IDEAS Y DEBATES

Hace unos pocos años nadie de nuestra profesión y vocación temía verse en la obligación de redactar unas líneas apresuradas y llenas de congoja para dar cuenta de la pérdida que desde la noche del 6 de junio sufre la familia de los economistas españoles; bajo el rudo golpe de la noticia difundida por todos los medios de comunicación resulta imprescindible trasladar a los demás la pesadumbre que, ustedes lo comprobarán, desborda las fronteras estrictas de la Economía para hablar, también, de Enrique Fuentes Quintana, ciudadano ejemplar, siempre dispuesto a dar más de lo que recibió.

Enrique Fuentes Quintana, nació el 13 de diciembre de 1924 en Carrión de los Condes (Palencia), donde recibirá el descanso que ha merecido después de muchísimos años de brega. Hoy me toca escribir lo que jamás creí me correspondería hacerlo, después de una amistad forjada ya en 1955, y que es de dominio público.

Antes de entrar en la inacabable referencia de sus tres oposiciones a Cátedra, muy brillantes todas, a la de Economía y Hacienda de la Universidad de Valladolid; después a la Complutense y a la UNED, no puedo dejar de recordar cuántas veces llegamos a hablar de nuestras respectivas carreras universitarias. Enrique Fuentes nunca olvidaba su condición inicial, que fue ni más ni menos que la de maestro nacional.

Enrique jamás minusvaloró este primer eslabón de su larga y admirable carrera docente. Más de una vez, y de ello es testigo nuestro común amigo Juan Velarde, daba como un hecho casi lógico su capacidad de explicación de la economía, incluso a personas que no podían ser incluidas en el gremio,ni tan sólo exhibiendo representación política. Eran los que Fuentes llamaba "economistas bajo palabra de honor".

En su etapa como vicepresidente segundo y ministro de Economía, ante los riesgos de una inflación latinoamericana, cristalizó la gran operación de consenso que ha pasado a la historia como los Pactos de la Moncloa. En términos más concretos, diríamos que su trayectoria pública empezó en 1958 (O. M. de Alberto Ullastres por la que se creaba una Comisión de trabajo con Juan Sardà, Enrique Fuentes y Fabián Estapé), y dio los primeros pasos en el delicado tema del tipo de cambio, que finalmente se colocó en sesenta pesetas por dólar; la comisión había arrancado sus estudios desde el tipo de cambio folklórico de 42 pesetas por dólar...

Un 'advicer' imprescindible

Siempre fue Enrique el adviser imprescindible; le rodeaba su intachable fama de honestidad, y su preferencia estaba en el sector público porque siempre decía que su reforma y dinamización constituían la mejor garantía para el sector privado.

A nadie puede sorprenderle, -en nuestro medio al menos- que desde 1962 hasta 1974 Enrique Fuentes diera solidez a las hoy impensables sesiones de la llamada Comisión Consultiva, todos los miércoles por la tarde en Castellana, 3. No siempre, todo lo que muchos, con Enrique Fuentes a la cabeza sembramos -con la ilusión de aquellos ilustrados asturianos que a finales del siglo XVIII aportaban todo lo que podían para la gran tarea de "ensanchar el caletre de los españoles"- se pudo recolectar.

Aún siendo lo que hemos dado mucho y -dispensen la autocomplaciencia- también es más lo que hemos recibido. Y vale también el recuerdo de todo lo que ha hecho Enrique Fuentes, otorgando deseos y horas y horas en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas que ha presidido hasta su óbito. No quiero dar por terminada una exposición de la vida y la obra de Enrique Fuentes Quintana. Lo haré en mejor ocasión. Hoy, descanse en paz -la merece el amigo y maestro- en su natal Carrión de Los Condes: en su pueblo y cerca de una calle premonitoria que le recibe al igual que hace muchos años desplegó su niñez.

Fabián Estapé - Economista.