EL presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, realizó ayer una fulgurante y exitosa visita a Madrid en la que se entrevistó con Zapatero y Rajoy y fue recibido por el rey Juan Carlos. Las relaciones con Francia se han caracterizado durante estos últimos años por una más que aceptable sintonía después de la crisis entre ambos países vivida por el alineamiento de José María Aznar con George W. Bush en detrimento de las posiciones históricas de España con el eje franco-alemán. La llegada de Zapatero a la Moncloa sirvió para una sustancial mejora en las relaciones bilaterales, más allá de que la inanición política de Jacques Chirac no se tradujo en ningún resultado positivo que no fuera la siempre importante cooperación en materia antiterrorista. La llegada de Sarkozy al Elíseo supone un escenario nuevo y la posición de España está, en buena manera, aún por definir. El presidente francés parece interesado en cerrar acuerdos con Alemania y que los demás países, simplemente, se sumen a ellos. Habrá que ver si la extrema cordialidad demostrada ayer en las escaleras de la Moncloa se traduce en un mínimo papel en materias relevantes como el protagonismo en el Mediterráneo o si, por el contrario, el hábil Sarkozy nos reserva para la foto final de los temas europeos simplemente un papel de fiel escudero.
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