Una playa, El Aguilar. Una atalaya muy cercana, el mirador del Espíritu Santo. Un rincón al que quiero con locura a orillas del Narcea, el puente de Lanio. Tertulia vespertina en San Esteban de Pravia, con Xuan Cándano. Tertulia nocturna prolongada en Grao, con Plácido Menéndez Arango. Tema central en esas horas que van desde la jornada de reflexión al día de la cita con las urnas, las elecciones autonómicas y municipales, principalmente en Asturias. Expectativas puestas en que en Muros de Nalón sea decisiva la candidatura ciudadana que le hace frente al poder establecido. A la espera de lo que vaya a suceder en Oviedo con la lista que encabeza Rivi.
Llega el día de las elecciones. Los primeros datos de participación apuntan que la ciudadanía astur se abstiene más que en anteriores convocatorias. Cuando escribo este artículo, los datos, con un 80% de los votos escrutados, no hacen más que confirmar el inmovilismo político en Asturias. Si la inmensa mayoría de los alcaldes vuelven a encabezar las respectivas candidaturas y si los dos grandes partidos mantienen a sus cabezas de lista, el electorado, además de bajar su participación, se decanta por mantener en sus puestos a casi todos. Las urnas no hacen más que confirmar el inmovilismo político en que vivimos.
Resultados sin sorpresas. A lo largo de la tarde, mientras esperaba las informaciones oficiales, me preguntaba cuántas uñas se estarían mordiendo, cuántos paseos hacia ninguna parte se estaban dando, cuánto nerviosismo habría entre profesionales de la política y virtuosos del servilismo en espera de que el recuento los mantuviese en sus poltronas o en sus puestos digitales. También estarían viviendo su zozobra los aspirantes a lo uno y a lo otro. Aquí no es preciso que todo cambie para que todo siga igual. Aquí seguimos como estábamos sin confrontación alguna entre apariencia y realidad.
Déjenme que les confiese que esta jornada, en lo que a las informaciones se refiere, me ha dado muy pocas alegrías. Celebro el triunfo de Rivi en Oviedo en tanto significa que los ciudadanos a veces desoyen los postulados de los partidos en los que militan, o con los que simpatizan. Al tiempo que tengo esta satisfacción en detrimento de la autoproclamada izquierda plural y transformadora, lamento muy de veras que en el Ayuntamiento de Salas, IU no haya obtenido al menos dos ediles, aunque el cabeza de lista formará parte del Consistorio.
¿Y ahora? El PP tendrá que convencerse de que el techo electoral de Ovidio Sánchez no da más de sí. El PSOE se verá obligado a percatarse de que, si con tanta obra en marcha, si con tanto cemento, si con tanta televisión oficial, etcétera, no aumenta sus diferencias con el PP, será que algo está fallando de manera inquietante. Por su parte, IU, tras los últimos espectáculos que nos brindó, debería preguntarse cómo es posible que, tras haber pasado por el Gobierno, su labor no se ha visto claramente recompensada en votos. Quizás están sobrados de viajes y de agitación y propaganda, al tiempo que faltos de políticas que convenzan de verdad a la ciudadanía.
Los partidos que se definen asturianistas han vuelto a quedar fuera del Parlamento. No estaría de más una autocrítica, máxime cuando parece indiscutible que su presencia en las instituciones sería, como mínimo, conveniente.
Menos de un año queda para las elecciones generales. El 2008, con sus grandes efemérides en Asturias llama a la puerta. Y la reforma del Estatuto está en la agenda política. ¿Cómo se puede acometer esto desde el inmovilismo que acaba de ser certificado? Los augurios no parecen muy favorables.
Ya es 28 de mayo. En Lanio reina el silencio. Cuando los gallos canten al amanecer, una página de la historia política astur más reciente se habrá movido. Me pregunto cómo amanecerá el gallinero de la pintora salense Celsa Díaz, cuyas crónicas nos llegan cada semana a este periódico. Seguro que tienen cosas importantes que cacarearnos.
En todo caso, lo más inquietante de este inmovilismo que nos cierne y nos concierne es el clientelismo que se va consolidando y enrocando con el marasmo que nos circunda.
La Asturias más viva, la menos oficial, tiene un largo y duro camino por delante.
No obstante, algunos caminamos sin la mano extendida, sin la baba cayendo.
El resultado de las urnas está ahí. Nuestra insatisfacción, también. Asturias se merece otra cosa.
Invito al lector a que se pregunte si el futuro inmediato de nuestras costas, de nuestro campo, de nuestra industria y de nuestra cultura está en buenas manos.
Pierde Ovidio. Obtiene una pírrica victoria Areces. IU no sale triunfante tras su paso por el Gobierno.
De otro lado, las amenazas a lo mejor que tenemos, a nuestras costas, a nuestros ríos, a nuestra historia, siguen ahí. En nada han remitido.
Lo único que promete seguir en movimiento es la hormigonera.
¿Con eso basta?

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