CANELA FINA
«Con el comunicado de Eta, toda mi política antiterrorista se ha derrumbado. Por razones de exigencia democrática y de dignidad personal, presento mi dimisión irrevocable y anuncio que en agosto se convocarán elecciones anticipadas, a celebrar en el mes de octubre».
Esto es lo que debió decir Zapatero en su comparecencia ante los españoles en televisión. Por el contrario, lo que hizo fue pedir la unidad en torno a él, es decir, exigió al Partido Popular que olvide los errores zapatéticos, los embustes y las trapisonderías de su negociación con Eta y se sume a una política incierta, pues el presidente, al que la banda ha engañado como a un pardillo, estaría dispuesto a demostrar de nuevo su talante en cuanto los terroristas abrieran otro resquicio trampa; y, en todo caso, atenderá antes a las exigencias de los partidos nacionalistas vascos que a las del PP. El presidente por accidente cambió en 2004 de socio constituyente. Hasta esa fecha, conforme al espíritu de la Transición, las decisiones sobre los grandes asuntos de Estado, entre ellos el terrorismo, se tomaron siempre con el acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales, que representan a más del 80% del pueblo español. Zapatero marginó al PP y ha tomado esas decisiones por poco más del 50%, con el apoyo de los partidos nacio-nalistas que quieren trocear a España.
Rajoy puede retomar la política merengosa en su visita el lunes a Moncloa. Puede también mantenerse en la energía y claridad que le han dado la victoria en las municipales. Y decirle a Zapatero: que mientras firmaba el pacto por las libertades y contra el terrorismo, negociaba ya con Eta; que tras la victoria por accidente en 2004, decidió presentarse a las próximas elecciones generales como el gran pacificador y, sin contar para nada con el PP, ordenó a Eguiguren abrir una negociación subterránea con Eta; que, tras contraer con los terroristas una serie de compromisos que el tiempo ha ido desvelando, la banda anunció el 22 de marzo de 2006 un alto el fuego permanente; que internacionalizó el conflicto como deseaba Eta y lo llevó al Parlamento europeo; que, a pesar de las multitudinarias manifestaciones contra su política, prosiguió con sus concesiones a Eta, en cumplimiento de los compromisos contraídos; que, como no cumplió con todo lo que se había comprometido, la banda se lo recordó con la atrocidad de la T-4 de Barajas; que, en lugar de romper entonces pública y claramente con Eta, continuó con sus embustes a la opinión pública y siguió negociando bajo cuerda con la banda; que excarceló a De Juana Chaos, evitó el encarcelamiento de Otegui y permitió a los terroristas presentarse a las elecciones e instalarse en las instituciones; que había iniciado ya el camino para satisfacer a la banda con la concesión de Navarra; que Eta, conseguidos sus propósitos iniciales y convenientemente rearmada, se ha mofado de él y le ha tratado como a un pardillo fracturando la tregua trampa, a la espera de que le convenga en su día engañar a otro incauto con un nuevo proceso de paz.
Y que, después del desastre, Zapatero no tiene otro camino digno que pedir perdón a los españoles, cantar la palinodia en compañía de Sonsoles, presentar la dimisión y anunciar la convocatoria de elecciones anticipadas, en lugar de exigir una unidad por él quebrada cuando decidió marginar al Partido Popular, entenderse con los partidos nacionalistas y contraer compromisos subterráneos con Eta, que ha roto el alto el fuego «por el incumplimiento de algunos de esos pactos que jalonaron una crónica de deslealtad y ocultación a la sociedad española».
Rajoy, por consiguiente, debe exigir a Zapatero en su reunión del lunes en Moncloa y en el Congreso el miércoles, que dimita y convoque elecciones anticipadas, a celebrar, por razones vacacionales, en octubre próximo. Todo lo demás es bailar el agua a una situación insostenible, por mucho que se empeñen en decir lo contrario los medios adictos y los tertulianos domesticados, lanzados en tropel al clamor por la unidad.
«Estamos mejor que hace un año y dentro de un año estaremos aún mejor», afirmó solemnemente Zapatero el 29 de diciembre pasado. Estábamos bastante bien el 14 de marzo de 2004, con Eta inoperativa y moribunda. Zapatero, el ludópata político, jugó entonces el órdago de una política insensata y ha resucitado a la banda terrorista, ahora de nuevo reorganizada, financiada, rearmada y operativa.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española
© Mundinteractivos, S.A.

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