Hay palabras que han nacido para jugar. Aunque aparentemente presenten una apariencia tranquila, tarde o temprano saltan del diccionario y te demandan atención, hasta que no te queda otra que hacerles caso y jugar con ellas. Esto me ocurrió anoche con el título de este artículo. Jugando, jugando, me di cuenta de que una de las cosas que más preocupa a las personas, el "unirse" con otras, suele ser el resultado de un magistral enroque que los vaivenes y traqueteos de la vida actual convierten, a veces y con un simple movimiento de ficha, en "un irse".

No sólo el universo de los afectos ha cambiado mucho en los últimos años, sino que también lo ha hecho la forma de unirse. Igualmente ha cambiado la forma de desunirse. Quizá reflejo de la naturaleza impaciente que impregna nuestros días, de los más de 200.000 matrimonios que se celebran en España cada año, la mitad se rompe y cerca del 52% no dura más de diez años. Si tal y cómo aseguran algunos, el amor sólo dura tres, el tiempo de crédito de los otros siete habrá que achacarlo a los motivos más diversos. En el último cuarto de siglo, desde que entrara en vigor la ley de divorcio, las cifras constatan más de un millón de separaciones y de más de 700.000 divorcios. El próximo 7 de julio la sanfermina –ley de reforma de la regulación del matrimonio- cumplirá 26 años.

Esta ley, al elaborarse, planteaba el matrimonio como un derecho constitucional y el divorcio como el último recurso al que los cónyuges podrían acogerse cuando era evidente que, tras pasar un periodo de prueba, la convivencia era inviable. Pero un cambio de tendencia que intenta seguir la rauda estela y la esencia de nuestros días, ha eliminado de un plumazo ese periodo de gracia y ha inventado el divorcio exprés: ágil y fácil. Según un reciente estudio de finales de mayo, en España hay un divorcio cada 3,7 minutos, lo que nos sitúa –ya era hora de que fuéramos los primeros en algo- a la cabeza de la Unión Europea. Aunque no piensen que somos los únicos que generamos noticias kafkianas. Volviendo a la pole de divorcios… este dato: ¿es bueno o malo? Desde mi perspectiva es un dato de esos que se enconan y resisten a ser valorados.

Por un lado me viene a la mente la imagen de un fragor de dobles de Elvis casando a tutiplén y el temor de que esto pueda convertirse el algo parecido a Las Vegas. Por otro, es cierto que hay parejas que no se sostienen ni con SuperGlue, y si se anticipa un final nefasto, quizá "una retirada a tiempo sea una victoria". Aunque también hay que decir que la paciencia no es precisamente una virtud que derrochen los tiempos hipermodernos, lo que repercute directamente en la resistencia de la unión y provoca que muchas parejas no aguanten ni dos asaltos. Aunque si hablamos de tendencias del connubio, no podemos pasar por alto el enorme incremento que tienen las bodas entre personas del mismo sexo, que cuentan incluso con tiendas especializadas.

Lo bueno que tiene vivir en tiempos en que las riendas de la vida las lleva el mercado y no las personas, es que rápidamente aparecen soluciones fáciles para cualquier inconveniente que pueda acontecer, aunque, eso sí: todo tiene un precio. Ante cualquier contingencia posible, ya existen seguros que corren con los gastos de la boda en caso de anulación o aplazamiento. Eso sí, de momento no se han atrevido a cubrir los desperfectos derivados de la fragilidad emocional o de cualquier contingencia fruto de una inestable estructura amorosa. Para los que gusten de tramas al más puro estilo Hitchcock digital, hay hasta quien se sirve de hackers para controlar su divorcio. Y para terminar este rápido repaso por las últimas noticias sobre el matrimonio, como si estuviéramos en una de las deliciosas novelas de Rodrigo Muñoz Avia, aquellos que deseen encontrar a los perfectos pretendientes, no tienen nada más que visitar las webs que ofrecen candidatos intachables. Otro día, cuando una palabra me insista en que quiere jugar le diré que no pues, aunque ahora y parafraseando a Carmen Martín Gaite lo raro sea unirse, al final, siempre te lían.