Cuando aún persiste, pertinaz, el chorreo de artículos sobre los hechos acontecidos en mayo de 1968, Nicolas Sarkozy y el auge, caída y remonte del principio de autoridad, José Manuel Otero Novas acaba de publicar El retorno de los césares,que la editorial Libros Libres ha tenido a bien incluir en un catálogo en el que las obras de Vidal-Quadras y Mayor Oreja se apandillan marciales con las de Pío Moa, César Vidal o las últimas revelaciones sobre Las mentiras del 11-M,y cuya presentación en Madrid apadrinaron, entre otros, el presidente de la Cope y Gustavo Bueno, el filósofo que sugirió que la mejor manera de dar carpetazo al plan Ibarretxe habría sido fusilando a quien lo propuso.

Es probable que muchos lectores se hayan olvidado o no llegaran a conocer a José Manuel Otero Novas, un político vigués que, en el tardofranquismo, rompió sus primeras lanzas como miembro del grupo Tácito y que, a fines de los años setenta e inicios de los ochenta, llegó a ser ministro de Educación y Presidencia en los gabinetes de Adolfo Suárez, antes de recalar, tras el naufragio de UCD, en las filas del Partido Popular.

Retirado de la política de partido, Otero figura, en la actualidad, como presidente del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad San Pablo CEU, de la Asociación Católica de Propagandistas, y compagina el ejercicio de la abogacía con una desenfrenada carrera literaria que incluye títulos tan inequívocos como los siguientes: Nuestra democracia puede morir (1986), Defensa de la nación española (1998) o Asalto al Estado. España debe subsistir (2005).

Supongo que quienes hoy auscultan el frufrú de las sotanas como ayer escrutaban el ruido de sables no se perderán El retorno de los césares.Tampoco deberían perdérselo quienes, aficionados a tales ejercicios retóricos, quieran comprobar cuántas páginas pueden llegar a pasarse, en busca de la autoridad pérdida, tras jugar a pasar la del 68. Leyéndolo podrán comprobar que la democracia cristiana española también tiene intelectuales con freno y marcha atrás a los que, por otra parte, no les duelen prendas si, para ampliar el horizonte y poder situar la desintegración de España en un contexto cósmico, hay que disfrazarse de época para ir a pescar ideas en aguas turbulentas.

En 1918, el pensador Oswald Spengler profetizaba la llegada de un nuevo orden en el que unos nuevos césares pasarían a primer plano y una elite de hombres de acero daría fin a la molicie dominante. José Calvo Sotelo, Benito Mussolini y Adolf Hitler, lectores impenitentes de Spengler, acogieron con entusiasmo sus augurios. Y los resultados son de sobras conocidos.

Casi un siglo después, Otero Novas, recurriendo a un nietzscheanismo de pacotilla, vuelve a poner en circulación esta profecía en el contexto de una visión pendular de la historia en la que las etapas apolíneas se alternarían con las dionisiacas: la etapa apolínea iniciada en 1945 estaría llegando a su fin y se avecinaría una nueva etapa dionisiaca, la de la vuelta de los césares, que pondría fin a la oleada de nihilismo, relativismo, hedonismo y tolerancia que nos invade. Como, según las crónicas, explicó Gustavo Bueno en la presentación, el objeto del libro es hacer un diagnóstico de nuestra civilización occidental, determinar dónde estamos, y anunciar el próximo fin de una era y la llegada de otra. Para el autor de la obra se trataría de activar minorías, de tejer redes, para de tal modo poder anticipar y dirigir estos cambios. Y, por supuesto, de no poner demasiadas esperanzas en Nicolas Sarkozy, que no sería más que un cordero con piel de lobo.