DOS EN LA CARRETERA

El intercambio epistolar de esta semana se centra en las consecuencias políticas de la declaración de ruptura de alto el fuego por parte de ETA. Él entiende que Rajoy le hace el juego al presidente al no solicitar de inmediato su dimisión y el anuncio de elecciones anticipadas. Considera que Zapatero ha «resucitado» a la banda y, por ello, no caben contemplaciones. Ella advierte que sólo queda un puñado de meses para las generales y la prioridad en este momento debe ser acabar con ETA. El futuro del presidente no le quita el sueño: tras el fiasco del proceso de paz, «está acabado», asegura.

SOSPECHAS DE PARIPÉ EN EL FIN DE LA TREGUA

Querida Cayetana...

En lugar de presentar su dimisión irrevocable, Zapatero, en un ejercicio de cinismo elevado al cubo, ha puesto delante del PP la muleta de la «unidad de los demócratas». Da toda la sensación de que Rajoy está dispuesto a embestir al engaño. Unidad de los demócratas, sí. Pero sin Zapatero. El presidente por accidente ha fracasado. Democráticamente no tiene otro camino decente que dimitir y anunciar la convocatoria de elecciones anticipadas. Y eso es lo que debe exigir el PP, en lugar de hacer el juego bobamente al ludópata político que ha resucitado a Eta. No puede haber contemplaciones con el hombre que ha destrozado la Transición, ha hecho el juego a los etarras y ha abierto el camino de la independencia de Cataluña. Hay que arrumbarle en los desvanes de la dimisión.

Y eso, querida Cayetana, suponiendo que no estemos asistiendo a un nuevo paripé. La credibilidad de Zapatero, embustero, es tan baja que algunos analistas, habitualmente penetrantes, creen que el comunicado de Eta y la reacción zapatética es una nueva maniobra. Un conocido catedrático de Historia, admirado por la sagacidad de sus análisis, me decía ayer que estamos ante una nueva componenda para llegar después al abrazo de Vergara. No lo creo yo así pero está claro que con Zapatero no se puede ir ni a la vuelta de la esquina. El PP tiene que exigir su dimisión y el anuncio de elecciones anticipadas.

Querido Luis María...

No me sorprende que personas inteligentes y bien informadas crean que estamos ante lo que tú llamas «un nuevo paripé» y otros, «una ruptura pactada». Después de tres años de engaños y deslealtades, hay nuevos motivos para sospechar de un desencuentro cordial entre el Gobierno y ETA: el contenido del comunicado de los terroristas que pone fin a su tregua trampa (contradictorio, hueco, infantil); el electoralismo sin escrúpulos de un presidente obligado por el escarmiento de las municipales a exhibir firmeza de cara a las generales; y el objetivo común de evitar a toda costa la vuelta del PP al poder. Sin embargo, yo tampoco sostengo esta hipótesis siniestra, ni me la quiero creer: ¿Estarían pactadas también las detenciones? ¿Y los atentados?

Volvamos, pues, a la verdad constatada: el fracaso de la política de diálogo con los terroristas, que Zapatero hizo suya, no sabemos si antes o después de llegar al Gobierno. Estoy contigo en que este fracaso, ecuménicamente reconocido, sin matices ni paliativos, requiere no sólo una inmediata rectificación en los hechos, sino también la asunción de responsabilidades. Porque el coste para la lucha contra ETA ha sido enorme: el enfrentamiento entre los constitucionalistas, el descrédito del Estado de Derecho y el fortalecimiento de los terroristas. Pero sobre todo porque es la mejor forma de evitar que Zapatero o cualquier otro optimista antropo-ilógico (como lo ha llamado con crueldad fraternal Gabilondo) vuelva a enarbolar un día la maltrecha bandera del final dialogado de la violencia. La autocrítica es la mejor vacuna contra los experimentos que acaban mal.

Dicho esto, Luis María, a estas alturas del partido, cuando quedan apenas unos meses de legislatura, yo no me centraría en pedir la dimisión del presidente del Gobierno ni la convocatoria anticipada de elecciones. La prioridad debe ser acabar con ETA; Zapatero ya está acabado. Su único proyecto, la columna vertebral de su discurso y su razón de ser como presidente del Gobierno están hoy rotos en pedazos. Zapatero se inventó un personaje como contraposición al PP de la Guerra de Irak. Aquel Gran Pacificador se ha jibarizado en un minúsculo apaciguador. No le queda nada. Ni el talante, ni la sonrisa, ni el crédito, ni la confianza, ni la ilusión. Sólo un victimismo estratégico y ávido de confrontación con el PP.

Hoy, la esperanza de los españoles vuelve a estar donde estaba hace tres años y medio: en la fortaleza del Estado de Derecho, en la aplicación estricta y previsible de la Ley, en la acción policial, y en la unidad de los demócratas que quieren derrotar a ETA para recuperar su libertad. Este objetivo ineludible, este gran proyecto de futuro, requiere un nuevo liderazgo, con ideas claras, voluntad firme y la credibilidad intacta. Zapatero puede devolver a De Juana Chaos a la cárcel de donde lo sacó. Puede prescindir de quien hasta ahora era su principal interlocutor político y un «hombre de paz». Incluso puede impedir -y ojalá lo haga- que los proetarras de ANV tomen posesión de sus cargos como concejales. Pero no conseguirá convencer a nadie de que es la persona adecuada para hacer frente a la mayor amenaza que ha tenido y tiene España. Sus rectificaciones no son los cimientos de una segunda oportunidad. Son los parches que le deja a su sucesor.

DOS FORMAS DE VER LA POSICION DEL PP

Querida Cayetana...

Una cosa es que Zapatero no piense ni loco en dimitir ni en convocar elecciones anticipadas, salvo cuando entienda que le conviene, y otra muy distinta la exigencia democrática que los profesionales responsables y los partidos serios deben plantear. De lo que ha ocurrido, Eta es culpable; Zapatero, responsable. Tu carta es, pues, como siempre, lúcida y coherente, salvo en la sumisión partidista. El PP sabe que, por mucho que se lo exija, Zapatero no va a anunciar su dimisión irrevocable ni a convocar elecciones anticipadas. Y tu partido está buscando las vueltas a la situación para obtener el máximo provecho. Mi discrepancia, ante esa estrategia, es completa. Estoy contra el merengue y la componenda, contra la pusilanimidad y la dialéctica débil.

Lo que espera el ciudadano medio es que Rajoy le diga a Zapatero: «Usted ha resucitado a Eta, que en 2004 estaba moribunda. Usted ha sido burlado en su política de concesiones a los terroristas con grave perjuicio para el bien común de los españoles. Usted lleva tres años engañándonos con embustes y trapisonderías. Y usted ha fracasado. Váyase, señor Zapatero. Dimita de forma irrevocable y anuncie elecciones anticipadas para el próximo mes de octubre».

Después se podrá hablar con seriedad de la «unidad de los demócratas» en la lucha contra el terrorismo, unidad que pasa por restablecer el pacto constituyente de la Transición entre el centro derecha, hoy concentrado en el PP, y el centro izquierda del PSOE, pacto que representa a más del 80% del pueblo, y que, en lo sustancial, no puede cuartearse para hacer concesiones a los partidos nacionalistas, como PNV, ERC, BNG y otros.

Como te dije en mi primera carta tampoco yo creo en «el nuevo paripé», en «la ruptura pactada», en «el desencuentro cordial» entre Zapatero y Eta, para facilitar la reelección del presidente por accidente. Pero cada vez hay más gente de relieve intelectual que sí cree en ello, que piensa que la maniobra a la que asistimos es otro embuste, un nuevo engaño perpetrado por el grupo pensante de Moncloa.

Querido Luis María...

Comprendo tu impaciencia y la de la inmensa mayoría de españoles. Y no sólo porque es imprescindible cerrar el paréntesis Zapatero antes de recomponer la unidad de los demócratas. Sino también porque en estos tres años de mal gobierno y de desgobierno, tu presidente por accidente nos ha hecho a todos un poco peores. Todas las instituciones, del Tribunal Constitucional a la CNMV, de la Monarquía al Parlamento, del Consejo de Ministros a la oposición, de la Generalitat al más recóndito ayuntamiento de España, han salido mal paradas: unas, porque han hecho lo que no debían; la mayoría, porque no les han dejado hacer lo que querían. Nada de eso es gratis. Se ha rebajado el listón moral y la exigencia intelectual. A la iniciativa de este Gobierno, Luis María, sólo se ha podido reaccionar con su misma frivolidad, con resignada pasividad o con dolorosa y preocupada rebeldía. El Partido Popular ha hecho lo que debía y, aun así: ¡cuánto mejor hubiera sido una legislatura en la que la oposición hubiese podido apoyar al Gobierno en la lucha contra el terrorismo! Ha sido imposible. No había margen legal ni moral.

Ya te he escrito que este ciclo ha terminado. Lo comprobamos en la entrevista de Gabilondo. Hay políticos que dejan legado y testamento; hay otros que dejan memoria de agravios e inventario de amenazas. En una esquizofrénica actuación, Zapatero basculó entre el papel de víctima y el de justiciero amenazador. Víctima de ETA, que (pásmate, Luis María) resultó perseguir objetivos políticos; pero sobre todo del PP, al que Zapatero dedicó sus más compungidos reproches. Afirma que hemos centrado nuestra labor de oposición en la crítica de la lucha antiterrorista. Por lo visto, hubiese preferido que dedicásemos más brío y pugnacidad a criticar su revisión unilateral del marco constitucional, sus alardes y piruetas en materia de política exterior, o su rescate y reforma de la memoria histórica.

Pero Bambi también sabe hacer de lobo feroz, y desde hace unos días frunce su entrecejo circunflejo y agresivo. Pulverizado el discurso de la Paz y amortizado el de la Guerra, Zapatero busca desesperadamente un argumento para movilizar a sus bases. Y, oh sorpresa, Luis María, ese argumento es el PP. Por eso da por fracasado de antemano el encuentro de mañana en La Moncloa. Por eso sus escuderos nos imputan falsamente una perversa «estrategia de erosión». No caigamos en la trampa de la confrontación, Luis María. No entremos a los trapitos rojos de 'Pepiño' ni respondamos a las groseras provocaciones de Bermejo. No hagamos oposición con ETA, sino oposición a ETA. Trabajemos para que España vuelva por fin a la política de la derrota de los terroristas que jamás debió abandonar.

UNA ENTREVISTA Y UNA ANÉCDOTA

Querida Cayetana...

De acuerdo contigo, mira por dónde: la entrevista concedida a la Cuatro por el presidente por accidente resultó patética. Zapatero se tambalea en el centro del ring. Un buen gancho de derecha lo enviaría a la lona. Ha conseguido, sin embargo, que el PP y una parte de los comentaristas hayan embestido la muleta de la unidad de los demócratas.

Rajoy debió madrugar a Zapatero. No lo hizo. Rajoy debió anticiparse al presidente de la sonrisa helada, presentarse de manera fulminante en televisión y, ante el rotundo fracaso de la política gubernamental que significaba el comunicado de Eta, exigir la dimisión de Zapatero y la convocatoria de elecciones anticipadas, convocando a una manifestación popular contra la banda terrorista. En esa manifestación, que debió celebrarse ayer sábado, un millón de ciudadanos hubieran clamado contra el terrorismo etarra, exigiendo además, la dimisión del presidente. Eso es lo que reclamaba la situación.

Ha pasado lo contrario. Zapatero, como ocurrió tras el bombazo de Barajas, se anticipó a Rajoy y, desde la televisión, recondujo su fracaso adonde le convenía: exigir al PP que se sume a la unidad de los demócratas en torno a él, cuando lo primero que hay que hacer para conseguir ese fin imprescindible es extirpar del cuerpo social español el cáncer zapatético.

Querido Luis María...

Como no he ido al teatro esta semana (ni la anterior), y para no volver a las tribulaciones de Zapatero, te voy a contar una anécdota de esta última campaña electoral: imagina un pueblo pequeño, arrebujado en los oscuros montes guipuzcoanos. En la fachada de la vieja iglesia de piedra, carteles con fotos de presos etarras y el emblema de la serpiente y el hacha. El ambiente es denso y hostil.

De pronto, aparece un coche, que aparca junto al ayuntamiento. Se bajan tres personas: una mujer menuda, acompañada de sus dos escoltas. Juntos, improvisan un fondo de escenario y un atril. La mujer coge el micrófono e hilvana un discurso con sus propuestas para el pueblo. Habla de progreso, de apertura y de libertad. Su público se reduce a una sola persona, un hombre de mediana edad.

Al acabar el mitin, se acercan el uno al otro, se dan la mano y las gracias, y se despiden. Ella -Regina Otaola, portavoz del PP en las Juntas Generales de Guipúzcoa y ahora también heroica alcaldesa del feudo batasuno de Lizarza- ha desafiado el miedo y las amenazas para hablar. Él -un ciudadano anónimo- ha superado el temor y los prejuicios para escuchar. En este encuentro fugaz está la esencia de una sociedad tolerante, libre y democrática. La que juntos tenemos que construir.

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