Don Fermín Canella, ilustre en grado sumo por muchos conceptos, firmaba un artículo titulado «27 de abril de 1808, efeméride gijonesa», que aparecía en su centenario, el 27 de abril de 1908, en el antes diario republicano, y entonces «diario democrático independiente» de nuestra villa, «El Noroeste».

Y decía el sabio cronista de Asturias: «La primera explosión asturiana, clara y solemne, de ira y de protesta contra Francia manifestando indudables sentimientos de independencia fué en Gijón, a 27 de abril de 1808, aunque con equivocación manifiesta, en mi humilde sentir, los historiadores del alzamiento provincial, señores Álvarez Valdés y Canga Argüelles Cifuentes colocan el suceso en 5 de mayo; Toreno lo fija en el 29 de abril; Rendueles y otros (Somoza, Alonso Bonet, Casariego, el Dr. D. Francisco Cienfuegos, en sus ricas "memorias del Astillero..."; Noriega recientemente), lo refieren al 27 del presente mes y hoy se cumplen cien años, por lo tanto, de aquel tumulto gijonés tan significativo».

Don Fermín, en muy pocas líneas nos coloca ante uno de los «tumultos», y no el menos importante, en que los gijoneses volvimos a marcar el paso a la provincia, después región y hoy comunidad autónoma, tres realidades administrativas distintas para una sola Asturias verdadera; y en esas pocas líneas, con gran economía y, quizá, poco recuerdo de su propia obra, lamenta la «equivocación manifiesta» de los historiadores que colocaron el suceso en el 5 de mayo, o el 29 de abril, olvidando que veintinueve años atrás, en el n.º 13 de «La Ilustración Gallega y Asturiana», revista decenal, Madrid 10 de mayo de 1879, publicaba un ardiente artículo bajo el título «9 de mayo de 1808», al que pertenecen aquellas líneas referidas al suceso del 25 de mayo ovetense, capaces de henchir, aún hoy, de justo orgullo el alma astur, si no anduviéramos, tan sólo enredados en medir metros de autovías y «quitamiedos», reproducir pinturas y cuevas prehistóricas, soterrar vías férreas, diseñar «megatrópolis» centrales y Laborales culturales, casi en cada casa, en cada aldea... amén, por supuesto, de trazar campos y más campos de golf, que han de ser el paraíso del difunto, «el vivo al bollo y el muerto al hoyo», como reza sabio el popular refrán...

Escribía el señor Canella para aquel 27 de abril de 1908: «Y allí (en Oviedo el 25 de mayo de 1808) se declaró solemnemente la guerra á Napoleón. ¡Suceso glorioso que en todas las épocas llenará de legítimo orgullo a los asturianos! ¡Una provincia española, empobrecida y olvidada, se atrevió a retar al coloso de Europa, y el patriotismo asturiano no temió ante el renombre de aquellos veteranos franceses encanecidos en cien combates!

Y es en medio de estos entusiasmos patrióticos, cuando don Fermín se apunta al grupo de los de los «29» abriles, que, con Toreno, formaron después, siguiendo su estela, Braulio Vigón, también en «La Ilustración»; Melquíades Cabal, en «La Sanidad en la Guerra de la Independencia»; D. Calixto de Rato y Roces, en su «Gijón», de la monumental «Asturias», de Bellmunt y el mismo Canella; o don Máximo Fuertes Acevedo, en las «Noticias biográficas del autor», fechadas en Oviedo el 1 de enero de 1889, que abren el volumen de las «Memorias del Levantamiento de Asturias en 1808», de don Ramón Álvarez Valdés, que volvió a ver la luz en 1988, dentro de la «Biblioteca Histórica Asturiana», que para su honra coordinó siendo el mejor «monumento» que dejó el VI Centenario de la institución del Principado de Asturias, don Javier Rodríguez, pulcro cuanto modesto en todas sus cosas; y lo hizo don Fermín escribiendo lo siguiente:

«Compuesta la Audiencia de paniaguados del favorito Godoy, estaba siguiendo la causa de los que en 29 del pasado abril apedrearon la casa del cónsul francés en Gijón, Mr. Dagonnier»...

Justiniano García Prado, prudente y sabio catedrático del Real Instituto Jovellanos, en su meritoria «Historia del Alzamiento, Guerra y Revolución de Asturias», que en 1953 editó el IDEA -antes de que la docta institución se adornara con corona y R de realeza-, en lo de fijar el día de la «primera explosión», jugó a ganador y colocado: «El primer incidente, dice el profesor, que se produjo en Asturias contra los franceses tuvo lugar el 27 o 29 de abril de 1808 en Gijón». El también profesor y gijonés, con plaza en León, Francisco Carantoña Álvarez, en «La Guerra de la Independencia en Asturias», se refiere a las dos fechas de abril, pero, en la «Cronología» que remata la obra, opta por señalar para el «suceso» la del 5 de mayo de 1808.

Quien no anduvo con prudencia ni tiquismiquis a la hora de fijar «día» para la «explosión» o primer «chispazo», fue nuestra convecina, la intrépida señorita doña Carmen Menéndez Manjón, para todos los gijoneses de su tiempo, «Carmina Manjón» a secas, que si no fue la primera «abogada» gijonesa -cuyo título conquistó en 1931 la señorita Maruja García Argüelles Gómez, que a los 19 años abrió bufete en Zaragoza-, sí fue la primera en incorporarse al Ilustre Colegio de la villa, y, tengo para mí, que también fue la primera dama gijonesa que tomó asiento en los, casi siempre, incómodos sillones del Consistorio gijonés, donde tanto han sufrido otras señoras: anteayer, Laura Sampedro, que cambió, para honra y gloria de Gijón, la política por la investigación de su historia; y en los que, durante los últimos cuatro años, por mor de la señora del Pardo Poder, alcanzaron la palma del martirio las beneméritas ediles Luisa Peláez, la abuela más «galana» y la concejala más cariñosa de la villa, y Lucía Ezquerra, fina política, popular, alegre, chispeante, docta; libre siempre, como su llamativa cabellera.

Carmina Manjón, nuestra primera concejala, aportó al II Congreso Histórico Internacional de la Guerra de la Independencia, celebrado en Zaragoza, una curiosa ponencia: «Gijón en la Guerra de la Independencia», que editó en 1965 como separata del volumen II de los Estudios, y en la que, entre otras notables inexactitudes, sienta:

«Es de Gijón de donde parte el primer chispazo... El cónsul francés en nuestra villa, M. Dagnier censura públicamente el mal gobierno de los Borbones y canta las virtudes de Napoleón y los suyos. El 23 de abril de 1808 -continúa-, llega a arriar (?) desde sus balcones a la calle, impresos injuriosos contra la dinastía Borbón y proclamas en las que sin rebozo se aclama por Rey de España a José Bonaparte». 23 de abril que ella, valientemente, sostuvo, como tantas otras cosas, con solitario convencimiento.

Como el tema no se ha agotado hoy, ni mucho menos, les invito a seguir rebuscando en el baúl de los recuerdos gijoneses.