El G-8 y la necesidad de "Más Europa", de Francesc Granell en La Vanguardia
IDEAS Y DEBATES
Esta semana ha tenido lugar la 33 ª reunión del Grupo de los Ocho (G-8) en la población balneario báltica de Heiligendamm. En la vecina Rostock y para no variar en cónclaves de este tipo altermundistas violentos de las más variadas tendencias han organizado protestas antiglobalización con el lamentable balance final de un millar de heridos.
Estas reuniones a nivel de jefes de Estado y Gobierno de los grandes se iniciaron con carácter anual en 1975 en el castillo de Rambouillet, cerca de París, bajo invitación del entonces presidente francés Giscard d´Estaign. En aquella ocasión se reunieron solamente las seis grandes potencias económicas occidentales (Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón) a las que luego se han unido Canadá y Rusia , Como la Comunidad Europea participa en sus trabajos hoy podemos hablar del G-9 más que del G-8.
Reconociendo que el Mundo de hoy no es el de 1975 desde el G-8 de Gleneagles de 2005 se invita a los lideres de cinco grandes países fundamentales en las relaciones mundiales actuales (China, México, India, Brasil y Sudáfrica) y desde la Cumbre de Kananaskis de 2002 los principales líderes africanos (Argelia, Egipto, Nigeria, Senegal , Sudáfrica así como el Presidente en ejercicio de la Unión Africana) son invitados a la reunión para discutir de los problemas africanos de pobreza y subdesarrollo.
Con esto y con la participación del secretario general de las Naciones Unidas y los máximo ejecutivos de las principales organizaciones económicas internacionales el G-8 debería tener la potencialidad necesaria para poder "cambiar el mundo".
Es cierto que el G-8 ha ido ganando en contenido al ir pasando revista a los grandes problemas económicos y políticos mundiales de cada momento. En las sucesivas cumbres se han ido haciendo recomendaciones que han permitido que las grandes organizaciones internacionales pusieran en marcha iniciativas para abordar temas tan relevantes como la liberalización comercial, la reforma monetaria, la condonación de una parte de la deuda externa de ciertos países en desarrollo, el incremento de los bajos montantes de la ayuda a los países en desarrollo y otros .
La realidad dista de ser de color de rosa. El G-8 carece de un Secretariado Ejecutivo que permita dar continuidad a sus trabajos y carece de un sistema de seguimiento y verificación adecuado para ver en qué se traducen las conclusiones adoptadas por las cumbres anuales y por las reuniones ministeriales que se han ido vertebrando progresivamente a su entorno, pero no hay consenso para cambiar el sistema.
Pese a estas limitaciones la labor del G-8 es positiva, pero lo que asusta de la reunión del G-8 de este año es el clima de enfrentamiento que se ha producido entre los líderes y la venta que los servicios de prensa de los respectivos dirigentes hacen de sus disputas cara a sus respectivas opiniones públicas nacionales sin que la motivación auténticamente global ocupe el lugar que inspiró los inicios de estas cumbres cuando el mundo contaba con menos de la mitad de la población mundial actual y cuando la economía y la sociedad mundiales no estaban globalizadas como lo están hoy y los países en desarrollo no habían alcanzado el peso demográfico y económico que hoy tienen.
La canciller alemana, Angela Merkel, presidenta rotatoria del G-8, había elegido como temas estrella de la reunión económica de este año las cuestiones de energía y medio ambiente y la cuestión del subdesarrollo. Ello resultaba un elección casi evidente si pensamos que Al Gore acaba de ganar el premio Asturias de cooperación internacional por su campaña en la materia y que ha sido premiado, incluso, con un Oscar de Hollywood por su reportaje al respecto, al tiempo que todos somos conscientes de que los países ricos no hacen lo suficiente para que el Sistema Mundial y su propia acción coadyuven al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2000.
Propuestas propias
En esta área económica ha quedado claro que los diferentes países tienen sus propias propuestas y ya se intuía que se avanzaría muy poco, como de hecho ha sucedido, habiendo quedado patente que la China de Hu Jintao no piensa reducir su ritmo de desarrollo en pro de la sostenibilidad medioambiental y que los Estados Unidos de Bush pretenden se concierte una nueva estrategia climática entre los grandes polucionadores en vez de ratificar de una vez el Protocolo de Kioto. Lo mismo podríamos decir respecto a la culminación de la Ronda de Doha en que los proteccionismos y los intereses particulares siguen imponiéndose al mundialismo que los 150 miembros de la OMC dicen defender.
En el ámbito político la reunión de Heilingendamm y su preparación han permitido la escenificación de una especie de retorno a la Guerra Fría en unos términos que no se conocían desde la disolución de la antigua Unión Soviética lo cual es, además, especialmente grave si pensamos que una parte del enfrentamiento proviene de que varios de los mas recientes miembros de la UE están sucumbiendo a la presión de EE. UU. para la instalación de nuevas bases militares y del Escudo Antimisiles que Bush, al tiempo que Putin exterioriza una gran indignación respecto a ciertas cuestiones mundiales y a las críticas que se le hacen pese a estar en la última fase de sus negociaciones para ingresar en la OMC y en la OCDE. Habría , aquí, quizás, que recordar que Bush y Putin están al final de sus respectivas presidencias y que ambos quieren hacer olvidar sus propios problemas internos con peleas que sólo deberáin suavizarse en base a negociaciones y no en base a exhibir la potencia militar o energética que cada uno de ellos puede exhibir para tratar de recuperar el posicionamiento ahora perdido.
En este enfrentamiento de Guerra Fría entre los colosos militares nucleares que se ha visto en el G-8 , solamente una Unión Europea políticamente fuerte podría ejercer un papel moderador pero, por desgracia y a falta de un Tratado Constitucional Europeo que nos pueda traer más Europa y un poderoso Ministro de Asuntos Exteriores Europeo , los antiguos miembros del bloque soviético hoy incorporados a la UE parecen fiarse más de Estados Unidos que de Europa para su seguridad externa con lo que el papel político de Bruselas no está a la altura que Europa debería tener por su peso económico y comercial en el mundo.
Francesc Granell - Catedrático de OEI - Economista y abogado. Catedrático de Organización Económica Internacional de la Universidad de Barcelona y miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Es, asimismo, Director General Honorario de la Comisión Europea y Presidente de Ciudadanos por Europa.
