Palestinos matan palestinos. Gaza está controlada militarmente por Hamas y Cisjordania está en manos del presidente Abas que representa Al Fatah. Se ha designado un nuevo primer ministro para administrar el caos brutal y violento que enfrenta a los palestinos.
Una demostración de la nueva realidad en Gaza la exhibió un encapuchado sentado y con pistolas en la silla del presidente de los palestinos. Se simuló una llamada burlona a Condoleezza Rice en la que el palestino de Hamas le decía que tenía que tratar con él porque ya no hay presidente de la Palestina.
Hasta hace poco más de año Hamas era calificado como un movimiento terrorista. Lo era y lo es. Pero ganó las elecciones democráticamente y formó gobierno al margen del partido histórico de Al Fatah, continuador de la OLP de Yasser Arafat.
La lucha de poder entre las dos facciones tiene raíces históricas, ideológicas y políticas. Sus profundas diferencias han desembocado en una guerra civil que ha causado unos cien muertos sólo en las últimas horas.
Los partidarios de Al Fatah huyen a Cisjordania y los de Hamas marchan hacia Gaza. Hamas ha declarado que "la era de la justicia y la ley islámica han llegado a Palestina".
La situación es dramática dentro de una espiral de violencia que no parece tener fin. El grupo de mediadores está formado por Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y las Naciones Unidas. Apoyan al gobierno del presidente Abas pero no pueden detener la violencia.
Hamas está alineado con Irán y Siria que han apoyado a sus milicias. Al Fatah cuenta con el apoyo los países más pro occidentales de la zona, Arabia Saudí, Egipto y Jordania.
Hamas rechaza formalmente reconocer el estado de Israel y no rechaza la violencia para obtener objetivos políticos. Al Fatah ha negociado con los israelíes y estaría en condiciones de llegar a un acuerdo definitivo para vivir finalmente en paz con una solución que contemplara el establecimiento de dos estados separados.
Hamas insulta a Al Fatah al que considera colaborador y renegado. Son dos visiones que han arrastrado los palestinos desde que fueron expulsados de Jordania en 1970 en el tristemente célebre septiembre negro. Se trasladaron al sur del Líbano, luego a la ciudad del norte de Trípoli, para ser finalmente disueltos políticamente.
En esta situación de enfrentamiento existe el grave peligro que el terrorismo de Al Qaeda acabe dominando a los pistoleros de Hamas que se han apoderado de Gaza. Un territorio controlado por una organización terrorista internacional es un polvorín en una zona que vive en una situación explosiva.
La salida de este complejísimo conflicto va a perjudicar a los palestinos. Pero también a Israel que no sabrá con quien establecer negociaciones. Y también para toda la región en la que el lenguaje de la violencia es el único que vale.
Impulsar la destrucción de las ruinas que quedan de los dos grupos no resolverá nada. Es un problema añadido a Israel que no podrá pacificar la situación por muy superiores que sean sus fuerzas.
Esta es la triste realidad. Una ideología que alimenta el odio a Occidente desde Teherán y Damasco, Israel con un gobierno débil y con un nuevo presidente en la persona de Shimon Peres, Estados Unidos con decenas de miles de soldados en la región, países aliados en la zona que también son frágiles y la Unión Europea y Rusia contemplando con horror este gran fiasco. Naciones Unidas cuentan poco.
La violencia de los palestinos se les ha girado en contra. Las represalias israelíes ya no sirven de nada. La diplomacia internacional actúa sin consecuencias positivas. Todo se ha venido abajo desde que hace 14 años se firmaron los acuerdos de Oslo. Es un horror.

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