INFRALEVES

Las representaciones de El caso Makrópulos, la quinta y penúltima ópera del gran compositor moravo Leos Janacek (1854-1928), estrenada en 1926, que han podido verse entre abril y mayo en el Teatro de la Bastilla de París, constituyen un gran acontecimiento cultural. En pocas ocasiones, la ópera, como síntesis e integración de diversas disciplinas expresivas, alcanza un resultado tan intenso. Es, además, una coproducción de la Opera de París y nuestro Teatro Real, donde podrá verse a partir del próximo 16 de junio.

El caso Makrópulos se basa en la pieza teatral del mismo título del gran escritor checo Karel Capek (1890-1938). Autor de R.U.R. (1921), escrita en colaboración con su hermano Josef: una fantasía crítica sobre la deshumanización del maquinismo y en la que introdujeron el término robot (trabajo, en checo) en su sentido actual, en El caso Makrópulos (1922). Capek plantea una densa interrogación vital y filosófica sobre la inmortalidad. El personaje central, Emilia Marty, ha vivido más de 300 años gracias a un elixir de la longevidad que su padre médico le hizo ingerir de joven. Cuando los años pasan, y la gente a su alrededor muere, se ve forzada a ir de un sitio a otro, aunque conservando siempre las iniciales E. M. de su nombre griego original: Elina Makrópulos, en los sucesivos nombres que va adoptando. Emilia, o Elina, que desata una atracción irresistible en los hombres, es un ser solitario, gélido, incapaz ya, tras el paso de los años, de sentir la pasión o la ternura. El drama nos muestra cómo esa inmortalidad que los hombres tanto anhelan, puede acabar como una condena.

Janacek se sintió tan fascinado por la obra, que él mismo preparó el libreto de la ópera. A ello no fue ajeno su amor platónico y atormentado por una mujer: Kamila Stösslova, a quien había conocido en 1918, y a la que sacaba casi 40 años. A pesar de la gran belleza de la música, El caso Makrópulos ha encontrado durante mucho tiempo bastantes dificultades para formar parte del repertorio habitual por el carácter supuestamente abstruso de su trama, que se desarrolla en despachos e interiores y con «poca» acción. Y es aquí: en el montaje revolucionario, con una sensacional puesta en escena del polaco Krzysztof Warlikowski, en la intensidad de la dirección musical del joven maestro checo Tomas Hanus, y en el acierto en la elección de los cantantes/actores, entre los que destaca como protagonista la soprano alemana Angela Denoke, donde esta nueva producción se revela como una de las óperas más importantes en la historia del género.

Emilia/Elina aparece caracterizada como Marilyn Monroe: la ópera habla con el cine, con imágenes filmadas de Marilyn, que sigue igual de joven y bella. Otros referentes fílmicos dialogan también con la música y el drama: El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950), de Billy Wilder, King Kong (1933)... Bellas y monstruos, siempre jóvenes, incapaces de morir, a diferencia del resto de los humanos. Inmortales en el tiempo en el que los dioses han muerto. La música celestial de Janacek. Fascinante.

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