Expertos españoles apuestan por el secuestro y almacenamiento de CO2 para luchar contra el cambio climático.
Todos los expertos que desfilaron ayer en la jornada sobre tecnologías de secuestro y almacenamiento de dióxido de carbono (CO2), organizada por el Club Español de la Industria Tecnológica y Minería (ITM), están de acuerdo: la fuente de energía del futuro serán los combustibles fósiles y en particular, el carbón, por su abundancia en los cinco continentes y el bajo coste de su extracción.
Frente a una demanda energética que, según la Agencia Internacional de la Energía, crecerá un 70% entre 2000 y 2030, consideran que sólo los combustibles fósiles podrán asegurar un abastecimiento seguro. Pero, al mismo tiempo, estiman que es necesario luchar contra el cambio climático.
Para resolver estas necesidades aparentemente opuestas, los ponentes, científicos de empresas como Unión Fenosa o Repsol YPF, preconizan el desarrollo del secuestro y almacenamiento del CO2, denominado CAC. Esta técnica consiste en recoger el CO2 producido al quemar un combustible fósil e inyectarlo posteriormente en un depósito subterráneo, generalmente antiguos yacimientos de petróleo o acuíferos; se realiza en el proceso de producción de electricidad.
La Unión Europea prevé la construcción de diez a doce centrales de carbón limpio para 2015. El comisario de Energía, Andris Piebalgs, inauguró en Alemania esta semana la primera planta piloto para el CAC en Europa (ver EXPANSIÓN de ayer). En España, dos proyectos de este tipo aseguran al país una posición puntera en este sector: la planta Gicc (Gasificación de Carbón Integrada en un Ciclo Combinado), de Elcogás en Puertollano (Ciudad Real), y la plataforma de oxicombustión y captura de CO2 en la región leonesa el Bierzo.
Para Francisco J. Macía Tomás, subdirector general de Planificación Energética, “tecnologías como el CAC ayudarán a que se cumplen los tres pilares de la política energética europea : suministro seguro, competitividad económica y sostenibilidad ambiental”. Pero el coste del CAC, de entre 35 y 55 euros por tonelada de CO2 en la actualidad, compromete la competitividad. “Para que el sistema sea viable, el coste de separación del CO2, el proceso más caro del sistema, no debería superar los 20 euros por tonelada de este gás”.

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