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10 Junio 2007

La nueva vida de las fortunas familiares, de Conchi Lafraya en La Vanguardia

CAMBIO DE PROTAGONISTAS EN LA ECONOMÍA

La venta de empresas de toda la vida ha proporcionado a sus accionistas ingresos superiores a 15.000 millones

La venta de compañías de segunda y tercera generación está contribuyendo a la aparición de una nueva ola de ricos desconocidos para el gran público. Hasta ahora, siempre se citan como las primeras fortunas españolas al presidente del grupo gallego Inditex, Amancio Ortega, o su ex mujer, Rosalía Mera; a Esther Koplowitz, presidenta de la empresa de construcción y servicios FCC; Rafael del Pino, presidente de Ferrovial, y banqueros como Juan y Carlos March o Emilio Botín, presidente del Santander.

Sin embargo, el cambio generacional en las empresas, la gran liquidez que existe en el mercado español, las economías de escala, la dura competencia asiática o simplemente el oportunismo han contribuido a que muchas compañías de origen familiar se hayan vendido a grupos competidores o hayan caído en manos de grupos inversores, como los fondos de capital privado, que han registrado un auge espectacular en los últimos años.

La venta total o parcial de las últimas veinte empresas españolas con fuerte impronta familiar ha proporcionado a sus accionistas ingresos por un importe superior a los 15.000 millones de euros.

La forma de desinversión en el negocio de toda la vida ha sido diferente en cada uno de los casos. Compañías familiares como las de los Hinojosa, ex propietarios de Cortefiel; los Costafreda, ex accionistas de Panrico, y Miguel Fluxá, anterior dueño de Viajes Iberostar, son algunas de las que han aprovechado el momento de gloria que vive el sector de los fondos de capital privado en España para hacer caja. "Los fondos están valorando las compañías por encima de lo que los propios dueños piensan porque hay sinergias que ellos no consideran", dice Javier Quintana, director de servicios y estudios del Instituto de Empresa Familiar (IEF).

Otros empresarios, como el fundador de Fadesa, Manuel Jove; el presidente de Riofisa, Mario Losantos, o la familia castellano-leonesa Fernández-Fermoselle han aprovechado otro tirón, el del sector inmobiliario. Sus empresas han sido opadas por Martinsa, Inmocaral y Grupo San José, respectivamente. Pero el final ha sido el mismo: sus accionistas se han incorporado al club de las primeras fortunas españolas.

Lo que asemeja a Jaime Castellanos, ex presidente del grupo de comunicación Recoletos, a la familia asturiana Cosmen, ex propietaria de la empresa de autobuses Alsa, o a la familia catalana Bernat, fundadora de Chupa Chups, es que han dado paso en sus compañías a grupos extranjeros industriales. La última gran operación acordada es la venta de la cadena de supermercados Caprabo por 1.200 millones, en este caso a un competidor nacional, el grupo vasco Eroski. Aún se desconoce qué nuevos negocios podrían emprender sus accionistas.

Después de la venta de la empresa, la cuestión es cómo y en qué reinvertir lo ingresado. Los nuevos magnates suelen acudir a bancos de inversión o intermediarios financieros para que les gestionen su patrimonio de forma efectiva. Habitualmente, crean carteras diversificadas, que incluyen renta variable cotizada, renta fija, inmuebles y participaciones en empresas que no cotizan en bolsa.

Según Ramón Santos, director de Empresa Familiar de KPMG Abogados, "es fundamental que planifiquen sus actuaciones antes de ejecutarlas". Santos considera que "es muy importante saber qué se desea realizar a partir del día después de la venta, pues ello determinará, incluso, la forma de la venta. Por ejemplo, explica, "no es lo mismo vender las acciones que tienen las personas físicas que las participaciones que el holding familiar tenga en el grupo o empresa operativa, y ello a efectos fiscales, hereditarios y de inversión".

Una de las grandes amenazas es el varapalo que les puede dar Hacienda por los beneficios obtenidos con la venta de la empresa. Por ello, muchos empresarios buscan después reinvertir de forma rápida o crear vehículos financieros, que tributan a tipos más bajos. De hecho, la figura de la family office (oficina de familia), creada y usada en los países anglosajones, se está haciendo un hueco en España. Esta figura se constituye para administrar el patrimonio de una familia. En ocasiones, la gestión la lleva un banco de inversión, mientras que en otras se crea un equipo específico con expertos en fiscalidad y contabilidad, en compras y adquisiciones, y en derecho para ejecutar compras futuras.

Habitualmente, en esas family office hay un miembro de la familia o un profesional cualificado que da el visto bueno a las inversiones. Algunos ejemplos muy conocidos son los de las sociedades Omega Capital, de Alicia Koplowitz y dirigida por Óscar Fanjul; Pontegadea, de Amancio Ortega y que tiene al frente a José Arnau Sierra, o Landon, de la familia Gallardo y capitaneado por Julio Cazorla.

Javier Quintana destaca que, paradójicamente, los ex dueños de Cortefiel o Panrico vendieron sus empresas a fondos de capital privado y ahora "han creado a su vez vehículos de capital riesgo para reinvertir, ya que el trato fiscal y la nueva legislación les favorece". Otra de las familias que se sumarán en breve a esta fórmula es la valenciana Serratosa, después de vender Gamesa por 1.600 millones.

La legislación vigente indica que si una empresa obtiene una plusvalía por la venta de determinados activos, ese beneficio extraordinario tributa al tipo general, pero si el importe obtenido de la transmisión se reinvierte en determinados activos, la empresa puede aplicar una deducción del 20%.

Enrique Quemada, socio de One to One, destaca que "si desean acogerse a las deducciones por reinversión, deben invertir en más de un 5% de una empresa. Pero ello resulta en ocasiones difícil en empresas cotizadas, por lo que deben derivar una parte importante de su patrimonio a empresas no cotizadas, en las que invierten como minoritarios para no asumir las responsabilidades y complicaciones del control y dirección del día a día empresarial". Por ello, explica Quemada, "habitualmente el 60% del patrimonio se intenta invertir en empresas no cotizadas y activos inmobiliarios; mientras que el 40% restante se diversifica entre renta fija y renta variable".

El plazo para llevar a cabo la reinversión con un tratamiento fiscal favorable es el año anterior a la transmisión y los tres posteriores. Lo habitual es que se realice la reinversión cuanto antes, ya que el proceso de negociación para entrar en el capital de una empresa no cotizada puede alargarse y hay que asegurarse de entrar en el plazo estipulado.

Con una reinversión rápida, se evita, además, tener el patrimonio ocioso o incurrir en costes de transacción derivados de realizar varias inversiones consecutivas. Por eso, es habitual que el empresario estudie de antemano dónde va a invertir los fondos que obtendrá con la venta del negocio familiar.

Respecto al tipo de sectores en los que les gusta entrar a estos nuevos adinerados, "es tremendamente heterogéneo", subraya Juan Ramón, director de productos de Atlas Capital. "Los inversores de procedencia inmobiliaria suelen tener preferencia por mantenerse en el sector del ladrillo, pero buscando oportunidades de diversificación vía mercados de Europa del Este o a través de inmuebles dedicados a la logística", añade.

Enrique Quemada dice que cuando entran en compañías del mismo sector tienen la ventaja de que pueden aportar su know how,su base de relaciones y, además, "saben detectar si entran a buen precio y si hay recorrido". En ocasiones, cuando no se trata exactamente del mismo sector, eligen sectores afines con los que han estado relacionados y que conocen bien, proveedores, clientes o empresas relacionadas. Quemada pone como ejemplo: "Un vendedor de empresa de transporte de pasajeros en autobús nos solicitó recientemente inversiones en el sector logístico, en renting de vehículos o en empresas de transporte".

La familia Martínez, tras la venta de la compañía de bollería Repostería Martínez, ha seguido invirtiendo en compañías del sector alimentario, como Panificadora Ampuriabrava (Pacfren), entre otras. Igualmente, Enric Borràs, después de vender la mítica empresa familiar Juguetes Borràs, creó su propia compañía importadora y distribuidora de juguetes, Toys Europe Group.

Otros eligen empresas con calado relativamente parecido al original, como la familia Bernat, que ha invertido en Conway (sector logístico y de la distribución alimentaria) con parte de los fondos obtenidos por la venta de Chupa Chups.

En otros casos, sin embargo, las inversiones se alejan totalmente del sector de procedencia. Es la opción que ha tomado la familia Hinojosa tras la venta de la firma de moda Cortefiel: sus inversiones se han dirigido al capital riesgo, al sector inmobiliario y al hotelero.

No hay que olvidar, por otro lado, que algunos aprovechan el momento de la venta de la empresa familiar para aumentar o en algunos casos iniciar sus actividades de contenido social o cultural y crear fundaciones dedicadas a labores de asistencia social y sanitaria.

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