La de Patmos es una pequeña isla de las Espóradas del Sur, montañita se diría que mecida por las constantes brisas del opalino Egeo. Y en aquella remota delicia me asombro siempre pensando en san Juan, quien en una covacha costera que la tradición aún identifica escribió aquel espantoso y bestializado texto del Apocalipsis: " (...) salió otro caballo, alazán, y al jinete le dieron poder para quitar la paz a la tierra y hacer que los hombres se degüellen unos a otros (...)". ¿Qué demonios masticaba el espíritu del apóstol?

¿Y qué miseria moral o desvarío mental nos induce en Catalunya, tierra igualmente de brisas primaverales, a convertir demasiado de lo que colectivamente podría sernos útil y grato en un reiterado vómito? El cual hubiera encantado al surreal evangelista, pero ya colma el hartazgo del ciudadano que aspira a una simple previsión de felicidad.

Ayer lo dialogamos en nuestras páginas con Quim Monzó y Rosa Maria Piñol. Porque no sólo algún demonio bíblico debe cercarnos, sino que nosotros mismos nos lo azuzamos. Retorciéndoles el pescuezo a novedades que nos llegan y a otras que alumbramos, cuando tanta alegría podrían darnos. Así, por ejemplo, si ayer chapoteamos hasta lo indecible con el Estatut, hoy nos seguimos liando con la Feria del Libro de Frankfurt. Hasta el punto de que ya ni sabemos exactamente a qué vamos, por qué unas facciones de escritores la rechazan junto al Institut Ramon Llull, o el motivo por el que la Generalitat ha prodigado durante años estropicios a cuenta del evento.

El cual debiera ser sólo, ¡y es mucho!, una ocasión excelente para proyectar nuestra literatura allende fronteras. Pero no la única, pues autores y literaturas excéntricas en relación con Occidente, las japonesa, china, albanesa, egipcia y árabe, latinoamericana del boom, yiddish, etcétera, salieron al mundo y prestigiaron antes de pasar por un Frankfurt. Aunque la feria sea influyente, Sergio Vila-Sanjuán recuerda que Portugal, otra literatura pequeña como es la catalana, tuvo un Nobel justo después de Frankfurt. Pero la idea de creer la feria un columpio entre la redención y el apocalipsis que cunde por ahí sólo constituye una desgracia.

Además, ferias del libro en uno u otro país, bastantes autores en castellano y catalán las vivimos con nuestras traducciones. Frankfurt será la mejor, pero la suma de las demás ha contado para nuestra mayor o menor difusión. Y puestos a escoger entre comercio y prestigio, los quiero a ambos o prefiero a éste, cuyo camino es la crítica y la universidad. Y autores catalanes también he y hemos estado en la alemana, y nos revienta Patmos. Aunque lo ignore el diario Frankfurter Allgemeine.