Las elecciones y sus consecuencias políticas, de Oscar R. Buznego en La Nueva España
A partir del momento en que se cierran los colegios electorales, lo primero que todo el mundo desea saber cuanto antes es quién ganó las elecciones. Es lógico que sea así por diversas razones. Nuestra curiosidad suele obtener una pronta respuesta gracias a la claridad del resultado y a la rapidez con que se lleva a cabo el recuento de los votos. Sin embargo, a veces ocurre que el escrutinio no arroja un claro ganador, los dos principales partidos se atribuyen la victoria y la pregunta permanece abierta durante algún tiempo. Al cabo de ese tiempo, por lo general muy breve, las dudas se despejan y la opinión pública establece un vencedor.
Algo así ha ocurrido a propósito de las elecciones celebradas el 27 de mayo, y de una manera muy especial en Asturias. El resultado ha sido el más ajustado de los producidos hasta la fecha y nunca la distribución del voto en unas elecciones fue tan parecida a la registrada en la convocatoria anterior como en esta ocasión. Los electores residentes decidieron que un partido obtuviera más votos y el otro se adjudicara, no obstante, más escaños, dando pie con ello a una controversia sobre lo que no deja de ser una anomalía democrática que conviene evitar que se produzca. Uno y otro, PSOE y PP, se presentaron como triunfadores en la noche electoral. Después, la situación fue tomando una inclinación favorable al PSOE hasta quedar resuelta tres días más tarde con la lectura de los votos emitidos por los residentes en el exterior. En conclusión, el vencedor indiscutible de las elecciones es el PSOE, aunque con una diferencia mínima de votos.
Al final, la sensación de fracaso invadió a los dirigentes del PP y quedó reflejada en sus gestos y sus palabras. De nada parece haberles servido estar a punto de lograr un empate. Sus expectativas eran las más elevadas, pero la organización siempre estuvo a un nivel muy inferior. Es posible que los asturianos deseen algún tipo de cambio político, pero es claro que no han otorgado al PP la confianza que sus candidatos les habían solicitado para llevarlo a cabo. La elaboración de las listas fue en general desacertada y más discordante de lo que están dispuestos a admitir los electores. Su campaña ha sido un modelo de desbarajuste, incomprensible en un partido que en la última década ha estado en la vanguardia de la profesionalización de la actividad política, ajustando su puesta en escena al diseño de expertos en medios, estrategia y marketing electoral. La crónica de las elecciones en Villaviciosa ilustra a la perfección lo que intento decir. El hecho es que en Asturias, al contrario que en España, el PP hoy se encuentra maltrecho, en plena crisis y necesitado de una urgente recuperación que ha de pasar por remover personas y estilos.
En efecto, el PSOE ha obtenido mejores resultados en Asturias si medimos éstos en términos de votos, escaños y posiciones de poder, que es como deben ser medidos en primera instancia. Las elecciones son el procedimiento preferido por los ciudadanos de las sociedades avanzadas para seleccionar a los componentes de la clase política, alcaldes, concejales y diputados autonómicos entre ellos. Los procesos electorales desempeñan la función básica de conferir legitimidad a los gobiernos locales al resolver la lucha por el poder de un modo aceptable. Pues bien, en la competición electoral el PSOE ha conseguido una mayoría de escaños en la Junta General que le permitirá seguir al frente del Gobierno de Asturias, sentará 18 concejales más en los ayuntamientos y el número de alcaldías en sus manos sobrepasará ampliamente la cincuentena, tiñendo de rojo casi todo el mapa municipal de Asturias. En resumen, la primera consecuencia de las elecciones autonómicas y municipales aquí es que el PSOE conserva y aumenta el poder que ya tenía. La victoria socialista lo es en mayor medida en tanto que el PP, su principal adversario, ha perdido 8 concejalías y deberá ceder un número de alcaldías aún por determinar. Si el PSOE ha sumado más votos en 39 concejos y ha recibido menos en otros 39, el apoyo electoral al PP ha crecido en 34 municipios pero ha disminuido en 44. Las cifras, al respecto, son inequívocas, dejan escaso margen para la discusión.
Pero cabe interpretar las elecciones a partir de un supuesto diferente, del que parten a menudo los dirigentes políticos, los medios y los expertos. Según una premisa expuesta entre nosotros por J. M. Vallés, los comicios locales cumplen una función «menos explícita» que la de configurar los gobiernos municipales o autonómicos, cual es la de difundir un mensaje del electorado sobre la situación política general. Las elecciones locales se convierten así en unas «primarias» que anticipan el resultado de las siguientes elecciones generales o en una especie de plebiscito sobre la gestión del Gobierno de la nación. Según el politólogo catalán, la significación del resultado de las elecciones locales en clave de política nacional será mayor cuanto más próxima esté la convocatoria de las generales.
Y éste es el caso. Aunque las elecciones en España entera han resultado tan igualadas que los dos partidos mayores se han autoproclamado vencedores, los números del comportamiento electoral agregado indican que el ganador ha sido el PP. Por otro lado, la agenda política consume páginas a gran velocidad y da la impresión de que lo único que conserva actualidad de dichas elecciones es el número y el porcentaje de votos obtenidos por los partidos, con el fin de proyectarlos hacia las próximas elecciones. Ellas son desde ahora, ya lo estamos viendo, el punto de referencia de toda la actividad política del país. Hasta el punto de llegar a discutir como cuestión prioritaria un posible adelanto de la convocatoria al otoño. El reparto de escaños en los parlamentos autonómicos y los ayuntamientos, cuando los gobiernos respectivos todavía no se han formado, parece un aspecto de la actualidad política de menor entidad, que importa sólo a efectos de ver qué partido se encuentra mejor situado para disputar el voto en las inminentes elecciones de primer orden, aquellas en las que está en juego el Gobierno de la nación.
De acuerdo con los sondeos poselectorales realizados por encargo de diferentes medios de comunicación, una mayoría de españoles considera que el ganador de las elecciones ha sido el PP y que el resultado es un avance de lo que ocurrirá en las generales. Así piensan casi todos sus votantes, mientras que entre los electores que han dado su apoyo a PSOE e IU un tercio no se pronuncia y la opinión del resto está dividida casi por la mitad. El 80% de los votantes socialistas opina que Zapatero debería tomarse el resultado de las elecciones locales como un serio aviso de cara a las generales. Apoyado en los resultados y estos datos, el PP se muestra convencido de sus posibilidades, al mismo tiempo que la inquietud ha brotado en varios elementos de la formación socialista.
Todo esto puede resumirse diciendo que el PP ganó las elecciones en España y el PSOE hizo lo propio en Asturias. Pero lo cierto es que algunos datos de las elecciones celebradas en el Principado parecen estar en sintonía con el clima político nacional que se ha creado. Un dato es el triunfo parcial del PP en la circunscripción central, que tiene un electorado más urbano, más volátil y, por ello, más abstencionista, circunstancia que actúa contra los partidos de izquierdas desde los años ochenta. Los electores de Oriente y Occidente, en cambio, muestran una actitud deferente y leal hacia el partido de su gobierno local y autonómico, lo que se ha traducido en una mayor participación y en un predominio absoluto del PSOE en las tres décadas de elecciones democráticas, con la única excepción del triunfo del PP en Oriente en 1995. Otro dato de enorme interés es la reducción de la diferencia entre PSOE y PP en Gijón, de nueve a cuatro puntos. Como lo es la igualdad entre ambos partidos en Avilés y Siero, escondida tras el éxito de las listas independientes en las elecciones municipales, que ha facilitado la victoria del PSOE en los dos concejos. El dato más destacado de Oviedo es la ausencia de novedad alguna desde 1995, año de la primera mayoría absoluta de Gabino de Lorenzo.
Lo que ha ocurrido en la circunscripción centro puede representarse mediante la imagen de un seísmo de baja intensidad, cuyo epicentro estaría localizado en Gijón y que no ha llegado a manifestarse en la superficie, por lo que ha podido pasar desapercibido. Este movimiento del electorado, aunque poco expansivo por el momento, estaría señalizando corrientes de fondo que pudieran estar formándose y acabarán por emerger con toda su fuerza en el mapa electoral asturiano en un tiempo breve.
El PSOE ha conseguido más poder y los electores han confirmado las expectativas del PP para el inmediato futuro. ¿Cuál de estos balances electorales tiene hoy más valor en la política española? Quizá no lo sepamos hasta después de las ya muy próximas elecciones generales. Entonces comprobaremos si el comportamiento electoral de los españoles alcanza por fin cierta estabilidad, después de dos décadas de realineamientos y cambios de mayorías. Entre tanto, hay que ver y sorprenderse de las consecuencias que están teniendo en España y en Asturias unas elecciones que, si nos dejamos abstraer por los grandes números, pensaremos que han sido un calco de las anteriores.
Tres observaciones prospectivas vienen a cuento. Una es que el terrorismo será el tema central de la política española hasta el mismo día de las votaciones y que es el asunto que más está erosionando la confianza de los ciudadanos en el Gobierno y en su presidente. Otra es que la participación electoral en las legislativas será en torno a 10 puntos superior a la registrada en éstas. Y la tercera es que la clave de las próximas elecciones estará en la capacidad de movilización de los electores que tenga cada partido. De manera que en los meses que vienen vamos a asistir a una gran batalla entre PSOE y PP por atraerse a la opinión pública. La campaña electoral de las generales ha comenzado. Si es que ya hemos dado por concluida la anterior, claro.
Oscar R. Buznego es profesor de Ciencia Política de la Universidad de Oviedo
