LA POLÉMICA INTERNACIONAL: IRAN, LA OBSESION NORTEAMERICANA.

A pesar de que George W. Bush recibía en Albania días atrás un baño de multitudes.

El reciente viaje del presidente de Estados Unidos, a Albania ha traído de nuevo a la memoria una película de 1953, Bienvenido Mr. Marshall, de Luis Berlanga. Hacía décadas que un presidente norteamericano no era recibido en ninguna parte con semejante efusión y, en contraste con la película de Berlanga, su cochazo realmente se paraba y Bush se apeaba y se mezclaba con una multitud que le expresaba su adoración y en la que, en un salto trepidante de racord, de Berlanga a Quevedo... alguien le robó el reloj.

No obstante, en EEUU, Bush no podría esperar ser objeto de una acogida tan cariñosa. Su índice de popularidad es el más bajo que haya registrado cualquier presidente desde la caída de Richard Nixon. A su malogrado mandato presidencial ya no le restan energías políticas y en el ambiente implacablemente partidista de Washington sólo parece quedarle un área de consenso: Irán.

Tal como ha escrito Jonathan Freedland en The Guardian, «todos los candidatos de primera línea a la Presidencia de EEUU, tanto de uno como de otro partido, coinciden en su negativa a 'retirar de la mesa la opción militar', por decirlo con las palabras de Barack Obama. Así pues, a pesar de Irak, abundan las maniobras para componer la pose más dura e intransigente sobre Irán. Hillary Clinton habla de la «malévola influencia» de ese país mientras que Rudy Giuliani dijo la semana pasada que «podría hacerse con armas convencionales, pero no se puede descartar nada». En otras palabras, que el candidato republicano mejor colocado a la Presidencia está considerando un ataque nuclear contra Teherán.

El viceministro iraní de Interior, Mohammad Bagher Zolghadr, ha advertido, según la agencia de prensa Bloomberg, que «EEUU podrá poner en marcha una acción diabólica pero quedaría fuera de su control dar continuidad y poner fin a esa acción; todas las bases norteamericanas en esta parte del mundo se encuentran al alcance del armamento iraní. Si la seguridad del Estrecho de Hormuz y del Golfo Pérsico se ve perturbada, el precio del petróleo aumentará hasta los 250 dólares por barril». Antes de que los neocons dejaran aparcada a un lado la doctrina Powell, se consideraba que, al emprender una guerra, era absolutamente imprescindible tener una idea clara sobre el lugar y el momento en que había que pararla. No cabe duda de que aquí se prescinde de ese detalle.

La victoria sería difícil de definir, pero la derrota podría adoptar muchas formas. Perder la guerra podría consistir en no lograr más que una situación de punto muerto o en ser el primero en tener que recurrir a armas atómicas para vencer. Emplear la bomba atómica para resolver una guerra que EEUU emprenda significaría asumir la condición de paria universal durante generaciones y generaciones. No tiene buen pronóstico. A Bush su Presidencia se le escapa de las manos y atacar Irán podía ser la única carta que le queda para recuperar alguna iniciativa. Sólo por esta razón (y unas cuantas más) parece clara la posibilidad de una guerra general en Oriente Medio.

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