La economía española marcha bien, la Bolsa es de las que más se revalorizan, las empresas mantienen su confianza en el sistema: no hay lugar para ninguna de las alarmas lanzadas por el «radical liberalismo». Ésa es la tesis del autor del artículo, que replica aquí a planteamientos expresados por el economista Juan Velarde.

El pasado día 23 de mayo irrumpió en campaña electoral un premio «Príncipe de Asturias» y consejero del Tribunal de Cuentas. Obviamente lo hizo a favor del PP, porque para ello don Juan Velarde es presidente del Observatorio Económico de FAES y habitual tertuliano de la cadena Cope. Lo hizo, a su vez, en un tono tan innecesariamente sectario que no se compadece con su condición de egregio profesor. Yo, en la mía de humilde aficionado a la economía política, me propongo clarificar alguna de las ideas que se expresan en su columna de opinión. Lo haré, hasta donde sea posible, con cifras oficiales.

Parece deducirse de esa opinión escrita que uno de los problemas fundamentales de nuestra economía, en estos momentos, es la cuestión de la productividad. Se supone que nuestra baja productividad es la causa, junto con el diferencial de inflación, del déficit comercial. Pero culpar ahora al Gobierno socialista de la manifestación de este problema es poco menos que desconocer la Historia, cosa imposible en un académico de la ídem. El problema no es ése, sino el del sectarismo. Las cifras pueden resolver dudas.

Lo que las cifras nos dicen no permite al profesor del que me ocupo defender la idea de que el PP es el partido de la productividad porque tal aserto se aleja considerablemente de la realidad. Eso es mera política, pero no rigor científico alguno. Más aun, en fechas muy recientes, el Banco Central Europeo dio a conocer un artículo en el que se indaga en los diferenciales de crecimiento que existen en los países de la eurozona y ahí podemos observar que, midiendo tan sólo la productividad del trabajo por hora, los retrocesos de la variable son bien evidentes.

La segunda cuestión es la energética y los problemas que dice que se nos avecinan en ese terreno. Es innecesario ocuparse en demasía de este asunto: todos esos argumentos acaban sustanciándose en la defensa de la energía nuclear.

En tercer lugar hay en esa opinión escrita una referencia a nuestro sistema de Seguridad Social al que se sitúa, cómo no, en alarma. Pues bien, lo más ajustado que se puede decir es que nuestra Seguridad Social, que tiene como finalidad fundamental la sustitución de rentas salariales cuando llega la hora de la jubilación, lo hace en un porcentaje, en cada nivel de renta, que está por encima de todos los países europeos. ¿Y no precisa reformas? Sí, claro que sí. Necesita reformas, pero no la sustitución por un sistema de planes de pensiones privados, que es lo que las entidades financieras vienen persiguiendo hace años.

¿El precio de la vivienda se desacelera y eso es el aviso de grandes males para nuestra economía? ¿Pero no era lo que venimos buscando para que los jóvenes accedan a la propiedad? ¿No sigue la Bolsa española la marcha viva que presentan hoy las más importantes del mundo? En todo caso no sufre, al menos, las caídas profundas que experimentó el Ibex en 2001 y 2002. Y, por cierto, la mejor prueba de confianza de las empresas en nuestra economía es, precisamente, la evolución de la inversión en bienes de equipo. El último dato conocido no hace sino confirmar cuanto digo. Desconozco los datos que maneja el profesor, pero es sencillo entrar en la web es.finance.yahoo.com y comprobar que, desde julio de 2006, el Ibex ha experimentado un crecimiento del 32%, el Dow Jones del 20%, y el Ftse del 15%.

También constituyen un problema, según el profesor, los niveles salariales, que son «contenidos». ¿Pretende acaso que sean incontenidos? Tales niveles se determinan en los convenios y son el resultado de los acuerdos entre agentes sociales. ¿Deberían, entonces, los sindicatos ser más exigentes? Dudo mucho de que desde el PP se defienda eso, porque los funcionarios saben que sus salarios, que sí determina el Gobierno en los Presupuestos Generales del Estado, sufrieron una pérdida de capacidad adquisitiva muy importante en el período 1996-2004.

Luego está la cuestión de las reformas estructurales que Aznar y Rato acometieron y ahora se encuentran hibernadas. Pues bien, no es preciso traer a colación la vuelta atrás de la reforma laboral. Y es demasiado aburrido ya referirse a las privatizaciones de empresas públicas, porque el paso del tiempo ha dejado claro que en aquella reforma no se trataba de otra cosa que de poner al frente de esas empresas rentables a hombres de confianza del PP: Juan Villalonga, Manuel Pizarro, César Alierta, Rodolfo Martín Villa, Alfonso Cortina, Francisco González, etcétera.

Por cierto que el profesor utiliza al Fondo Monetario Internacional como argumento de autoridad en opiniones sobre la economía española. En verdad que hay publicadas otras opiniones sobre nuestra economía que difieren de sus opiniones alarmistas. En la página web del Banco de España se encuentra un documento titulado «La situación actual y las perspectivas de la economía española» en el que cualquier lector puede encontrar argumentos sobre nuestro futuro inmediato más serenos y menos contaminados políticamente, en estos momentos, que los del FMI.

El FMI, por desgracia, ha enseñado la patita en el último informe sobre nuestra economía. Sin precedente alguno ni en informes sobre España ni sobre ningún otro país, expresa opiniones sobre la CNMV que tienen su enjundia. No deja de ser curioso que el señor Rato, máximo responsable del FMI, se atreva a opinar sobre una institución sobre la que ejerció su responsabilidad como ministro de Economía en los tiempos de Gescartera; en la época del mandato de Pilar Valiente, Luis Ramallo y un largo etcétera. Hay que ver, ¡qué independientes eran aquellos personajes!

En suma, del artículo de campaña al que me estoy refiriendo uno extrae la conclusión de que es cierto eso que se dice de la economía: que se trata de una ciencia lúgubre, tenebrosa. («Nos esperan muchos años grises, cuando no negros». Velarde), ciencia de la que se dice que es la única que permite entregar el máximo laurel científico -el Nobel- a dos personas que sostengan ideas contrapuestas.

El artículo de opinión del que me ocupo trae causa en realidad de un «Manual de campaña» del PP en materia económica, que seguramente había sido redactado y compuesto en el Observatorio Económico de FAES. De esa existencia de un argumentario económico de campaña, por cierto, informó el diario «El Mundo». La cuestión no concluye ahí porque posteriormente tuvo lugar un hecho hilarante. El tan citado Observatorio organizó, cara a la campaña, unas Jornadas de economía en el hotel Regente de Oviedo en las que participaron destacados miembros de FAES. Pero tal fue el nivel científico de lo tratado que el PP decidió embargar los textos y el contenido de los debates. Lisa y llanamente porque el PP asturiano entendió que aquella doctrina destilada en Oviedo arruinaba su campaña. ¿De qué se trataría en esa reunión? No me digan que esto no es extraño: una reunión científica de la que no se puede conocer nada de nada, ni tan siquiera su existencia. De ahí que yo, que sí estaba informado por uno de los asistentes, insistiera durante la campaña electoral en la existencia de un programa oculto del PP. En fin, algún día sabremos de las soluciones que para Asturias nos reserva el Observatorio Económico de FAES. Todo se acaba sabiendoÉ y todo se sabrá. El problema, amable lector, no es otro que el radical liberalismo económico que esta gente de FAES maneja y difunde. Véase, si no, un texto de los que ellos publican y presentan como doctrina correcta. La FAES publica numerosos trabajos de análisis económico y social. Uno de los que se han colgado en la página web de la citada Fundación trata del salario mínimo y está precedido por una cita de Walter Block, economista de la llamada escuela austriaca. Dice así:

«Algunos animales son más débiles que otros. Por ejemplo, el puercoespín es un animal indefenso excepto por sus púas; el ciervo es vulnerable, excepto por su velocidad. En la economía también hay personas relativamente débiles. Los discapacitados, los jóvenes, las minorías, los que no tienen preparación, todos ellos son agentes económicos débiles. Pero, al igual que les ocurre a los seres del mundo animal, estos agentes débiles tienen una ventaja sobre los demás: la capacidad de trabajar por sueldos más bajos. Cuando el Gobierno les arrebata esa posibilidad fijando sueldos mínimos obligatorios, es como si le arrancaran las púas al puercoespín».

(Reproducido por Soledad Gallego-Díaz. «El País», 13/03/05).

¿Cómo lamentarse después de que los salarios estén contenidos?

La conclusión del artículo no tiene desperdicio. Se trata de nuevo de las reformas estructurales de nuestra economía. En razón de ellas, y a causa de ellas, se asemejan las figuras de Fernández Villaverde, Navarro Rubio, Ullastres, Aznar y Rato, a las que se eleva al pedestal de la Historia. No son el momento ni el lugar para comentarios -ni yo la persona adecuada- sobre las consecuencias del llamado Plan de Estabilización que llevó a la emigración a centenares de miles de españoles. Lo que sí extraña es que quien en su momento reaccionó con «escepticismo y reparos» a aquel plan sea partidario ahora del encumbramiento histórico de sus autores. Hay que ver lo que va de ayer a hoyÉ Y, sobremanera, si el mérito histórico de Aznar y Rato son las reformas estructurales, he de reiterar que sus hechos notorios y notables se circunscriben a las privatizaciones. Líneas atrás me referí a las verdaderas causas de las mismas.

En fin, tal selección de personajes ilustres en el decurso de la economía nacional me llevó a una reflexión que devino en conclusión: Dios los cría y ellos se juntan.

Javier Fernández Fernández es secretario general de la Federación Socialista Asturiana (FSA-PSOE)