EL APUNTE

Triste y sola se queda la facultad, sin los idiomas que forman parte de esta cultura que representamos todos. Triste sin que autores de la calidad literaria de Eduardo Mendoza o Juan Marsé, catalanes hasta la médula, puedan formar parte de la plantilla catalana en Frankfurt. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? La muerte estaba anunciada, como tituló García Márquez un libro que salió de las faldas de la mayor vendedora de la cultura catalana en el mundo, Carmen Balcells. Para esta gente, como para otras, hoy debe ser un día triste. La decisión no ha sido suya sino de sus muchachos, y eso es más grave. Una vez más, la calle es inteligente y la política se baña en otros ríos. Es innegable que Josep Bargalló lo ha intentado. Pero el acumulado ha pesado en exceso. Si no me quieres, me olvido de ti, parecen decir.Y ha pasado lo que muchos decíamos que podía pasar. Todo se ha hecho mal. Desde el principio. El gran impulsor de la cultura catalana en Frankfurt fue Alex Susanna. Un cambio de gobierno, o sea la política, lo borró de la fiesta. Mala cosa. En Cataluña estas cosas siempre tienen que salir mal.

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