CONSULTORIO ATÍPICO

Tras unas elecciones, se analiza la abstinencia electoral. Pero ¿por qué razones había que ir a votar?

JOAN-CARLES DE BLAS BARCELONA

Dijo Oscar Wilde: "El problema del socialismo es que te quita muchas tardes libres". Se refería a la implicación que requiere un régimen como éste por parte de sus miembros.

A la implicación de los ciudadanos en la política se le llama "participación". En la política que no es democrática, ésta es imposible: de hecho y por definición, nadie "participa". En la democracia es distinto. Se parte de que es, como se estableció en la antigua Grecia, el gobierno del pueblo y, además, recordó Lincoln, por el pueblo y para el pueblo. Nadie queda fuera. La participación es su marca fundacional, y con ello, un derecho y un deber. Lo que ocurre en nuestros días con la población inmigrante, que está al margen, aunque sea por motivos legales, de la vida democrática, no deja de ser una anomalía que pone en riesgo esta clase de vida colectiva.

El comportamiento electoral, es decir, ir a votar o no, y votar una opción u otra, es un elemento clave de la participación política. Pero no es el único. Cuentan otras formas de implicación, variables según los países: participación en programas y campañas, en grupos de seguimiento y crítica gubernamental, en la elección de funcionarios y jueces, en la acción comunal y la movilización ciudadana, si cabe. Cuanto más directa es la democracia, es decir, sin el protagonismo de los representantes elegidos, más decisiva es esta participación. Pero no es menos importante y necesaria en nuestras democracias representativas. Por eso hay que poner en su debido límite a la conducta electoral, se participe mucho o poco, porque no lo es todo.

Pero votar es el mecanismo imprescindible en cualquier tipo de democracia. Pues de lo que se trata es de participar en las decisiones políticas (derechos, normas, impuestos,…) y porque hasta ahora no se ha descubierto nada mejor, o menos malo, que acabar traduciendo una opinión personal en un voto, y concluir que tal o cual opinión es la mayoritaria por simple recuento de votos. No obstante: ¿es una obligación votar? Veamos. Las leyes que salen de la democracia son de obligado cumplimiento; pero, antes, lo que nos lleva a la democracia, es decir, las conductas y la opción misma por la democracia, en lugar de hacerlo por la autocracia o el déspota de turno, todo eso es voluntario, no es obligado. Y es así, porque se trata de la democracia. Es por lo tanto voluntario ir a votar, participar en general. Pero una vez se opta por la democracia, es un deber moral, ya que no legal, el ir a votar. Es un deber en libertad y deliberado, que presupone nuestra libre voluntad; pero es un imperativo moral. Hay quien esgrime razones misceláneas: votar "después de que ha costado tanto conseguirlo"; votar "para poder quejarse después"; para "impedir que gobierne el adversario político"; o porque es "la solución menos mala". Y otros motivos, cada uno con su razón particular.

Pero la razón general para participar con el voto es que la democracia, sea cual sea su cultura participativa, es un régimen de voto, no de sables y silencio. La abstención es contraria a la democracia, aunque no se lo proponga, ni ésta pueda oponérsele, como democracia que es. El imperativo es evitar tal contrasentido y votar, salvo que por razones democráticas la excepción del imperativo sea superior a su seguimiento. Bien podría ser; pero entonces ¡hay que expresarlo! Y someterlo a voto. De hecho, el voto en blanco dice algo así.