seguirá siendo el bien de uso y de inversión más seguro y solvente para todas las familias.
Guillermo Chicote Estruch es presidente de la Asociación de Promotores Constructores de España (APCE).
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