Speaker's corner
Puede que la jornada de reflexión sea el único día en el que nuestros políticos nos dejan tranquilos. Habría que exigir como mínimo un año entero de reflexión y concienciarnos, los que estamos en esto de la comunicación mediática, para desplazar el foco hacia otras realidades y otros protagonistas porque de la cantera de los políticos, la verdad, salen unas estrellas bastante indeseables y nada glamourosas. Como star system la política es de lo más cutre y el protagonismo que concedemos a esas gentes que sólo viven para el poder, y se les nota en las caras, es una de las peores herencias de la Transición, cuando todo esto nos parecía novedoso y excitante. En una democracia avanzada los políticos deberían ser considerados como lo que son, funcionarios más o menos ambiciosos que están al servicio del interés colectivo y a los que votamos o no en función de nuestros intereses, no de los suyos. Así que, en la recta final de la campaña, esta semana fui a desintoxicarme del veneno de la política viendo actuar de nuevo a la micropoetisa Ajo y al músico multinstrumentista Mastretta en su 63º Striptease Cardiovascular, que dieron el martes en la Sala Clamores con unas tablas, un poderío, una inteligencia, un talento y una gracia que para sí quisieran los políticos. El jueves me había invitado Meye Ortiz al Círculo de Bellas Artes donde se entregaron, en el transcurso de una cena, los premios de fotografía Purificación García, que ya van por la quinta convocatoria. Soy incapaz de recordar los nombres de los ganadores pero sí les puedo decir quiénes los entregaron, que es lo que importa en la prensa de hoy. La mención especial la entregó el actor Rubén Ochandiano. El tercer premio, Antonio Carmona. El primero, Rosa Regàs. Del segundo sí me acuerdo porque lo dio Juan Diego, que habló, con esa voz engolada que ponen los grandes actores, entre toses efectistas y titubeos fingidos, de un pariente suyo que parecía un gorila. En efecto, la foto premiada era la imagen de un gorila y su autora es Amparo Garrido. Me quedé con el nombre porque se apellida igual que mi amiga Lola Garrido, especialista en fotografía y gran coleccionista, que este año formaba parte del jurado. La vi preocupada por los éxitos profesionales que últimamente está cosechando. Me lo dijo citando a Oteiza: «A ver si ahora este éxito me va a fastidiar toda una vida de fracasos». Y sus palabras, en jornada reflexiva, me llevan a desear que mañana en las elecciones gane el peor.
© Mundinteractivos, S.A.

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