El otro día estaba con un amigo y me explicaba que su hija adolescente había vuelto de viaje de fin de curso. Al ver las fotos se dio cuenta de que no sólo había hecho muy pocas, sino que apenas había personas. Entonces el padre, mi amigo, preguntó a su hija que por qué apenas tenía fotos con sus amigas; a lo que su hija contestó que cada una de las amigas que había ido al viaje tenía las suyas y que ya habían quedado para entrar en 'sus espacios' y verlas todas.

Algo impensable hace sólo unos años, pero que inexplicablemente funciona. Muchas personas que hayan nacido hace más de 30 años recordarán como en las familias numerosas de antaño, no era muy habitual que cada niño tuviera una habitación, sino que ese privilegio de tener tu habitación para ti solo llegaba con la edad. Ese espacio propio, era algo muy especial que sólo compartías con tus amigos. Un símbolo que te aproximaba al mundo adulto y que ayudaba a dejar atrás la etiqueta de niño.

Un mundo que ahora está a disposición de cualquiera a tan sólo un clic de distancia, ya que ahora cualquier persona puede ver tu cuarto o conocer tu espacio más íntimo en Internet. Así como ese cuarto de adolescente dotaba de identidad un espacio concreto gracias a los pósters u otros objetos personales casi de culto, años más tarde vemos como esa idea se ha trasladado a la Red. Ahora todos desean tener esa identidad digital para poder enseñarla al mundo entero. Y lo más curioso es que esa identidad ya no es personal sino que se construye entre todos.

Una identidad cuya creación no es sólo un fenómeno de adolescentes, como muchos piensan. Esa quizá sea la gran diferencia o el gran cambio que ha precipitado en tan sólo unos años. A una cierta edad, los padres permiten a sus hijos decorar su cuarto con elementos que le ayuden a reforzar su identidad. Pero lejos de lo que pueda parecer o incluso de lo que hasta hace poco pensaba el mercado, datos muy recientes reflejan que plataformas como MySpace no suponen en absoluto o en exclusiva un fenómeno de adolescentes, pues casi la mitad de sus usuarios son mayores de 35 años. Sus más de 100 millones de usuarios registrados en todo el mundo, automáticamente le habilitan un lugar en el podio de los más deseados de Internet y una de las propiedades más valiosas del panorama online.

Hasta ahora, este tipo de plataformas se han desarrollado principalmente sobre la base de los ordenadores personales, y en ellas la utilidad del móvil quedaba relegada al envío o recepción de contenidos. Pero ahora comienzan a diseñarse redes sociales online de segunda generación que aprovechan el infinito potencial de la movilidad: Una tendencia que aunque incipiente aún, tiene amplios visos de desarrollo en un futuro acompañada de nuevos términos como geolocalización o geoposicionamiento, que pronto ganarán presencia en nuestras vidas, con los problemas de pérdida de privacidad que conlleva. Aunque quizá lo realmente relevante de estas experiencias, sea que permiten observar cómo el entorno digital se ha convertido en una extensión de nuestra identidad y creatividad, ya que cada vez nos comunicamos y relacionamos cada vez con mayor soltura y naturalidad por entre esos espacios híbridos de realidad y virtualidad. El individuo del nuevo milenio, marcado por los tiempos hipermodernos, participa además en la tarea de construcción de ese espacio colectivo, de esa nueva identidad móvil digital que, a buen seguro, formará una parte importante del mañana.