Ay, los líderes políticos, tan ocupados en las alianzas, en cómo van a quedar dentro de los gobiernos municipales en los que logren entrar. Son días de intensas negociaciones, en los que sólo cuentan las cuotas de poder. No están para otra cosa. Y menos para ellos mismos, ni para reflexiones sobre lo ocurrido el domingo. ¿Dijeron que reflexionarían - aquellos que llegaron a tanto- para quedar bien, o pensando que de verdad iban a abrir un proceso encaminado a cambiar, acercarse a los ciudadanos o algo parecido? Los que no eran del todo insinceros tal vez se imaginaban que, una vez concluido el proceso negociador, en tiempos de mayor sosiego, ya tendrían ocasión de elaborar sus reflexiones. Pero luego resulta que el carrusel de la política se acelera en vez de aminorar: que si las próximas elecciones, que si los sobresaltos de los titulares de prensa, que si tal o cual conflicto o fuego fatuo que apagar antes de que prenda en serio. Quien crea que los políticos reflexionan en estos días sobre otro asunto que no sea el alcance, uso y disfrute del poder local, pues nada, a seguir en el limbo. Hasta el momento, nada más previsible y tópico que las declaraciones de los líderes sobre los resultados, a no ser las de los entrenadores y futbolistas tras un partido, que se llevan la palma. La gran diferencia es que no hay elecciones cada fin de semana.
Dediquemos unas pocas líneas a la crítica del párrafo anterior. En síntesis, consistiría en afirmar que en él se abona el distanciamiento de los electores, los posibles y los reales, hacia la esfera de lo público, y a la postre se fomenta la abstención. Qué remedio. Lo contrario sería desconectar del ambiente ciudadano. Lo contrario sería abandonar la labor crítica del periodista para ingresar en el círculo de la política de partido. En descargo, reitero que los niveles actuales de abstención en las municipales me preocupan poco. Como hemos visto en países de nuestro entorno y volveremos a constatar en las generales, la abstención arrecia cuando hay poco que dirimir y remite cuando en unos comicios se juega algo fundamental, y todavía más si los resultados no aparecen cantados. El presente empate entre PSOE y PP, más real de lo que mide el CIS, propicia una alta participación (que no depende, pues, de lo que podamos decir o callar los columnistas).
En cambio, el día que un líder declare que va a replantearse esto o aquello, entonces podremos, si no empezar a creer en algo, sí a tomar nota para luego ver en qué ha consistido el replanteamiento. En todo caso, cabe preguntarse si tienen serios motivos para preocuparse. ¿Los tienen? Suponiendo que la respuesta sea afirmativa, la siguiente pregunta versa sobre el margen de maniobra real de cada partido. ¿En qué grado existe este margen? A nivel general español, es ínfimo. Zapatero y el PSOE van a procurar seguir en una tónica tan calmada como puedan. Cuanto menos ruido, mejor. Al contrario de Rajoy y el PP, que además de redoblar los ataques van a añadir probablemente un ala centrista a su oferta. Es lo que manda la lógica. En cuanto a los catalanes, ni el PP ni IC tienen terreno para reubicarse. No así el PSC, pero nadie le ve urgencia. Cualquier intento de remedio al suave pero persistente declive socialista podría ser peor que la hemorragia de votos, pues generaría no pocas tensiones internas y entre sectores dispares de su electorado. Lo mejor que pueden hacer es seguir como están, meter entre el público tanto miedo al PP como puedan, a fin de propiciar la repetición del magnífico resultado obtenido en las pasadas elecciones al Congreso. (Repetición que se me antoja casi imposible, pues entonces el PP perdió en Catalunya la mitad de votos y diputados por el 11-M y lo predecible es que ahora se normalice, o sea, que experimente una subida tan espectacular como aquel bajón.)
El margen real para cambiar está en dos de los tres partidos nacionalistas (CDC y ERC). No por lo que ocurrió el domingo, sino por lo que podría ocurrir si CDC sigue sin socio a la vista para recuperar la Generalitat, y si ERC entra en la órbita socialista y pasa a ser un satélite que tire del PSC lo que buenamente pueda hacia el catalanismo, del mismo modo que IC tira hacia la izquierda. Pero que existan el margen y el motivo para replantearse algo significativo (riesgo de que el nacionalismo pierda la mayoría absoluta que siempre ha tenido en el Parlament) no significa que los respectivos replanteamientos vayan a ser para hoy o para mañana. Estamos todavía en el ciclo del nuevo Estatut. Por peligro que corra en el Constitucional - y también soy de los que lo minimizan- está por empezar su puesta en marcha real, y nadie sabe lo que va a dar de sí su aplicación.
Todo va, pues, a seguir más o menos igual hasta las generales. Si después gobierna el PP, tendremos tripartito reivindicativo para rato. De lo contrario, puede haber replanteamientos. Ay, los políticos. Ay, ay, las circunstancias que no dependen de ellos.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados