EL APUNTE
Si la parte más negativa de la campaña fue la abstención, el nuevo fenómeno político tiene un nombre: Xavier Trias. El líder municipal de CiU se ha convertido, en sí mismo, en un nuevo activo de su partido. Ni David Madí, ni Felip Puig, ni Oriol Pujol. Ninguno de ellos es válido. Sólo cuenta la autenticidad de Trias, su imperfección, ese estilo tan personal de dirigirse a la gente, tan alejado del político reconocido, del corriente que dejó de estar de moda. Siempre pensé que Xavier Trias albergaba esas cosas naturales que uno busca en un alto dirigente. Escribí que el viejo profesor Tierno Galván, al gritar «al loro y a pasárselo bien» en el inicio de un concierto de Fiesta Mayor en Madrid, plantó la mejor semilla para concretar un político. La de la felicidad y el buen rollo. Trias es algo parecido. No es del mismo estilo, ni tiene las mismas formas. Pero su familiaridad muestra el camino a seguir por los políticos del siglo XXI. Funcionan los que son cercanos, los que hablan como si fueran el vecino del quinto. No es cuestión de bajar el nivel. Tener la cualidad de la cercanía no es fácil y sólo los preparados salen del atolladero.
alex.salmon@elmundo.es
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