CANELA FINA
El hombre y sus dependencias: el sexo, el alcohol, el trabajo, la droga... Ahora, el móvil. Sergi Belbel ha puesto un espejo delante de la sociedad a la que pertenece para escribir una comedia ácida con un personaje central que lo desborda todo: el teléfono celular. Andrea D'Odorico ha levantado una escenografía original e imaginativa que es una belleza abstracta sobre las tablas. Miguel Narros, al que conozco desde sus primeros balbuceos, está ya por encima del bien y del mal y ha dedicado a Móvil todas sus ternuras de sabio, todas las delicadezas del enamorado.
María Barranco es una actriz eficaz que gusta al público por el gesto vaporoso y la indecisa palabra. Nuria González, que arrastra el peso de la televisión sobre las espaldas, defiende su papel con inteligencia y Raúl Prieto va de menos a más. Su interpretación convence.
Y Marina San José. Pasa la batería como un fórmula uno. Es elegante, sutil, atractiva. Tiene la languidez de la caña verde, la cadera adolescente. Sabe escuchar. Vocaliza a la perfección. Tiene defectos, claro, pero se mueve por el escenario como si fuera su dormitorio. No gesticula, no sobreactúa. Es auténtica. Da credibilidad a su personaje. Su voz se desgarra a veces, acaricia en ocasiones, vibra siempre. Es una luz sobre la escena. Lleva el alma fuera, el cuerpo dentro. Miguel Narros ha sabido sacar de la joven actriz insólitas calidades. Marina ha sido una esponja para el director. Todo lo absorbe. Si el éxito no la deforma, hay una actriz en ella.
Belbel ha tenido el acierto de hacer explotar una bomba terrorista en el escenario. Es un atentado en el aeropuerto. Tenemos tan cerca la atrocidad que el público entra en tropel en la escena y sigue ya, expectante, toda la representación. El monólogo del móvil se adueña de los personajes y los enloquece. El teléfono es el rey de la crisis, el dictador de la catástrofe. A través del mensaje telefónico se desnudan las almas, se descarnan los caracteres, tiemblan las palabras, se deshabitan las psicologías. A la obra le sobran veinte minutos. A ráfagas se hace reiterativa. Pero en su conjunto es una excelente comedia a la que hace grande la dirección, la escenografía, el vestuario y la interpretación excelente. Y otra vez Marina San José.
Marina San José, que se lleva a la gente de calle y a la que se ovaciona especialmente por su autenticidad y su entrega. Cuando interpretó El cartero de Neruda, de Skármeta, yo escribí un artículo titulado La hija de Ana Belén en el teatro. Entonces Marina San José era la hija de Ana Belén. Ahora no es la hija de Ana Belén. Es Marina San José, una actriz joven que ha sabido tomar la mano de Miguel Narros y que se ha hecho independiente de nombres y celebridades. Con dos tacones. Con sabor a miel, como debe ser. Como en el verso que escribió Pablo Neruda: «Niñita de Madrid, Malva Marina, / no quiero darte flor ni caracola, / ramo de sal y azul, celeste lumbre, / pongo pensando en ti sobre tu boca».
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española
© Mundinteractivos, S.A.

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