Cuando se hace el análisis de los resultados de una campaña electoral, deben tenerse en cuenta los objetivos y las metas que los candidatos ofertaron a sus electores. Como ocurre en la Liga de fútbol, hay equipos que se contentan con mantenerse en la División en la que están. Otros luchan para pasar de Segunda a Primera y los más potentes ofrecen a sus socios la Liga, la Copa y todo objeto volante que se aproxime a su zona de influencia.
¿Qué prometieron los dirigentes del PP asturiano a sus votantes? Pues que a la tercera iba la vencida, es decir, el Gobierno del Principado. ¿O no fue así, don Ovidio?

Pero todos sabíamos -y usted mejor que nadie- que debían escalar la cima de la mayoría absoluta en solitario al carecer del apoyo que prestan las cordadas de los partidos minoritarios. Pero, eso sí, durante las dos semanas que duró la escalada de las elecciones, se prodigaron en proclamar a los cuatro vientos las bondades que derramaría desde la cumbre del poder, sin advertir que por la cara norte se le adelantaban peligrosamente los equipos contrarios.

Creo que es llegado el momento, una vez pasada la campaña electoral y conocidos los resultados nada halagüeños para el PP, en cuanto a alcaldías y Gobierno se refieren, de someter a crítica los planteamientos y las estrategias seguidas. El campo sobre el que vamos a arar no es el de la culpabilidad, sino el de la responsabilidad. El labrantío de la culpa corresponde a la justicia o al confesor, pero el dar respuesta a los votantes de las promesas no conseguidas es una obligación de los políticos y más si se les advirtió por activa y por pasiva de que con semejante alineación nunca conseguirían el triunfo ni, mucho menos, la Liga.

Pues en éstas estamos, don Ovidio. Ustedes han ganado, por supuesto, 20 o 21 escaños con contrato fijo para cuatro años, pero el Partido Popular asturiano ha perdido en las dos competiciones a las que se presentaba: la municipal -Ribadesella, Villaviciosa, Navia, Infiesto o Castrillón- y la autonómica. Ésta es la cruda realidad que se puede ocultar bajo el verde camuflaje de un número mayor de votos. Comprendo que don Reinerio y demás compañeros lo aireen para autojustificar su derrota y continuar al frente del partido, pero que no intenten, encima, convencernos.

El problema se agrava si analizamos la autosuficiencia y la prepotencia con que se comportaron tanto don Ovidio como su equipo con los militantes del Partido Popular que demandaron democráticamente un cambio de rumbo y de dirección. Ni se les escuchó ni, por supuesto, los recibió.

Tal desazón me produjo un comportamiento tan suicida y tan dañino para el PP de Asturias que el 3 de febrero escribí en LA NUEVA ESPAÑA un artículo titulado: «Todavía se está a tiempo, señores Ovidio Sánchez, Isidro Fernández Rozada y Reinerio Álvarez». Como de costumbre, la respuesta se saldó con el silencio, la inquina y o el desprecio. Pero ahora su tiempo ha pasado y la caprichosa Fortuna presiento que va a rondar otras puertas.

Dada una serie de felices circunstancias, el Partido Popular tenía hace unos meses a su alcance la mayoría absoluta, de haberse atrevido sus dirigentes a designar a los más capaces para gobernar la nave. Y continuaba en el citado artículo: «Si es posible, se puede; y si se puede, se debe. Caso de equivocarme en el pronóstico, lo subsanaré reconociendo el error, pero ustedes, si se mantienen en sus planes y yerran, deberán asumir, además del error, la correspondiente cuota de responsabilidad ante la asamblea». En los partidos su nombre es «congreso». Ordinario o extraordinario. Como quieran, pero convóquenlo ya para afrontar con garantía de éxito los graves problemas internos que se están originando en el partido.

Se aproximan las elecciones generales donde nos jugamos modos y formas de entender el Estado y la nación. Sean lo suficientemente inteligentes como para dudar y poder buscar así a las personas que den respuesta adecuada a las inquietudes e incertidumbres que flotan sobre miles de asturianos. La hora de ofrecer cachivaches y promesas sin cuento ha pasado. Sólo el político que capte el mensaje de inseguridad que el subconsciente colectivo envía, se haga eco de él y genere seguridades, triunfará.

Ésta es la fórmula, pero ¿tiene capacidad y voluntad suficiente la dirección del PP asturiano de captarla? Mucho me temo que no y que, en consecuencia, continuaremos con lo de «hemos sido los más votados» para terminar siendo después los más botados.