Esta tarde, el flamante presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, se acerca a Moncloa para comentar la jugada con Rodríguez Zapatero, con el que mantiene un excelente nivel de relaciones personales y políticas. Es su tercer desplazamiento en la agenda de visitas de Estado –a Blair le recibió en París-, tras su encuentro en Berlín con Angela Merkel y en Bruselas con Durao Barroso.
Merkel, Barroso y Zapatero. Toda una declaración de intenciones para la hoja de ruta del nuevo presidente galo: anclaje europeo y vocación mediterránea. Respecto a lo primero, la reactivación del motor franco-alemán para devolverle la vida a la Unión Europea. Respecto a lo segundo, una idea germinal, la Unión Mediterránea, que el jefe del Estado francés quiere convertir en un nuevo centro de poder del mundo globalizado. Para los dos proyectos necesita la complicidad de Rodríguez Zapatero y en ambos casos va a contar con ella sin mayores problemas.
En lo que se refiere a la tarea de recuperar el espíritu, no la letra, de la Constitución Europea, en la que Francia pisó el freno mientras que España piso el acelerador, nuestro país, como cabeza de grupo de los países que ratificaron el texto, se limitará a pedir que el nuevo “tratado simplificado” no afecte al espíritu ni al grueso del paquete institucional básico (sistema de voto, políticas comunes, primacía del derecho comunitario sobre el nacional). Enfrente quedan las pretensiones restrictivas de países que, como Francia, Reino Unido, Holanda, Polonia y Chequia, parecen interesados en templar la pasión europeista de algunos países, España entre ellos.
Y en lo que se refiere a la Unión Mediterránea, Zapatero ve con muy buenos ojos la idea de Sarkozy, que pretende fundar un espacio de cooperación y disponer de una nueva palanca de poder internacional. Muy cerca de Oriente Próximo. Y en la mismísima cornisa del bienestar, frente a las costas africanas, de enorme interés para afrontar racionalmente los fenómenos migratorios que amenazan la estabilidad europea.
Cuando Sarkozy, como ministro del Interior de Francia, le contó este proyecto a Zapatero en su encuentro del 27 de febrero pasado, el presidente español ya le dijo que la idea de crear un foco de poder a ambas orillas del Mediterráneo no era nueva para España. Recuérdese el 'proceso de Barcelona'. Sin embargo, en esta ocasión el proyecto nacerá con el apadrinamiento de la nueva Francia de Sarkozy, la Italia de Prodi y la España de Zapatero, amén del apoyo expreso de Portugal, Grecia, Chipre y Malta, y la integración de los países del Magreb
En el plano estrictamente bilateral, Sarkozy y Zapatero hablarán de las interconexiones hispano-francesas, la eterna asignatura pendiente entre ambos países, y, naturalmente, de la lucha antiterrorista, en la que el grado de cooperación está al máximo nivel. La disposición francesa durante los últimos años, y especialmente durante el paso de Sarkozy por el Ministerio del Interior, ha sido incondicional. Y lo sigue siendo.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados