Que la política ha alcanzado en España un grado de encanallamiento nada ejemplar es algo que se ha ido instalando en la conciencia de los españoles en los últimos tiempos. La terrible matanza de los trenes del 11-M no sólo se cobró las vidas únicas y preciosas de muchos trabajadores españoles y extranjeros. Si hubiera sido así podríamos haber concentrado todo nuestro dolor y solidaridad en el recuerdo de las víctimas, podríamos haber gestionado la rabia y la impotencia de manera exclusiva, descargándolas sobre la infame cabeza de la hidra, pero desgraciadamente aquella masacre injustificable tuvo una onda expansiva que afectó a las relaciones entre partidos, medios de comunicación, líderes políticos y ciudadanos en general, que todavía hoy es posible percibir, aunque ya no con la fuerza devastadora inicial.
En Asturias la famosa onda expansiva viene teniendo efectos o réplicas que se adaptan a la orografía moral de nuestros políticos. Por una parte, la permanente afirmación del ayuntamiento de Oviedo de un cerco político al que le sometería el gobierno del Principado de Asturias, con descalificaciones y expresión de agravios que incrementan la perplejidad de los ciudadanos, incapaces de saber quién dice verdad dentro del fárrago de datos y de cifras que manejan los contendientes; por otra parte, esa onda expansiva ha dado de lleno en la línea de flotación de los aparatos de los partidos asturianos (crisis con expulsiones en el seno de la AMSO socialista, ruptura de las dos facciones más importantes de la IU asturiana, con episodios incluidos de violencia de imposible justificación, y desbarajuste generalizado en el aparato dirigente del PP, con ajuste de cuentas entre alcaldes derrotados y dirigentes, a los que se acusa de aferrarse a los cargos e impedir la democracia interna en el partido).
Un ejemplo más de la onda expansiva, a nivel particular, es la situación en la que se ha visto envuelto el arquitecto y urbanista Arturo Gutiérrez de Terán. Invitado por una institución cultural de la ciudad a exponer sus puntos de vista sobre el urbanismo en Oviedo, en una mesa redonda compartida por otros dos ciudadanos ovetenses, el señor Gutiérrez de Terán calificó de "desaguisado" urbanístico la propuesta municipal de soterramiento de la avenida de Galicia, y de "dispendio" económico el proyecto de las losas de la Ronda Sur.
Tal crítica, basada en argumentos propios de un profesional del urbanismo y a título personal (no en representación de tal o cual partido) se apoyaba en criterios y razones fundadas, en informes técnicos pormenorizados, en valoraciones de una persona cualificada para emitir juicios sobre estos problemas. Pero la respuesta a estas opiniones, por parte de destacados miembros del equipo municipal de gobierno, no ha tenido el mismo nivel de argumentación que las expuestas por el urbanista Gutiérrez de Terán.
Con un tono absolutamente agresivo, sin exponer ni una sola razón técnica, los concejales Mortera y Cuervas Mons se han cebado en una persona que únicamente ha planteado sus puntos de vista con un sistema de ideas que podrán o no ser rebatibles, pero que en modo alguno merecen una respuesta ad hominem trufada de desprecio, desmesura verbal y chulería. Así, el urbanista Terán será consecutivamente un agente del "fanatismo contra Oviedo", adscrito al "fundamentalismo antimoderno y antidemocrático" y un exconsejero de Urbanismo cuya gestión fue turbia e ineficaz, que habla por mandato de su partido (Mortera dixit ).
No le va a la zaga el concejal Cuervas Mons, con ataques personales que caen en el terreno de la injuria y conculcan el derecho al honor ("Carreño miente cuando trata de presentarnos a Gutiérrez de Terán como un brillante profesional de la arquitectura"; "su carrera como arquitecto es desconocida", "fue consejero socialista y después se atrincheró en un chiringuito", "Terán no le llega profesionalmente a Pérez Arroyo y Pablo Gamonal a la altura de la suela de los zapatos"). Qué desmadre y qué falta de sensatez, Dios santo.
Quiero recordarles a estos dos próceres de la política local que, en su época de consejero (con los gobiernos de Rafael Fernández y Pedro de Silva), Gutiérrez de Terán creó Cogersa; promovió el planeamiento urbanístico en todos los ayuntamientos de Asturias y sentó las bases de la Ordenación del Territorio, vigentes hoy en gran parte; puso en funcionamiento la empresa mixta de Sogepsa; promovió unas ochocientas viviendas públicas al año, demostrando que se podía hacer vivienda pública de calidad; inició una política de rehabilitación de viviendas en el medio rural, con más de tres mil actuaciones; para acabar, retiró las competencias urbanísticas al ayuntamiento de Villaviciosa por incumplimiento manifiesto de la legalidad; hablo de memoria --la tengo para lo bueno y para lo malo, que también lo hay, claro--, pero con datos irrebatibles, que son los que ignoran estos nuevos cancerberos del urbanismo de salón. Pero Terán es una voz libre y eso, hoy en Oviedo, paga peaje.
El señor Mortera va a ser el nuevo concejal de urbanismo de Oviedo. Si yo fuera él, estudiaría con mimo todas las propuestas que enriquecen el debate público. Las estudiaría e intentaría entenderlas para, en todo caso, rebatirlas. Pero no puedo ser él, porque el señor Mortera es un ser irrepetible.
Álvaro Ruiz de la Peña. Profesor de Literatura de la Universidad de Oviedo.

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