De repente, el discurso unitario llena las bocas del Gobierno y del PP, hasta hace cinco minutos enzarzados en una reyerta insensata: "Olvidar el pasado", "Aparcar las diferencias", "No es hora de reproches", "La unidad es lo prioritario". Todos unidos, unidos todos, contra la amenaza terrorista. Como si la amenaza terrorista fuera cosa de ayer. Como si no lleváramos cuarenta años con la pistola de ETA en la espalda. Como si Zapatero y Rajoy, recién caídos del caballo, estuvieran deslumbrados por el súbito descubrimiento de que la unidad de los demócratas es buena para acabar con ETA.

Y lo mejor de todo: tanto Zapatero como Rajoy sostienen que sus posiciones siguen siendo las mismas. "No le he puesto ninguna condición al Gobierno", dice el líder del PP respecto a su apoyo "para derrotar a ETA, como siempre he dicho". El Gobierno, por su parte, sostiene que su objetivo siempre fue "derrotar a ETA" y que no ha hecho ninguna rectificación, pues su política sigue siendo la misma, dando a entender que, en todo caso, quien ha rectificado, para volver a las andadas, es la banda terrorista.

A ETA no le importó nada reventar el flamante parking de la T-4 y llevarse por delante la vida de dos personas en plena vigencia del alto el fuego "permanente". Sin embargo, solo un comunicado de la banda terrorista les pone las pilas al titular y al aspirante del poder, que celebran el hallazgo de la unidad como resorte de la política antiterrorista. Hubo varias treguas y varias rupturas en estos cuarenta años de pesadilla, pero a las dos fuerzas centrales del sistema siempre las pilló unidas. No era el caso esta vez y por eso parece haberse obrado el milagro del reencuentro Zapatero-Rajoy.

A algunos nos vence la sospecha de que los dos primeros espadas del ruedo político se limitan a guardar el polvo debajo de la alfombra. La casa parece limpia pero no se fíen. Cuesta creer que Zapatero olvidará así como así los agravios de una calumniosa ofensiva contra sus planes pacificadores. Y cuesta creer que el PP va a romper de la noche a la mañana la columna vertebral de su discurso durante toda la Legislatura, aunque ahora parece renunciar a la persistente reprobación de la política antiterrorista del Gobierno.

La foto fija de la reunión de ayer en Moncloa, por tanto, nos deja ver a un Zapatero encantado de la adhesión de Rajoy, por fin, a la política antiterrorista del Gobierno, exenta de tratos con la banda y "procesos" averiados desde el atentado del 30 de diciembre y, más concretamente, desde la ruptura de tregua anunciada por ETA hace unos días. Ante las nuevas circunstancias, el presidente del Gobierno apuesta por una mayor dureza y la búsqueda de unidad para acabar con la violencia terrorista.

El PP dice amén a los esfuerzos de Zapatero para recuperar la unidad. Es evidente que la ruptura del alto el fuego ha achicado el campo a Mariano Rajoy, haciéndole perder capacidad de maniobra. Zapatero lo ha aprovechado para salir del cerco y encerrar en su área al PP. A partir de la política de firmeza anunciada el sábado ante los notables del PSOE, a Rajoy no le quedaba otra que apoyarlo. ¿Hasta cuándo? Ojalá dure, pero el abajo firmante no apostaría ¿Cuál será el discurso de Rajoy de cara a las generales si se ve abocado al seguidismo de la política antiterrorista de Zapatero, en aras de la unidad contra ETA?