A CONTRAPELO

Zapatero y Rajoy se han amigado respecto a ETA en cuanto han armonizado sus enfrentadas preferencias en materia de corbatas. Los dos se presentaron a la charla con sendas corbatas de color rubí vinoso, ni anchas ni estrechas, con diversos rombitos y circulitos blancos que señalaban las diferencias secundarias que ayer debían ser, por algún designio, deliberadamente inapreciables.

Meses de ácido y amargo enfrentamiento se han evaporado de pronto nada más llegar a un consenso y a una unidad de acción corbateriles, lo que hace pensar que las discrepancias insalvables radicaban en semejante apéndice indumentario y que, una vez pactado éste, todo lo demás ha sido, por el momento, coser y cantar victoria ante la próxima derrota del terrorismo. Los terroristas no usan corbata. Ni para disimular.

Rajoy partía, como sus colegas de partido, de esas corbatas amarillo limón, turquesa, naranja y salmón, siempre en vivísimas tonalidades refulgentes -que deslumbran y hacen daño a la vista-, mientras que Zapatero -a veces compitiendo con el rojo (de la corbata) de Gallardón- tiende a un tipo de corbata apagada, ancha y antigua que ni le pega ni le favorece.

Es el momento de indicar que Sonsoles, si está en su mano, debería renunciar a un ratito de audiciones y ensayos y tomar cartas en el asunto de las corbatas de su marido. Es bien cierto que las mujeres modernas -y, por tanto, muy ocupadas- ya no están para elegir y comprar la ropa de sus esposos, pero cualquier regla debe contemplar sus excepciones en caso de necesidad.

No digo yo que cambiar las corbatas de Zapatero sea tan urgente como cambiar el socialismo madrileño, pero, con lo que hoy importa la imagen, ambas tareas tienen en común sembrar las bases de los futuros triunfos electorales socialistas. A esto hemos llegado.

Es más, ya puestos a decirlo todo, es preciso igualmente recabar el socorro de Sonsoles o de quien sea en la renovación de los trajes del presidente. A Rajoy -y no digamos a Gallardón- le sientan mejor los trajes que al presidente. Puede que Zapatero no tenga interés en la ropa por creer que eso puede distraerle de arreglar España, pero el hecho es que el presidente lleva unos trajes muy anodinos. De jefe -incluso de subjefe- de planta de grandes almacenes, como siempre se ha dicho. Más en concreto: las sisas de sus americanas -con perdón- llevan un cosido muy contundente y están muy altas, lo que tiene una doble consecuencia indeseable: el presidente aparece -por más que sonría- como un hombre demasiado rígido y encorsetado y, por ende, estrecho de hombros. Esto no es bueno para la imagen de un político que debe aparentar disponer de hombros y espaldas suficientemente anchos como para soportar el peso de las graves responsabilidades que lleva encima.

En fin, ya está dicho. Tal vez su acuerdo sobre las corbatas sea más sólido que su acuerdo sobre ETA, pero ayer Zapatero y Rajoy se acercaron en algo.

© Mundinteractivos, S.A.