El Gobierno ha vuelto a encarcelar al asesino De Juana Chaos, a la vez que Rodríguez Zapatero ha acerado su discurso. Al tiempo, el PP modera el suyo y Rajoy ofrece su faz menos esquinada. Pero todo ello, resultando positivo, no supera la situación ambiental política y gubernativa establecida, con Zapatero que se queda en sus oscilaciones, sin apenas haber resuelto ninguna de las cuestiones cruciales en que se ha metido, a causa de lo cual el PSOE ha tenido disgustos electorales. A la par que al PP le ha ido bien en las urnas, sobre todo en ese Madrid ayer envanecido de movida sociata y hoy eufórica plataforma retro. Aunque este partido no consiga inspirar confianza dialogante más allá de sus fieles.

Situación ambiental a causa de la que ambos líderes pretenden cambiar de piel pública, Zapatero sugiriendo que se arropa con la de lobo y Rajoy contoneándose con un lanudo manto ovejuno. Aunque, ¿va a servir para algo la nueva escenificación, además de para pescar votos de incautos y levantar la publicidad de rigor? Y es que puede llegar a pensarse que la política española dejaría de existir si los medios de comunicación cerraran.

Además, faltando sólo meses para caer en pleno clima electoral, poco puede acometerse ya desde el Gobierno que revista cierta envergadura. Excepto por parte de ETA, lo que podría agravar mucho las cosas. Y si frente a ella el PP ofrece un discurso más convincente para los sentimientos de la mayoría de los ciudadanos, no inspira confianza en sus posibles dotes ejecutoras. Ni el Gobierno sabe qué hacer con el terrorismo, más allá de las rondas policiales de rigor y de prodigar los estereotipados parlamentos de Fernández de la Vega. Resumiendo, que la política de los dos grandes de España es de entidad evasiva o mediocre, la del PP por tremebunda y la del PSOE por pastelera.

Por tanto, volveremos a las urnas sin replanteamiento económico-laboral, sin novedad en inmigración, en Catalunya con el AVE y el aeropuerto más lejos que antes, etcétera. O sea, que hay que votar por antiguas razones o por impresiones efímeras. La política española, nacional y autonómica, se perfecciona en la inanidad; ahí por registrarse mayorías, con lo que parece que no haya que plantearse exigencias ni concreciones; allá por formarse coaliciones sin problemas pogramáticos ni ideológicos, lo que convence a la gente de que tanto da votar a uno como a otro, o que su voto, engullido por los pactos, sirve tanto para el rival como para el propio.

¿No hay problemas graves ni chicos, pues, o no se quieren ver? ¡Hasta con ETA parece esperarse a que sea ella la que mueva su siniestra ficha!