Cuando el pasado día 4 acepté la invitación del Ateneo de Oviedo para dar mi opinión sobre algunas propuestas electorales de carácter urbanístico realizadas por nuestro Alcalde, mi intención siempre fue la de emitir mis juicios, basándome en la información de la prensa, pues, que yo sepa, no existía documentación técnica que avalara tales propuestas, por lo que bien pudieran existir algunos desenfoques de apreciación.

Y, como en toda mesa redonda, cuando se habla sin leer se suelen utilizar frases más extremadas que inciten al debate posterior tanto entre los miembros de la mesa como entre el numeroso público asistente, en este caso. Y en este contexto habría que enmarcar algunas de las frases que hayan podido deslizarse y que vistas aisladamente puedan dar lugar a la desproporción o la polémica. Creo que es el supuesto en que nos hallamos al generalizar por mi parte que «en el caso de las losas propuestas por el Alcalde nos encontramos ante un grave desaguisado urbanístico». Pues bien, en este breve artículo quiero establecer la diferencia entre la propuesta de las «losas» y la del soterramiento del tráfico en la avenida de Galicia.

A) Respecto a las llamadas «losas» sobre la Ronda Sur, la «enredadera» y sobre la autopista «Y» titulada por los arquitectos la «trenza», ¿quién puede estar en desacuerdo con el objetivo de evitar ruidos y de unir dos barrios separados por unas vías rápidas o autopistas? Sin embargo, en mi opinión esa pretensión no se alcanza de modo manifiesto en la «enredadera» más que muy parcialmente, casi despreciable respecto a la propuesta política de cubrir la Ronda Sur entre la rotonda de San Lázaro y el Campo de los Patos, sin que se incrementen de forma tan significativa como se pretende las zonas verdes, pues se están computando las amplias superficies ya existentes y maltratadas entre las traseras de los edificios de la calle Capitán Almeida y la Ronda Sur, más otros espacios verdes situados al borde de la ronda en las inmediaciones de la rotonda inferior. Tampoco se alcanza el objetivo inicial en la «trenza», donde las zonas verdes sobre la autopista se encuentran a unos 7 metros sobre la rasante de Ventanielles, por lo que aun con la presencia de rampas (siempre incómodas) nos encontraremos con zonas verdes separadas por un «muro» (más o menos ingenioso como diseño) entre los niveles del barrio más bajo y el más alto donde se encuentra el centro comercial Los Prados. Por otra parte, esta diferencia tan elevada entre las cotas de nivel genera un nuevo «muro» de la altura aproximada a la equivalente a un edificio de dos plantas. ¿No será una nueva barrera visual y espacial entre los barrios que se pretenden unir?

En ambos casos se observa que los equipos técnicos en muy poco tiempo han realizado un gran esfuerzo por resolver la cuestión que se les planteaba, pero ante objetivos políticos tan quiméricos los resultados no pueden más que alejarse en exceso de las metas iniciales de unir los barrios separados por las carreteras, pero además resultarían (de llevarse a efecto) tremendamente caros para los fines que se alcanzan, y las zonas verdes sobre estructuras de hormigón apenas permiten arbolado y a los ojos de los ciudadanos resultan casi siempre artificiosas como elementos de unión entre las partes de la ciudad. Este tipo de soluciones, a mi juicio, pueden ser útiles y con precios razonables para casos límites e imprescindibles relacionados con el funcionamiento de la ciudad, como parcialmente sucede con la losa sobre las vías de Renfe.

Se acude también al ruido del tráfico y a las molestias para los residentes, y mi crítica se refiere a que primero se dan las licencias para los edificios donde no debería construirse y después se trata de solucionar el nuevo problema con opciones de alto coste para el erario público. ¿Acaso no molestan los ruidos del tráfico sobre otras muchas calles de Oviedo? ¿Cuáles son los criterios de establecer la prioridad para hacer túneles, como reclaman los vecinos de Muñoz Degraín, cuando las cotas de nivel favorecen ese tipo de opciones? ¿Estamos ante un Ayuntamiento rico, sobrado de dinero, o estamos seriamente endeudados? ¿No se reitera nuestro Alcalde en que es prioritaria para la ciudad la construcción de la llamada Ronda Norte? ¿Qué otra Administración va a colaborar con los gastos de esa ronda cuando el Ayuntamiento prioriza sus gastos en construcciones carísimas que terminan sin resolver de modo rotundo los objetivos que se plantean y además acaban por formalizarse más en imágenes escenográficas que en otra cosa?

A esta forma de entender el gasto público municipal yo lo califico como dispendio.

B) Respecto a la avenida de Galicia, la propuesta electoral del Alcalde yo la considero un dislate, desatino o desaguisado urbanístico, porque donde no existe un problema real de tráfico, sin embargo, se generaría, pero pagando un alto coste una zona muy significativa de la ciudad, a lo que habría que añadir el alto precio funcional, de imagen y de molestias que supondría para un amplio conjunto de vecinos directamente afectados.

Si se rompe intencionadamente parte de la historia urbana que fue construyendo la ciudad habrán de existir razones muy poderosas que lo justifiquen, pues de otro modo sería aún más inconcebible. ¿Y cuáles son esas razones? Según se informó: a) Necesidad de plazas de aparcamiento; b) Conveniencia de obtener una calle peatonal más que enfatizase un nuevo centro de ciudad.

Mi pretensión fue la de explicar que ante una obra tan traumática y costosa, y que afecta a un amplio centro de la ciudad, se debe hacer una escrupulosa investigación acerca de las necesidades que se esgrimen y teniendo en cuenta los efectos que provocaría en el entorno, lo que en Urbanismo definiríamos como «datos de información urbanística», para que a partir de ellos se puedan encontrar las soluciones. Por ejemplo, cabría preguntarse, ¿existe un plan regulador del tráfico en Oviedo, o se peatonaliza a capricho propio o de terceros y sin criterio urbanístico? Me refiero a un plan que analice la relación entre el transporte público, el privado, la red peatonal y la red de aparcamientos y que coordine y programe estas actuaciones. Pues yo no sé si lo hay, aunque a los ciudadanos nos gustaría conocerlo, pero tal parece que si lo hubiera estaría trastocándose continuamente, a la vista de cómo se vienen sucediendo las propuestas y también en consideración a las licencias de obra que se conceden para miles de viviendas en lugares con difícil acceso y comunicación con la ciudad.

Volviendo a nuestra avenida de Galicia, cabría observar que si hacen falta plazas de aparcamiento nos preguntáramos con rigor: ¿Qué trabajos se han realizado para estimar con cierta precisión cuántas se necesitan?, ¿dónde residen exactamente los demandantes?, etcétera, y así podríamos determinar los lugares posibles de localización de los parkings, si fueran necesarios, porque de otro modo puede suceder que con el dinero público se hagan aparcamientos y después no tengan demanda, como sucede con el 50 por ciento de las plazas existentes en el plan de «cinturón verde» (presidido por el Alcalde de la ciudad), según se informó en fechas recientes a través de los medios de comunicación.

Habrá que considerar que con la avenida de Galicia concurren dos plazas o glorietas importantes para el buen funcionamiento del tráfico (América y General Ordóñez) y varias calles perpendiculares a la misma, y que además otras calles paralelas a esta avenida también se pretenden peatonalizar. ¿Se han estudiado las consecuencias que de ello pueden aparecer? Pues, aparentemente, según mi formación profesional me indica, pueden ser muchas y altamente costosas, y de difícil respuesta los problemas que se puedan derivar de tales iniciativas. Por otra parte, se crearía un nuevo espacio de relación y ocio en la nueva avenida de Galicia peatonalizada, cuando toda la calle ya está colmatada con diferentes tipos de negocio ajenos a la nueva centralidad que se pretende. ¿Se han evaluado los efectos socioeconómicos que ello puede conllevar? ¿Se conocen con precisión el subsuelo y su geología para evaluar la viabilidad del proyecto y, eventualmente, las soluciones técnicas y su posible coste? Y así deberíamos continuar haciéndonos preguntas antes de programar este tipo de proyectos.

Pues bien, sobre todo ello y algunos otros aspectos, como los que pretenden comparar el «túnel» bajo la avenida de Galicia con los que se ejecutaron o pretendían llevar a cabo en otras ciudades, continuó versando mi discurso, recordando que cualquiera de las actuaciones que se han venido comparando (La Coruña, Burgos, Santander,...) siempre han encontrado en el tránsito subterráneo una solución a un serio problema de tráfico, pero, precisamente aquí, tal como venimos diciendo, no existe tal problema, sino que lo crearíamos.

Y finalmente se recordó que para unir el Campo San Francisco peatonalmente con el nuevo Palacio de Congresos estaríamos obligados a encontrar otras respuestas menos agresivas y traumáticas, y menos costosas para la vida y funcionalidad de nuestra capital. No vaya a ser que además de entregar el suelo municipal para el Palacio y sus negocios incorporados la Ciudad tenga que pagar aún tan elevado coste.

Con estas reflexiones se ha pretendido destacar sintéticamente, pero de modo explícito, los elementos esenciales de mi intervención y, naturalmente, vuelvo a recordar que no se trata más que de una opinión.

Que en el urbanismo, en la construcción de la ciudad, deben primar los intereses generales sobre los particulares, ya no es cuestión que se ponga en duda, sino más bien es el cuerpo central de toda legislación sobre el suelo en cualquier país y, desde luego, en nuestra legislación asturiana.

Puedo afirmar, por el interés que ello pudiera suscitar, que esta línea de mi discurso del pasado día 4 en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, es compartida por muchos ciudadanos, incluidos algunos preocupados votantes y militantes del Partido Popular. Desde luego, a pesar de los desprecios y las descalificaciones que recibamos por defender nuestra ciudadanía de Oviedo, algunos no nos vamos a callar, aunque siempre me encontrarán para rectificar si ello procediese o me convenciese.

Arturo Gutiérrez de Terán y Menéndez-Castañedo es arquitecto