ASI LO CUENTAN

En la recta final tocan a rebato en filas oficialistas. Llegan firmas diferentes de ésas bien conocidas de los cronistas del juicio del 11-M. Van a rebufo de los ataques de los fiscales a la prensa discrepante. Más que nunca, periodista muerde a periodista...

Así, llama la atención la ferocidad de Maruja Torres en 'El País': «Las palabras de la fiscal Olga Sánchez contra los periodistas embusteros me recuerdan el cabezazo de Zidane propinado al jugador rival que no dejaba de provocarle a base de insultos racistas susurrados. Sus lágrimas, las de la magistrada, son como aquella mueca dolorosa de Zizi [sic] quien, aun sabiendo que infringía, tampoco ignoraba que no tenía alternativa, que a veces la decencia no puede elegir y que ninguna reprimenda, ninguna conminación resulta lo bastante persuasiva para domeñar la necesidad inmediata de vomitar la indignación. Tenía razón la fiscal, y en mi opinión se quedó corta, pero lo hizo en el marco del juicio y ello -aunque, paradójicamente, Sánchez denunciara la injusticia de que esos profesionales del enredo y la calumnia envenenaran el proceso y ofendieran a las víctimas- ha proporcionado a esos canallas algunas astillas más con las que seguir alimentando su fuego dañino».

Irene Lozano, en 'ABC', se cobra algo parecido a una cuenta pendiente: «La esquizofrenia procesal aqueja a un tipo específico de paciente: el picapleitos del 11-M, una suerte de doctor Jekyll con toga que cuando ha de ejercer la acusación se dedica a exculpar a los procesados. Los enfermos oyen voces, aunque no proceden del interior de su mente, sino de una emisora de radio o de los titulares de un periódico (...). La esquizofrenia periodística -que no ha contado con un observador tan clarividente como el fiscal jefe de la Audiencia Nacional- cursa con brotes paranoides. De ahí que vulgarmente se conozca a los plumillas que la padecen como teóricos de la conspiración».

Y hasta Luis Arroyo, jefe de gabinete de Fernando Moraleda -es decir, fontanero de La Moncloa, en expresión de tiempos de Calvo-Sotelo- interviene en el debate espetando, desde El País, (¿Quién les dijo que si era ETA ganaban?), sus reproches en plan memoria histórica: «El atentado del 11-M (...) no tenía por qué influir por definición en el resultado electoral en una dirección negativa para el Gobierno del PP. La dirección contraria era tan probable o más (...). Lo que los ciudadanos esperaban era coraje y sensibilidad. El Gobierno de Aznar y Rajoy apareció acobardado y arrogante ante los ciudadanos. Empeñado en que si eran los islamistas los ciudadanos les castigaríamos por el apoyo a la guerra de Irak, la comunicación fue marrullera y engañosa».

Asociaciones y periodistas conspirativos quieren ver en la sentencia «el párrafo que puedan colocar a toda página en el que de algún modo puedan salvar la cara», advierte Ernesto Ekaizer. Y avisa a navegantes: «¿Les darán Gómez Bermúdez, Guevara y García Nicolás ese titular?».

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