Es pura literatura, pura actitud. Si alguien se lo merece es él. Por eso me alegro por este premio a Dylan.

Nosotros tuvimos la suerte de telonearle en cinco conciertos. Estuvimos a punto de no poder hacerlo, porque Juan [Aguirre, guitarra de Amaral] se lesionó la mano y el médico le dijo que no podía tocar la guitarra hasta no sé cuándo, pero nos hacía tanta ilusión que Juan dijo: «Toco la armónica». Y lo hicimos así.

Como todos nos habían dicho que no le gustaba que le agobiaran, tanto decían de esa fama de huraño, que cuando nos cruzábamos detrás del escenario nos limitábamos a decirle «buenos días» o «buenas tardes». Nos conformábamos con ver los pequeños detalles del hombre con su banda, cómo se relacionaba con ellos -que parecían bandoleros- y les cuidaba antes de salir al escenario.

Él debió de vernos tan tímidos que vino a saludarnos, una cosa que al parecer es rarísima. Me acordaré toda la vida, un momento bestial. Fue una tarde calurosísima, en Córdoba, en la prueba de sonido. De pronto noté unos golpecitos en el hombro y pensé que era Juan, pero al volverme me quedé alucinada. Era Dylan.

Estuvo muy majete: nos preguntó si el disco estaba editado en América, nos preguntó por la lesión de Juan. Recuerdo que me dijo que le gustaba mi guitarra, una electroacústica sin caja, fea pero que suena muy potente en directo. Lo que pasa es que la tengo siempre súper pintarrajeada, y eso debió de gustarle. Cada vez que recuerdo a Dylan diciéndome que le gustaba la guitarra, me arrepiento de no habérsela regalado.

En esa misma gira me pasó otra cosa curiosa, por pura devoción por él. Fue en un concierto en el que no le teloneábamos, en el Monte do Gozo, en Galicia. Yo iba de público, a verle a él, y cuando llegaba me llaman de la organización para decirme que quién actuaba antes, Gary Jules, no podía salir, y que si podría hacerlo yo. Sola, porque Juan no estaba. Salí ante, yo qué sé, 10.000 personas. Iba de vaqueros y camiseta, la gente pensó que era una pipa de Dylan hasta que cogí la guitarra y les dije: «Hola, obviamente no soy Gary Jules, pero voy a tocar un poco hasta que salga Dylan». Salió bien.

De pequeña, me ponía sus canciones un primo mío muy musiquero. Más tarde, de mayor, volví a él a través de sus letras. Y ya se me quedó dentro.

© Mundinteractivos, S.A.