Sergio Vila-Sanjuán hace muy bien las cosas. De casta periodística le viene. Una buena muestra es su Guia de la Fira de Frankfurt per a Catalans no del tot informats, que resulta un gran trabajo de europeísmo cultural, merecedor de un amplio comentario, pues, entre otras cosas, reconoce el alto nivel cultural alcanzado por la intelectualidad de este país en su doble faceta identitaria.

Otra muestra aún más reciente del olfato y sensibilidad de Vila-Sanjuán es el último número del suplemento de Cultura´s, que dedica sus primeras planas al más veterano de nuestros columnistas cotidianos, Baltasar Porcel, que celebra su septuagésimo cumpleaños y su victorioso combate sobre un inoportuno tumor que se le cruzó en el camino hacia una gloria ganada a pulso. Julià Guillamon nos regala con un espléndido retrato íntimo del polifacético escritor y periodista mallorquín y su prolífica obra. Aproximación interiorista que revela la compleja personalidad del personaje.

Rasgos de inteligencia y talento que, en buena medida, fueron descubriendo los lectores de la mejor época de Destino,su primera rampa de lanzamiento. Curiosidad sin límites, trabajador e investigador tenaz con hambre de cultura, entrevistador perspicaz sólidamente enraizado en la historia y geografía balear y mediterránea, novelista multilaureado, catalanista innato con vocación universal que pronto satisfaría al afincarse en Barcelona y trotando por el ancho mundo.

Fue en Madrid, en los años sesenta, donde me percaté de la fortaleza y la dimensión intelectual que han movido y madurado a Baltasar Porcel. Lo vi a través del impacto que le produjo a mi viejo amigo y guía de la capital y corte, Miguel Pérez Ferrero, el que fue director de las páginas literarias de El Heraldo de Madrid,en los años 30, amigo de los Ortega, Marañón, Machado, Pérez de Ayala, Pío Baroja y un largo etcétera.

Siempre sincero, Porcel no le niega a Julià Guillamon su propio egocentrismo. "Me obsesiona mi personalidad, mi vida". Loable confesión de un escritor que se interesa por todo el ser humano, empezando por sí mismo, lo que uno tiene más a su alcance. Pero le conozco otros méritos: su entrega a la colectividad catalana e hispánica. Jordi Pujol la supo adivinar y calibrar. Pocos habrán hecho tanto por dar a conocer la personalidad cultural de Catalunya entre la elite de la intelectualidad europea y universal.

Pocos como Baltasar trabajaron tanto, en colaboración con M. Àngels Roque, en la difusión de la mediterraneidad. Se lo reconocen algunos de los más sabios y autorizados tratadistas planetarios. "Lleva el Mediterráneo en la sangre, a la vez como pasión y como misión", escribe Ben Jelloun. Porcel es lo que llaman un ganador, un winner,en tierras californianas. Las que evangelizó su genial paisano Junípero Serra. A fuerza, claro, de enormes dosis de espíritu y voluntad. Y esto les consta incluso en las frías aguas del Báltico y en la patria del neurocirujano Olivecrona. Enhorabuena, dilecto amigo y compañero.